Monday, November 30, 2009

Aceptar la propia homosexualidad

En mi mochila guardo un montón de folletos, tarjetas, trípticos y postales sobre diversidad sexual. Todo ese material lo he ido acumulando a lo largo de varios años, ya que acostumbro andar de chismoso en conferencias, mesas redondas y demás actividades que organizan los colectivos lgbt.

Ahora me quiero referir a un material del Centro de Capacitación y Apoyo Sexológico Humanista (CECASH A.C.).

Escribí sobre el CECASH en las entradas que dediqué a las sociedades de convivencia (aquí y aquí). Entre sus proyectos, este centro informa sobre los problemas que enfrentan los homosexuales que llegan creerse el discurso homofóbico (a veces viene a mi mente esta pregunta: ¿por qué hay jóvenes homosexuales que leen gustosamente a Carlos Cuauhtémoc Sánchez?).

En las entradas mencionadas escribí:

El CECASH A.C. argumenta que un homosexual llegará a hacer propio el discurso homofóbico si desde niño escucha frases denigrantes hacia las personas con orientación sexual distinta a la heterosexual, más si dicho discurso va acompañado de golpes e insultos: “Cuando una persona homosexual asume que tiene esos ‘deseos que los demás rechazan’ es probable que busque, en primer lugar ocultarlos, y lego quitárselos. Como no hay ninguna posibilidad de que logre cambiar sus deseos, puede ‘castigarse’ e invertir tiempo y recursos buscando la aceptación de los demás a través de la auto denigración (...) el propósito de esta violencia (la homofobia) es que las personas homosexuales o lesbianas se vean a sí mismas como ‘malas’ y traten de cambiar sus deseos a costa de su propia dignidad y felicidad. Todas las personas que enfrentan sistemáticamente agresiones por su condición sexual resienten daños en su autoestima, en su auto imagen e incluso en su salud emocional. Algunas personas cuentan con mayores elementos para superar o mitigar estos daños. Para otras, la capacidad de superar las situaciones traumáticas y convertirlas en un factor de desarrollo personal, es menor. El factor que más daña es la introyección de la homofobia.”

Asumir como propio el discurso homofóbico afecta la vida en sus diferentes esferas (laboral, familiar, escolar, etc.).

Cuando un homosexual ha asumido que su orientación sexual es incorrecta o mala, puede llegar a tener conductas autodestructivas, ejemplo de ello es el no tener relaciones sexuales de forma responsable y, por tanto, arriesgando su salud. “Por esto, las personas homosexuales que han introyectado la homofobia requieren de apoyo psicológico y grupos de apoyo mutuo.” El CECASH A.C. ofrece este tipo de ayuda.


Un folleto del CECASH se titula “Acepta a tu gente tal como es, acéptate diferente y haz tu propio camino”.

Reproduzco parte de su información (esperando que le sirva a alguien):


Tu vida es una aventura, inició para ti, como para todos los seres humanos que te rodean, cuando cortaron tu cordón umbilical y fuiste separado de tu madre para que pudieras tener tu propia vida y así tu familia pudiera darte cuidados y con ellos sus valores y creencias que absorbiste sin cuestionar.

Fuiste creciendo y continuaste la aventura saliendo de tu casa para ir por primera vez a la escuela donde conociste a otros, y descubriste que eran diferentes a ti y a tu familia. Ahí aprendiste cómo tratar con las diferencias y también experimentaste sensaciones agradables y desagradables como agresiones, solidaridad, amistad, aceptación, aún tus ideas dependían de las de tu familia.

Al llegar a la pubertad, descubriste que tenías gustos diferentes a los de papá y de mamá. Quisiste tu propia ropa y tus amigos, empezaste a pensar por tu cuenta y tuviste ideas propias y esto pudo hacerte sentir miedo de no ser querido porque hubo choques con tu familia. Pero también sentiste gusto por hacerte independiente.

El temor a ser rechazado lo enfrentaste exitosamente si tomaste la decisión de aceptarte a ti mismo, tal como eres, y luego aceptar a tu familia como es, reconociendo sus valores y creencias aunque no las aceptes para tu vida. Es posible que hayas requerido ayuda para lograr aceptarlos y aceptarte.

La adolescencia te abrió muchas posibilidades, tantas que a veces no podías decidir. Te daban miedo las posibles consecuencias y, a veces, experimentaste dentro de ti sentimientos encontrados. Pudiste desear al mismo tiempo irte de pinta y entrar a clases, alejarte de tu familia y que mamá te abrazara.

Uno de los temas que más dudas y deseos contradictorios te creaba era el de tus deseos sexuales. La mayoría de las familias aprendió y nos enseñó a temer el placer sexual y justificarlo sólo con el matrimonio, el amor y los hijos.

Por eso, cuando empezaste a sentir que podías darte placer en tu cuerpo y compartirlo con otras personas y, si encontraste que podías desear a personas diferentes a las que tu familia deseaba para ti, o cuando te enamorabas temías que tu familia no aceptara tus sentimientos y te rechazara, y tuviste que decidir si vivirías de acuerdo a los deseos de tu familia o a lo que tu cuerpo, tus deseos y tu corazón te piden.

Es posible, sin embargo, que aún no logres la aceptación de tu sexualidad porque es diferente a la que tus padres esperaban que tuvieras y ejercieras. Este es tu caso si eres un hombre que ama y tiene sexo con otros hombres o si eres un hombre heterosexual soltero o si fueras una madre que no vive con el padre de su hijo.

Si aún estás tratando de complacer a tu familia, más que los tuyos respecto de con quién y cómo vives tu sexualidad, estás actuando como un niño. También eres un niño si les exiges que te acepten cuando tú mismo te rechazas y los rechazas porque no cumplen tus deseos.

El riesgo más grande que corres es que, tal como un niño que se porta mal, busques castigarte por tener una sexualidad diferente. También puedes castigarte ejerciéndola en condiciones que pongan en riesgo tu vida o tengan costos enormes para tu bienestar.

Las formas de “castigarte” por ejercer tu sexualidad pueden ir desde ocultar tus sentimientos y deseos, y sólo dejarlos salir bajo el efecto de las drogas o el alcohol o tener relaciones con gente que te desprecia y que puede chantajearte o exigirte pagos por estar contigo. También puedes castigarte exponiéndote a extorsiones o pagando altos costos por asistir a sitios de encuentro inseguros o tener relaciones de tipo destructivo y codependiente y teniendo sexo sin cuidarte de infecciones y sin fijarte si la persona tiene un grano, una llaga o una secreción.


El folleto propone la reconciliación con la familia:

Para empezar a aceptar a tu familia te puede ayudar conocer cómo ha sido la historia de ellos:
¿Sabes cómo aprendieron lo que piensan sobre sexualidad? ¿Sabes si la vida les ofreció oportunidades para ser respetuosos con las diferencias o les enseñó a temerlas?

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