¿Cómo no gozar pensando en ti?
Mi mente no puede sino deleitarse con tu imagen.
Baja de la cruz y déjame lamer tus heridas. Quiero tener el honor de limpiar tu cuerpo.
¿Qué podría en este mundo ser más placentero que el dulce y embriagante calor de tu desnudez? Nada como imaginar tus delicadas manos recorriendo esta piel que no es digna de ti.
Tan sólo pretendo aliviar tu dolor y que juntos experimentemos el terrible éxtasis de dos cuerpos que se encuentran, que se funden.
Señor Jesucristo, mi boca tiene sed de ti. Acerca tus labios a los míos y apaga este fuego que me consume.
Ten piedad y posa tu mirada en tu humilde siervo. Imposible para mi cuerpo es que tu indescriptible belleza pase desapercibida. Verte, no, imaginarte tan sólo, produce un efecto inmediato.
Sudor.
Humedad.
Secreciones varias.
Ardor incontrolable.
Listo estoy para servirte, para albergarte dentro de mí. Complacer a mi amo es el único deseo que hay en mi corazón.
Dueño mío, ven pronto al lecho de mi modesto hogar.
Prometo trabajar sin descanso para que te sientas satisfecho, para que después de la tensión venga el punto culminante que te haga sentir relajado.
Te suplico que permitas, aunque nunca haya hecho méritos suficientes, que reciba en mi boca el fluido bendito producto de tu clímax.
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