Friday, September 18, 2009

Neuroteología o la biología de la fe

¿Qué sucede en el cerebro mientras la gente medita o hace oración? Andrew Newberg, Eugene D’Aquili y Vince Rause tratan de dar respuesta a esta pregunta en el libro Dios: ¿Por qué seguimos creyendo. Ciencia del cerebro y biología de la fe (Martínez Roca, 2003).

¿Qué tan cerca de los trastornos psiquiátricos están las creencias religiosas? ¿Son –en sí mismas– las creencias religiosas una psicopatología?

Según escribe Newberg, hasta 1994 la Asociación Americana de Psiquiatría clasificó oficialmente como un trastorno mental a “la creencia religiosa intensa”, aunque “la información reciente indica que las creencias y las prácticas religiosas pueden mejorar la salud mental y emocional de varias maneras importantes”.

Newberg establece diferencias entre los místicos y los sicóticos: “Los sicóticos en los estados alucinatorios frecuentemente tienen sentimientos de grandiosidad religiosa y de una importancia egoísta inflada. Por ejemplo, se ven como emisarios de Dios, benditos con un mensaje importante para el mundo o con el poder espiritual de sanación. Sin embargo, los estados místicos suelen incluir una pérdida del orgullo y del ego y un proceso de aquietar la mente y de vaciarse de uno mismo: todos los pasos necesarios para que el místico pueda convertirse en un receptáculo adecuado para Dios. No creemos que las experiencias místicas genuinas se puedan explicar como resultado de las alucinaciones epilépticas o, en este caso, como productos de otros estados alucinatorios espontáneos desatados por las drogas, la enfermedad, la fatiga física, el estrés emocional o la privación sensorial. Las alucinaciones, sin importar su fuente, simplemente no son capaces de dotar la mente con una experiencia tan convincente como la de la espiritualidad mística”.

En 3001, Odisea final, Arthur C. Clarke reflexiona sobre lo anterior. El capítulo 19 se titula “La locura de la humanidad”. En él se desarrolla una plática entre Poole y el doctor Theodore Khan.


-Puede ser que haya oído que se me llama ateo –dice Khan–, pero eso no es absolutamente cierto. El ateísmo no se puede probar; es algo tan carente de interés. No importa cuán poco factible sea, nunca podemos estar seguros de que Dios no haya existido... y que ahora se haya lanzado hacia el infinito, donde nadie puede encontrarlo siquiera... Al igual que Gautama Buda, no tomo posición en este tema. Mi campo de interés es la psicopatología a la que se conoce como religión.

-¿Psicopatología? Ése es un juicio duro.

-Ampliamente justificado por la historia. Imagine que usted es un extraterrestre inteligente, al que sólo le interesan las verdades comprobables. Descubre una especie que se autodividió en miles... no, para este momento, millones de grupos tribales que sostienen una increíble variedad de creencias sobre el origen del universo y el modo de comportarse en él. Aunque muchos de ellos tienen ideas en común, aun cuando existe una superposición del 99 por ciento, el uno por ciento restante es suficiente para que se dediquen a matarse y torturarse los unos a los otros por cuestiones doctrinarias triviales, por completo desprovistas de significado para los de afuera.
¿Cómo explicar una conducta tan irracional? Lucrecio dio en el clavo cuando dijo que la religión era el subproducto del miedo, la reacción ante un universo misterioso y, a menudo, hostil. Durante mucho de la prehistoria humana puede haber sido un mal necesario, ¿pero por qué era tanto más mal que necesario, y por qué sobrevivió cuando ya no era necesario?
Dije ‘mal’, y es exactamente lo que quiero decir, porque el miedo lleva a la crueldad. El conocimiento más escaso que se tenga de la Inquisición hace que uno se sienta avergonzado de pertenecer a la especie humana... Uno de los libros más repulsivos que se haya publicado jamás fue ‘El martillo de las brujas’, escrito por un par de pervertidos sádicos y que describe las torturas que autorizó la Iglesia... ¡que alentó!... para arrancar “confesiones” de miles de viejas, antes de quemarlas vivas... ¡el mismo Papa escribió un prólogo aprobatorio!
Pero la mayoría de las demás religiones, con unas pocas excepciones honorables, fue tan mala como el cristianismo...
Quizás el aspecto más desconcertante de todo este asunto es de qué modo los locos, siglo tras siglo, proclamaban que ellos, ¡y solamente ellos!, habían recibido mensajes de Dios. Si todos los mensajes hubieran coincidido, eso habría resuelto la cuestión pero, claro está, eran salvajemente discordantes, lo que nunca impidió que los autoproclamados mesías congregaran miles, a veces, millones, de adherentes, los que luchaban hasta la muerte contra creyentes igualmente alucinados en una fe que difería en detalles microscópicos...

-¿Usted sostendría, entonces, que cualquiera que tuviera fuertes creencias religiosas estaba loco?

-En un sentido estrictamente técnico, sí... si es que se trata de alguien realmente sincero y no de un hipócrita. Tal como sospecho que lo era el 90 por ciento.


-El único genio verdadero que conocí jamás fue el doctor Chandra, que dirigió el proyecto HAL. Una vez tuve que entrar en su oficina: no hubo respuesta cuando golpeé la puerta, y creí que el doctor no estaba. Le estaba rezando a un grupo de fantásticas estatuitas de bronce, todas cubiertas con flores. Una de ellas parecía un elefante... otra tenía una cantidad de brazos mayor que la normal... Me sentí muy avergonzado pero, por fortuna, no me oyó y salí de ahí en puntas de pie. ¿Diría usted que Chandra estaba loco?

-Usted eligió un mal ejemplo: ¡los genios a menudo lo están! Así que digamos: no loco, pero mentalmente debilitado a causa del acondicionamiento recibido en la niñez.


Al final de la novela, Clarke abundó en los temas tratados; sobre Conan Doyle escribió:

“El ejemplo más llamativo –y lamentable– de hombre brillante cuyas creencias lo convirtieron en un lunático digno del chaleco de fuerza, es el de Conan Doyle; a pesar de que es interminable la cantidad de veces que se reveló que sus psíquicos favoritos eran un engaño, su fe en ellos permaneció incólume...”.

Recordemos que Doyle era un convencido del espiritismo, y consideraba que había evidencia suficiente para aceptar la existencia de las hadas. Clarke, fuera de su literatura fantástica, llegó a especular acerca de la evolución que podría sufrir el concepto de Dios:

“Dios personal que vigila la vida de cada ser viviente, que recompensa el bien y castiga el mal: Alfa. Luego viene el Dios que ha creado el universo y que puede intervenir o no sobre éste: Omega. Aun en la era espacial habrá naciones en las cuales los niños serán ejecutados porque sus padres han adoptado otra religión que no es la de Alfa, la religión del estado. Felizmente para la humanidad, Alfa caerá en desuso a mediados del tercer milenio y será reemplazada por un concepto fascinante: la teología estadística, que regula el problema del Mal... Pero será a finales del siglo XXI cuando las nuevas tecnologías probarán que el universo no obedece más que a las leyes de las probabilidades matemáticas, sin el menor rastro de intervención divina. Al no existir más Dios, todas las religiones, con su cortejo de supersticiones, se convierten en algo más nefasto que benéfico. Queda Omega, el creador de todo”.

Comentaba que Andrew Newberg asegura poder establecer una diferencia entre una alucinación y un estado místico genuino; para Newberg basta con ver si los mensajes son o no agresivos. Parte de esta agresión tendría su origen en identificar a los dioses o al dios cognoscible y personal con el Dios trascendente e inefable: “Los místicos casi siempre describen sus experiencias como extáticas y dichosas, y la unidad espiritual que afirman lograr suele definirse usando palabras como serenidad, integridad, trascendencia y amor. Por otra parte, los sicóticos son frecuentemente confundidos y terriblemente asustados por sus alucinaciones religiosas. Las cuales tienden a una naturaleza altamente perturbadora y a menudo incluyen la presencia de un Dios enojado y reprobador”.

Newberg continúa con las diferencias: los sicóticos creen tener un gran mensaje y aseguran tener la verdad, se ven como emisarios de Dios; los místicos no suelen ser egoístas y comparten sus experiencias de manera coherente. Newberg nunca propone que pudieran existir diferentes tipos de alucinaciones. De cualquier forma, si hacemos caso a estos conceptos, las religiones resultarían ser el producto de sicóticos y no de místicos. Los libros revelados contienen mensajes perturbadores y nos presentan a un Dios “enojado y reprobador”.

Sobre lo anterior podemos citar a Thomas Paine. Paine amaba a Dios, de eso no puede dudarse, y sobre la revelación, en su libro La edad de la razón, escribió: “Al leer las historias obscenas, el voluptuoso desenfreno, las crueles ejecuciones y torturas, la insaciable venganza con la que está plagada más de la mitad de la Biblia, resultaría más consistente que la llamáramos la palabra del demonio que el mundo de Dios. Es una historia de maldad que ha servido para corromper y embrutecer a la humanidad: por mi parte la detesto profundamente como detesto cualquier crueldad, rara vez encontramos algo que no merezca nuestro aborrecimiento y desprecio... Para leer la Biblia sin horrorizarnos debemos destruir todo lo que hay de tierno, comprensivo y benévolo en el corazón del hombre... ¿Qué hemos aprendido de esta supuesta religión revelada? Nada útil al hombre y todo lo deshonroso al creador. ¿Qué nos enseña la Biblia? Rapiña, crueldad y crimen”.

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