Saturday, June 12, 2010

Cayó en mis manos...

Me encanta husmear en fanzines y revistas, así que comienzo una nueva sección dedicada a hablar de ellas. ¿Qué material extraño, extraordinario o genial he encontrado? De eso precisamente escribiré.

Y como la ciencia ficción es la neta del planeta, una de las cosas más chingonas que existen, pues comienzo esta sección comentando el número 4149 de Revista de revistas.



Como se ve en la imagen, el número lo dedicaron a la ciencia ficción. Salió a la venta el 4 de agosto de 1989, yo no lo compré ese año, en realidad cayó en mis manos allá por el 2008 (bueno, el año no importa), lo encontré en el bazar que se pone a las afueras del metro Balderas, a un costado de la Biblioteca José Vasconcelos; en dicho bazar venden libros, discos, fotografías, cómics y revistas atrasadas, o sea, tesoros de todo tipo.

Esta revista (fundada en 1910 y que ya no se publica) abría con caricatura política, tenían una sección llamada "Horroróscopo", en ésta se hacían breves comentarios sobre los acontecimientos políticos y socales del momento (tengo entendido que al principio sí se publicaban horóscopos, pero el periodista Mario Méndez Acosta -colaborador de la misma, como veremos- afirmó que una revista seria no podía publicar semejantes tonterías, así que se modificó de la forma señalada), Mario Méndez Acosta (uno de los periodistas con mayor cultura y claridad mental de los que conozco y al que tuve el placer de entrevistar hace unos ayeres -la entrevista puede leerse aquí-) tenía una sección llamada "La historia según boletines", donde, de forma humorística y a manera de noticia reciente comentaba algún episodio de la historia, también publicaban notas y análisis sobre la situación del país. Cada número trataban un tema en especial.

Este número lo abrió Raúl Gómez Miguel con un texto dedicado a Edgar Allan Poe, Alfredo Cardona Peña publicó parte de una entrevista que le hizo a Ray Bradbury, Mario Méndez Acosta escribió sobre el sexo en la ciencia ficción, Luz de Lourdes Calzada colaboró con una lista de escritoras de ficción científica, Sergio Berlioz publicó un texto sobre la ciencia ficción y la música, Ivette Estrada escribió sobre el Premio Puebla de Ciencia Ficción (sobre el primer ganador -Mauricio José Schwarz- escribí aquí, al año siguiente el Puebla fue para Héctor Chavarría, a quien también tengo el placer de conocer, una entrevista que le hice puede leerse aquí, sobre la primera mujer en obtener este premio escribí aquí), finalmente Federico Schaffler nos informaba de la filmografía más o menos básica.

Transcribo algo de lo que Alfredo Cardona Peña y Ray Bradbury platicaron:

-¿Cree usted que se debe usar un lenguaje tecnológico? -Pregunta Cardona Peña.
-No lo creo.
-¿Se necesita, entonces, más imaginación que terminología?
-Más imaginación, desde luego.
-¿Y la poesía?
-La poesía nunca debe faltar. Pero, sobre todo, deben interesar las ideas y luego un mensaje constructivo. En otras palabras, debemos preguntarnos: "¿Qué hacemos con las máquinas?" Si una máquina nos presenta la tentación de hacer el mal, debemos pensar la manera de volver a construir esa máquina para que nos presente la tentación de hacer el bien.
-¿Qué fue lo primero que usted escribió?
-Un relato titulado Los señores de la guerra de Marte, siguiendo el estilo de Edgar Rice Burroughs, creador de Tarzán.
-¿Qué edad tenía usted?
-Doce años.
-¿Le ha interesado la literatura infantil en el terreno de la ciencia ficción?
-Mucho. He descubierto que, sin darme cuenta, lo que he estado escribiendo ha sido literatura para niños. Así es que ahora llegan a pedirme autógrafos filósofos de once años y muchachitos de noventa.

Mario Méndez Acosta dedicó su sección La historia según boletines a Julio Verne.



NANTES, Fr., 1838. Las autoridades del liceo elemental de esta ciudad han convocado de urgencia a los padres del pequeño Julio Verne, alumno del tercer año de la escuela primaria, quien ha causado gran alarma entre sus maestros y compañeritos a causa de los enfermizos excesos de su desbordada imaginación y alarmante mitomanía.
Así, el joven Verne les ha imbuido a sus condiscípulos nociones fantásticas y dañinas como la de que el ser humano podrá algún día volar por los aires a voluntad, a bordo de máquinas infernales y absurdas.
También ha asegurado este muchacho que los viajes a la Luna se convertirán en recorridos rutinarios, efectuados en enormes naves espaciales, donde los pasajeros podrán reservar un cómodo camarote para cruzar el vacío con toda comodidad.
El loquito Verne ha manifestado a sus profesores que, algun dìa, portentosas naves submarinas recorrerán los océanos por debajo de su superficie y ¡hasta alcanzarán el Polo Norte, navegando bajo los hielos del Artico!
Ante esta lamentable situación, se ha convocado a una junta de sicólogos, pedagogos y preceptores espirituales para determinar qué hacer con el joven embustero.
Se ha propuesto, por lo pronto, recluirlo en una institución de enseñanza especial hasta que deje de ser objeto de esos extraños paroxismos y delirios. En este lugar, se le aislará de todo estímulo externo y se le proporcionará una dieta reducida, para adormecer su enfermiza imaginación hasta que se transforme en un jovencito común y corriente, sin malas inclinaciones, de provecho para la sociedad y que ya no ande por allí diseminando ideas desquiciantes entre sus compañeritos de juego.

P.D. Verne tuvo que aprender a callarse la boca y a guardar sus visiones hasta llegar a la edad adulta.

Sobre el texto de Méndez Acosta acerca del sexo en la ciencia ficción comentaré en otra entrada.

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