Un joven de belleza extraordinaria
Estoy escribiendo una novela corta protagonizada por un ángel llamado Cármides. Se trata de un ángel de enorme belleza. Cármides tiene la costumbre de burlarse de los dioses, por ello es que éstos lo castigan mandándolo a la Tierra sin sus recuerdos y sin sus alas (alas oscuras, por cierto). Así, el ángel ignora su verdadera naturaleza y cree que es un ser humano. Para mala suerte de los dioses, Cármides conoce a Onésimo Dutalon, quien ha inventado una máquina voladora. Mi novela no transcurre en una determinada época, pero la máquina de Dutalon es la primera en toda la historia que puede transportar a los seres humanos por los aires; el científico (o filósofo de la naturaleza) la inventa después de estudiar física newtoniana. Dutalon adopta como nieto al ángel que ignora que es un ángel y termina regalándole la máquina. Así, Cármides logra llegar a la Luna y ahí conoce a un ángel llamado Ulises, quien termina convirtiéndose en su novio. Juntos se enfrentarán a los dioses. Un framento de esta historia puede leerse aquí. Bueno, Dutalon es el protagonista de una historia de ciencia ficción escrita en 1775: las Sizigias y cuadraturas lunares. Me estoy tomando la libertad de usarlo como personaje de mi historia. De eso escribí aquí y aquí.
Pero ¿por qué decidí que el protagonista se llamara Cármides? Por un personaje de Platón.
En el diálogo llamado Cármides se reflexiona sobre la sensatez. Pero antes de ir a ese diálogo, veamos algo sobre el Sócrates platónico.
El arte de partear
¿Cuál es el arte de Sócrates? Dicho arte consiste en hacer preguntas con diferentes intenciones: por un lado trata de que el interlocutor aclare lo más posible su postura (“ayudar a dar a luz”), y por otro, una vez que se ha llegado a una definición completa, trata de encontrar posibles contradicciones (analizar si la idea es fecunda o vacía). Entonces las preguntas de Sócrates nada tienen de inocentes, lleva a su interlocutor u opositor a admitir que sostiene ideas absurdas o contradictorias. Mediante este arte de partear Sócrates (o Platón) analiza una teoría o idea independientemente de quién la proponga. Si después de hacer la investigación no se logra llegar a conclusiones definitivas o satisfactorias, al menos es posible decir que se llega a conclusiones negativas (tal tesis es falsa, la otra está equivocada). Pero aunque se llegaran a encontrar respuestas satisfactorias, éstas serían relativas, no podría descartarse la posibilidad de que en un futuro pudieran demostrarse falsas.
Mencioné la palabra investigación porque eso es lo que Platón hace en sus diálogos. En éstos Sócrates afirma nada saber acerca de las cuestiones que plantea, y por ello no suele dar respuestas a ellas. En La República, por ejemplo, Trasímaco le reprocha esto: “no te limites a preguntar y a refutar ufanamente cuando se contesta, bien persuadido de que es más fácil preguntar que contestar; antes bien, contesta tú mismo y di qué es lo que entiendes por...”. Trasímaco está molesto por la forma en que procede Sócrates: no responder, dejar que otro responda, hacerle preguntas, encontrar contradicciones, y entonces refutarlo. Sócrates, con la ironía que le caracterizaba, responde: “¿Pero ¿cómo podría yo contestar, ¡oh, el mejor de los hombres!, quien primeramente no sabe nada, y así lo confiesa...”. Mediante su método de investigación intenta pasar de la ignorancia al conocimiento.
El método de Sócrates es la dialéctica. Este método consiste en el intercambio de opiniones, se trata de que los diferentes personajes vayan examinando las ideas, es decir, se trata de un diálogo. En los diálogos platónicos Sócrates trata de exponer las tesis de sus adversarios de forma justa. Es así porque –como dijimos- es una investigación, se trata presentar de manera adecuada las diferentes ideas, no de ridiculizar la postura del oponente y presumir de haberlo refutado (lo cual no tendría la mayor importancia o trascendencia). No es necesario que intervengan dos o más personas para practicar este método, el método puede ser un diálogo del alma consigo misma (y esto es pensar). Ahora vayamos al diálogo en el que aparece Cármides.
¿En qué consiste la sensatez?
Después de mucho tiempo, Sócrates regresa a Atenas y se dirige al sitio en el que los jóvenes se reunían para realizar ejercicios físicos. Se encuentra con Critias, primo de la madre de Platón. Sócrates se interesa en los asuntos de la ciudad:
“Cuando ya teníamos bastante de todo esto, le pregunté yo, a mi vez, por las cosas de aquí: qué tal le iba ahora a la filosofía, cómo andaba la juventud y si se distinguía alguno por su saber o su hermosura, o por ambas cosas.”
En eso, entran al lugar varios jóvenes y Critias dice que son admiradores del joven más bello. Sócrates pregunta por la identidad del bello jovencito. Critias le dice: “Es Cármides, el hijo de nuestro tío Glaucón, primo mío, pues.” Sócrates responde: “Claro que le conozco. Ya entonces no hacía mala impresión, ¡y eso que era un niño! ¡Con que ahora debe ser todo un mozo!” “Ya verás cómo se ha puesto.”, dice Critias.
Sócrates dice no tener la capacidad de distinguir de entre los jóvenes a los más bellos, pues casi todos los adolescentes le parecen hermosos. A pesar de ello, en cuanto ve a Cármides reconoce que sobresale de sus compañeros: “Ahora bien, realmente, éste me pareció maravilloso, por su estatura y su prestancia. Y tuve la impresión de que todos los otros estaban enamorados de él.”
Varios jóvenes iban siguiendo a Cármides, y en cuanto llegó, todos los presentes voltearon a verlo, “como si fuera la imagen de un dios.”
Querefonte y Sócrates comienzan a platicar:
-¿Qué te parece el muchacho? Sócrates, ¿no tiene un hermoso rostro?
-Extraordinario, le contesté.
-Por cierto que, si quisiera desnudarse, ya no te parecería hermoso de rostro. ¡Tan perfecta y bella es su figura!
Todos los otros estuvieron de acuerdo con Querefonte. Posteriormente le aseguran a Sócrates que Cármides es bello por fuera y por dentro. De forma que deciden dialogar con él. Le dicen al bello joven que Sócrates es un médico y que puede ayudarle a solucionar una dolencia que le aquejaba. ¿Qué sucede cuando Cármides se acerca? El Sócrates platónico cuenta:
Cármides se aproximó y fue motivo de regocijo, pues cada uno de nosotros, de los que estábamos sentados, cediendo el sitio, empujaba presuroso al vecino, para que él, Cármides, se sentase a su vera. Y al final, de los que estaban a los extremos, el uno tuvo que levantarse y al otro le hicimos caer de costado. Entretanto, él, en llegando, se vino a sentar entre Critias y yo. Entonces ocurrió, querido amigo, que me encontré como sin salida, tambaleándose mi antiguo aplomo; ese aplomo que, en otra ocasión, me habría llevado a hacerle hablar fácilmente.
¿Por qué resalto estas últimas palabras? Recordemos lo dicho más arriba: que en los diálogos platónicos Sócrates es el personaje que domina las conversaciones, ya que siempre se encuentra practicando su arte de partear. Y vemos que la belleza de Cármides le hace sentirse nervioso.
Antes de poder comenzar con sus acostumbrada forma de interrogar a sus interlocutores, Sócrates anota que Cármides lo mira y “entonces, noble amigo, intuí lo que había dentro del manto y me sentí arder y estaba como fuera de mí, y pensé que Cidias sabía mucho en cosas de amor, cuando, refiriéndose a un joven hermoso, aconseja a otro que ‘si un cervatillo llega frente a un león, ha de cuidar de no ser hecho pedazos’. Como si fuera yo mismo el que estuvo en las garras de esa fiera, cuando me preguntó si sabía del remedio para la cabeza, a duras penas le pude responder que lo sabía.”
Cuando ya se encuentran dialogando, se comenta una de las características de Cármides: la sensatez. “Entonces se ruborizó Cármides, y todavía parecía más hermoso, pues la modestia iba bien con su edad.”
Sócrates le pregunta directamente al joven sobre ese punto, a lo que éste responde que no puede decirlo, ya que si dice que efectivamente posee sensatez, estaría hablando bien de sí mismo, lo cual estaría fuera de lugar; y si dice que no tiene esa característica, entonces estaría acusando de embusteros a quienes afirman que sí la posee. Entonces deciden reflexionar acerca de lo que es la sesatez.
Por ello es que decidí que mi personaje se llamara Cármides. El ángel del que estoy escribiendo es sumamente hermoso.
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