Otro ejemplo de lo sagrado en la ciencia ficción
Ray Bradbury lo sabe y nos lo dice en El Mesías: en el corazón de muchos jóvenes existe un sueño especial. “No hay niño cristiano que no se pregunte alguna noche: ¿seré Él? ¿No será ésta al fin la Segunda Venida, y yo no seré Él? Dios mío, ¿y si yo fuera Jesús? ¡Qué maravilloso!”.
Éste es el tema del que conversan en Marte algunos sacerdotes, pastores y un rabino. Sin embargo el padre Niven jamás deseó ser Jesucristo, él tenía otro deseo: “Sólo quería, con todo mi corazón, conocerlo. Desde los ocho años siempre pensé en eso. Quizá sea el principal motivo por el que me hice sacerdote”.
Ninguno de los presentes lo sabía, ni en sus más locos sueños lo hubiesen podido imaginar. Esa noche no sería una más... al menos no para el padre Niven.
“Llegó la medianoche y luego la una y las dos, y a las tres de la fría y profunda mañana de Marte el padre Niven se movió en sueños”. Algunos ruidos roban la tranquilidad del padre, quien se levanta y baja a la iglesia a revisar que todo esté en orden... Gotas de agua cayendo lo asustan... algún líquido caía en la pila bautismal.
Niven comienza a sudar. Una forma. Una figura hace que el padre se sienta fascinado y aterrorizado al mismo tiempo. Encuentra una explicación al sonido que instantes atrás lo había inquietado: una de las manos de aquella inesperada visita muestra una herida y la sangre cae a la pila bautismal.
“Como si hubiera recibido un golpe terrible, sofocando un grito, el sacerdote cayó de rodillas, en parte por la desesperación y en parte por la revelación, tapándose los ojos con una mano y rechazando la visión con la otra... Era como si un espantoso dentista le hubiera puesto un narcótico y de un solo tirón le hubiese arrancado, sangrando, el alma del cuerpo. Sentía que le tiraban de la vida y las raíces. Ay Dios, eran... ¡profundas!”.
Aquel visitante no es un desconocido para el padre: “Esos ojos extraños y hermosos y profundos y penetrantes, y la dulzura de la boca y la palidez enmarcada por los rizos sueltos de pelo y de barba eran como tenían que ser. El Hombre iba vestido con la sencillez de ropas que era natural en las costas y en el desierto de Galilea”.
La Segunda Venida sucede al fin. Jesucristo no se ha olvidado del ser humano... y se presenta en el planeta rojo.
-“Ahora que estás aquí, Dios mío querido, después de tantos años, de tantos sueños, no puedo perderte. Es pedirme demasiado, ¿no te das cuenta? ¡Dos mil años, toda una raza esperando tu regreso! Y soy yo el que te encuentra, el que te ve...
-“Sólo encuentras tu propio sueño. Sólo ves tu propia necesidad. Detrás de todo esto –la figura se tocó las ropas y el pecho– soy otra cosa”.
Y el padre Niven va dándose cuenta de la verdad.
El día anterior, los noticiarios lo habían informado: “Según el rumor cerca del pueblo. Éste es el primer marciano del que se informa en nuestra comunidad en lo que va del año. Se recomienda a los ciudadanos respetar a este visitante”.
Cuando la humanidad comienza a colonizar el planeta rojo, los habitantes de Marte simplemente se retiran. Los marcianos poseen poderes telepáticos y habilidades hipnóticas que les permiten andar por los pueblos engañando con máscaras y visiones a los habitantes.
Después de este episodio, la vida del padre Niven se transforma por completo. Y de alguna forma, también la del marciano.
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