Sunday, October 04, 2009

Me encanta la ciencia ficción.

En el choro mareador que puede verse a la izquierda de este blog escribí que me encantaría escribir historias de ciencia ficción con temática homosexual. Lo he logrado sólo en parte: Éxodo, Eros y Cármides. Y en uno de mis textos aparece un personaje bisexual: Marcos 16:15.

Recibí un correo electrónico de Miguel Ángel Fernández Delgado -ex presidente de la Asociación Mexicana de Ciencia Ficción y Fantasía-, en dicho correo se informaba que El Faro de Indios Verdes realizará en noviembre algo que han llamado "24 horas de Ciencia Ficción" y que buscaban interesados en la CF que dieran conferencias, de inmediato me apunté con el tema "diversidad sexual en la ciencia ficción" (pueden ver algunos ensayos al respecto en la sección Entradas por temas), ya anunciaré mi presentación -ya la aceptaron (supuestamente, je), sólo falta que me confirmen la hora-.

Así que puse en el buscador "homosexualidad en la ciencia ficción", y ¿qué encontré? Pues artículos sobre Thomas M. Disch. Es el que aparece en la siguiente imagen:



Reconozco que hasta hoy no sabía quién era este señor. Ya leeré sus obras, lo que encontré es una invitación a hacerlo; por cierto, su imagen me gusta mucho.

Thomas M. Disch: homosexual, ateo, de izquierda y escritor de ciencia ficción...

¡Vaya! ¿Se puede pedir más? (¿Será mi ejemplo a seguir?)

Encontré la siguiente información (transcribo los textos por si los autores deciden eliminarlos):


Thomas M. Disch, la historia de un escritor homosexual de ciencia ficción reflexiva:

El escritor chileno Pedro Lemebel dijo alguna vez que era triplemente marginado: la primera por ser homosexual, la segunda por nacer en un país del tercer mundo, y la tercera por ser escritor. Thomas M. Disch es igualmente tres veces marginado: por ser homosexual, por ser escritor, y por ser un norteamericano de izquierda. Es…, perdón, fue, marginal hasta en su género literario. Se negó a escribir libros comerciales, ferviente crítico de la iglesia, de los gobiernos republicanos y demócratas, de la hipocresía y falsedad de la sociedad estadounidense. Escribió libros de fantasía y ciencia ficción en una época en que no eran nada rentables. No conforme con ello, utilizo la fantasía de sus obras para denunciar injusticias, atacar totalitarismos y ortodoxias en Estados Unidos. Intentó participar en innumerables concursos literarios, calificó en muchas ocasiones. Nunca ganó el suficiente dinero para vivir. Sus obras, a pesar de combinar una enorme erudición, pues fue un gigantesco lector, poseedor de una notable biblioteca, con un estilo pop, ligero, fluido y magistral, así como metáforas bellísimas, frases y párrafos perfectos y elegantes, y personajes de increíble complejidad, resultaban difíciles de comprender y catalogar. Los seres que habitan su obra: a ratos demonios, seres del inframundo, desertores del infierno, íncubos y súcubos, ángeles renegados, violadores, pederastas, prostitutas… Ante la dificultad de catalogar sus libros, los críticos proclamaron recientemente a Disch fundador de un nuevo subgénero: la Ciencia Ficción Reflexiva.

(...)

Ninguno de sus textos fue demasiado exitoso cuando estaba vivo. Con habilidades notorias para el dibujo, Disch se vio obligado a sobrevivir retratando a lápiz a la gente en las calles y los parques. También era un hombre noble, escribió ensayos y columnas a favor de las minorías, las sociedades protectoras de animales y las causas perdidas. Apoyó a candidatos políticos alternativos. En buena parte por ello fueron ignoradas durante mucho tiempo sus obras. Thomas M. Disch fue un buen amante: tuvo la fortuna de encontrar al gran amor de su vida, con quien vivió muchos años. (...) Thomas M. Disch tenía los antebrazos bella y completamente tatuados, era un fanático de los tatús.

(...)

Cuando el gran amor de Disch murió tras una enfermedad crónica que le postraba en la cama desde años atrás, y el escritor norteamericano, pobre, habiendo gastado todos sus ahorros en intentar salvar a su amante, sin dinero, sintiendo que ninguno de sus libros trascendería, tomó la decisión final. Apenas superaba los sesenta años, a últimas fechas ya casi no escribía, triste, decepcionado de los libros, le resultaba imposible encontrar editores interesados en sus obras, sobre todo durante los periodos del presidente Busch. Había intentado emprender una carrera como dibujante y pintor. Se prometió a sí mismo nunca perder la sonrisa a pesar de todo. Fue encontrado en su apartamento, el veredicto fue suicidio. Era Julio de 2009.


De la Wikipedia:

Thomas Michael Disch (2 de febrero de 1940 - 4 de julio de 2008), fue un escritor estadounidense de ciencia ficción y poeta. Ha sido nominado para los premios Hugo y Nebula en multitud de ocasiones.

Disch nació en Des Moines, Iowa. Empezó a publicar en revistas de ciencia ficción en torno a los años 60 y su primera novela, Los genocidas, apareció en 1965. Enseguida se le reconoció como parte de la Nueva ola (New Wave), gracias a sus colaboraciones en New Worlds y otras publicaciones similares. Sus novelas mejor valoradas por la crítica en aquella época fueron Campo de concentración y 334. En los años 80 cambió la ciencia ficción por la novela de terror, firmando títulos como El ejecutivo, entre otros.

En 1999 ganó el premio Hugo para la mejor obra de no ficción por el ensayo The Dreams Our Stuff Is Made Of, así como el premio Locus. Entre sus otros trabajos de no ficción se pueden encontrar críticas de ópera y teatro para el The New York Times, The Nation y otros periódicos. Además, ha publicado numerosos libros de poesía.


En La fraternidad de Babel:

Estoy anonadado. Acabo de enterarme de que Thomas M. Disch murió el pasado cuatro de julio. Causa de la muerte: suicidio.

Esta noticia no aparecerá en los telediarios, ni en los periódicos, ni siquiera en las revistas literarias. A fin de cuentas, ¿quién narices es Thomas Disch? Sé que algunos merodeadores de Babel –el sector especializado- lo conocen muy bien, pero la mayoría no, aunque se trate de personas cultas interesadas por el arte y la literatura. Pero es que Disch es un autor prácticamente desconocido en nuestro país, lo cual no solo es injusto, sino que pone de relieve las graves carencias del mundo cultural español, tan provinciano, tan corto de miras, tan pacato.

Thomas Disch fue uno de los mejores escritores norteamericanos del siglo XX. El problema es que le dio por escribir ciencia ficción y fantasía, algo al parecer imperdonable en el miope mundo de la cultura mainstream. En cierta ocasión, Julián Díez me comentó que, en su opinión, sólo cuatro autores de cf podían competir en igualdad de condiciones con lo mejor de la literatura mundial: J. G. Ballard, Ursula K. Le Guin, Stanislaw Lem y Thomas Disch. Luego añadió a Ray Bradbury. No recuerdo si mencionó también a Philip K. Dick, ni estoy seguro de que la lista sea rigurosa; son todos lo que están, pero quizá no están todos los que son. De los autores citados, tanto Ballard, como Le Guin, Lem, Bradbury y Dick han recibido el reconocimiento de la crítica, o al menos de parte de ella. Sin embargo Disch, sin duda el mejor estilista que ha dado el género, es absolutamente ignorado. ¿Por qué? Resulta difícil responder a esta pregunta. Disch era un autor incorrecto, de ideología izquierdista, homosexual y polifacético. Sus novelas no son fáciles ni sencillas de catalogar; Los genocidas (1965), la primera que publicó, es una historia absolutamente deprimente y Campo de concentración (1968) no le anda a la zaga. 334 (1972) desborda por todos lados las fronteras del género y En alas de la canción (1978, incluida por Harold Bloom en su Canon Occidental) abarca tantos temas, y desde tantas perspectivas diferentes, que no puede ser encasillada.

Disch era un autor minoritario dentro de un género minoritario. Surgió de la New Wave, el movimiento que renovó la ciencia ficción en los sesenta, y la New Wave se extinguió. El mundillo de la cf, ese fandom mayoritariamente infantiloide, le ninguneó. Sus textos mainstream -Clara Reeve (1975) y Neighboring Lives (1981)- no fueron reconocidos por la crítica ni los lectores. El intento de abordar la literatura comercial con Doctor en Medicina (1991) tampoco le condujo a ninguna parte. De hecho, quizá su mayor éxito sea un cuento infantil, The Brave Little Toaster (1986). Con todo, pese a lo mucho que le costaba encontrar editores dispuestos a publicarle, Disch escribió novela, relatos cortos, poesía, ensayo y libretos para ópera. Nada de eso le permitía subsistir decentemente, así que su producción se fue espaciando y, finalmente, dejó de escribir (su última novela, The Sub, apareció en 1999). Al parecer, ahora se dedicaba a la pintura.

Es triste comprobar que el talento no siempre se premia, y deprimente ver cómo autores mediocres, o directamente infumables, venden cientos de miles de ejemplares, mientras que grandísimos escritores como Disch son displicentemente ignorados. De acuerdo, nadie ha dicho que la vida sea justa; pero, ¿por qué narices tiene que ser siempre tan injusta?

Thomas M. Disch se suicidó en su apartamento de New York hace cuatro días. ¿Los motivos? Una severa depresión a causa de la muerte de su pareja, Charles Naylor, y la preocupación por sus problemas económicos y un posible desahucio... Los ateos (él lo era) no podemos recurrir al consuelo de la oración, pero existen muchas formas de rezar. A fin de cuentas, leer no es más que pensar los pensamientos de otra persona, de forma que cuando leemos el texto de un autor fallecido estamos resucitando una parte de su mente. Yo rezaré por Thomas Disch releyendo alguno de sus libros; Campo de concentración o, quizá, 334.

Os sugiero, amigos míos, que también recéis por él leyéndole. En las librerías podéis encontrar El cura (Berenice, 2007) en tapa blanda, un vigoroso alegato contra la iglesia católica; no es su mejor novela, pero aún así es muy buena. Con suerte, también podéis encontrar esa obra maestra que es En alas de la canción (Bibliópolis, 2003). Si rebuscáis en librerías especializadas, quizá deis con alguna de sus obras anteriores. Sea como sea, leedle; no por él, sino por vosotros.

Thomas Michael Disch: 2 de febrero de 1940 – 4 de julio de 2008.

Descanse en paz

2 comentarios:

Anonymous said...

Casí lloro!...nunca dejes de bloggear, super chingonas tus entradas.

Alstoozori said...

Wow, genial. Eso de la marginación me comienza a cosquillear. Veamos, soy ateo-agnóstico-humanista, autodidácta de la filosofía científica y epistemología, geek y además de vivir en el tercer mundo soy gay. En fin ya decía yo porqué estoy tan sólo. Hoy encontré este blog por casualidad y me agrada. Felicidades. Buscaré a Disch, pues también me gusta la ciencia ficción, Lem... ah maravilloso Lem.