Pero exponerse a ella, y a sabiendas retarla, como se desafía el purgatorio por causa de Amor,
nos crecerán colmillos, garras, pelos, y a fuerza de codearnos con las fieras aullaremos más lejos,
Y después, cuando el terco reptar por los pantanos consiga consagrar nuestro plumaje,
Xavier Velasco, Luna llena en las rocas
A finales del año pasado, en la Biblioteca de México “José Vasconcelos”, compré varios números de la revista Generación. Uno está dedicado a las noches sin rumbo.

Se trata del número 74, mismo en el que colaboraron Alberto Chimal, Guillermo Fadanelli, Eusebio Ruvalcaba y J.M. Servín, entre otros.
¿Y de qué trata? Como puede fácilmente adivinarse, de lo que la noche nos regala: maravillas y espantos; prodigios, portentos, pero también miserias y horrores. Muere la tarde, la oscuridad hace acto de aparición y junto con ella llegan sus ángeles, pero también sus demonios.
En una anterior entrada escribí sobre la reapertura de Cabaretito Neon. En ella me referí a algunas de mis experiencias nocturnas en los titos, y enlace algunos blogs en los que sus autores cuentan sus titoaventuras.
En esa entrada Martín Bonfil escribió un comentario en el que mencionaba sus noches en El Taller, y que terminaba con las siguientes palabras: “No cabe duda, hacen falta cronistas de estos lugares y de la vida gay en general.”
Así, nace una nueva sección en este blog: las noches de ambiente. Voy a ir enlazando textos que describan las experiencias de sus autores en distintos lugares de ambiente de la ciudad de México: El Oasis, El Viena, Butterflies, El Taller, El takón, los titos, Las tortugas, Lipstick, Living, lugares de encuentros, etc.

Obviamente no se tratará de textos de escritores profesionales o que pretendan serlo, no se tratará ni de autores como los que colaboraron en el número 74 de Generación, ni de Xavier Velasco con sus noches licantrópicas de Luna llena en las rocas. Tal vez algunos de los autores que enlazaré no tengan una excelente ortografía o un extraordinario manejo del lenguaje, pero ello no es malo, ya que lo que se podrá leer -y es lo importante- serán las experiencias tal y como fueron vividas por sus autores, sus pensamientos espontáneos. Bueno, es un decir...
¿Hasta qué punto se corresponde lo que vivieron con lo que escribieron?, ¿y lo que escribieron con la realidad?
En la prepa, la maestra de filosofía nos decía que si le preguntáramos a varias personas sus impresiones sobre una misma fiesta, cada una nos podría contar algo distinto. “¿Entonces cuál es la realidad?, ¿cómo estuvo la fiesta?, ¿aburrida (como podría decir alguien) o divertida (como podría contar otro)?”
Platón se ocupa del problema del conocimiento en el diálogo llamado Teeteto. Sócrates se dirige a Teeteto: “Pórtate bien y contesta gentilmente: ¿qué te parece a ti que es el saber?”
Teeteto teme equivocarse, se muestra dudoso, no sabe si podrá decir algo que valga la pena, no sabe si será capaz de responder adecuadamente. Pero Sócrates promete ayudarle mediante su arte: el arte de partear. Así, una vez que Teeteto logre “dar a luz” una definición completa de lo que es el conocimiento, Sócrates la analizará, la pondrá a prueba por todos los medios (esto quiere decir que Sócrates hará una crítica despiadada, tratará de encontrar todos los defectos de las ideas); mediante su análisis descubrirá si se trata o no de una definición fecunda.
Teeteto afirma que el conocimiento no es otra cosa que la percepción, Sócrates muestra que la definición de Teeteto está relacionada con las de Protágoras y de Heráclito.
Para Protágoras: “El hombre es la medida de todas las cosas, tanto del ser de las que son, como del no ser de las que no son.” Esta tesis puede interpretarse –en palabras de Sócrates- de la siguiente forma: las cosas son para mi tal como me parece que son y que son para ti tal y como a ti te parece que son.
Sócrates plantea un problema: Un mismo viento puede para alguien parecer frío y para otro no. Para alguien el viento puede parecer ligeramente frío, y para otro puede parecer muy frío. ¿Cómo es ese viento en realidad? ¿Frío para el que siente frío y templado para quien no lo siente tan frío? ¿Ambos tienen razón?
Después de plantearle a Teeteto estas preguntas, Sócrates añade: “Por consiguiente, la apariencia y la percepción son lo mismo en lo relativo al calor y a todas las cosas de este género, pues parece que las cosas son para cada uno tal y como cada uno las percibe.”
Si alguien afirma que hace frío y otra afirma que no es así, ¿cuál es la verdad? Como ninguna de esas afirmaciones puede considerarse falsa (suponiendo que ambas personas realmente dicen lo que sienten), entonces cada uno tiene su verdad, la verdad como tal no existiría. Poco podrían hacer dos personas para decidir si se siente o no frío, ya que cada uno siente algo diferente y “lo que parece a cada uno es, en efecto, así para él, ya sea un particular o una ciudad”.
Así, en las historias que iré enlazando, cada persona nos contará su verdad, misma que construirá a partir de la vara con la que mide y juzga su entorno, sus ideales, sus fantasías, sus deseos, sus miedos, sus frustraciones, sus prejuicios, sus angustias, delirios, ensueños y hasta su grado de homofobia interna. Y eso es lo interesante de estos relatos, a fin de cuentas sería absurdo buscar un reporte objetivo de lo que no son sino experiencias personales. Lo que buscamos son vivencias, impresiones, emociones, etc.
Después de este choro introductorio, vayamos a las historias de esta entrada:
Víctor Altamirano, de 22 años y estudiante de Lengua y Literatura Hispánicas en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, bueno, al menos esa era su edad y eso estudiaba cuando escribió en su blog año de trece lunas lo que vivió una noche de Sábado en El Oasis y El viena, cantinas que se encuentran en la calle República de Cuba (a unos metros del Eje Central), en el centro de la ciudad de México.
Yorch, en el blog del mismo nombre, escribe sobre El Oasis, El Viena, El Marrakesh y El 69.
Para finalizar esta entrada, enlazamos un texto aparecido en La Jornada y que se refiere a una fiesta realizada en el Classic Night Club Spartacus -o simplemente Spartacus, para los cuates- antro ubicado en Nezahualcóyotl, estado de México; se trataba de encontrar a la doble de Madonna. Es un texto menos personal, más alejado y hasta frío, pero que da una idea de la forma en que se vive el ambiente en ese lugar.
Si usted encuentra un relato interesante o escribió alguno, avísenos para enlazarlo.
2 comentarios:
Hola Martín,
Estoy muy entusiasmado por leer más crónicas de las noches de ambiente.
Finalmente, quién no ha escuchado a sus amigos platicar con nostalgia sobre los antros que les han dejado huella... el 9, el LeBaron, la Cantina del Vaquero y muchos otros que ya han cerrado sus puertas. Sólo nos quedan los recuerdos... o las reseñas.
Abrazos,
Yorch
Hola Martín
Soy un lector de tu blog y necesito un consejo así que me atrevo a escribirte porque creo que eres la persona indicada y porque respeto lo que haces. Estoy a punto de comenzar mi tesis y quiero hacer algo sobre poesía homosexual pero la verdad me he dejado absorver mucho por el trabajo y estoy bastante oxidado. ¿Podrías ayudarme con algunos nombres o lugares en donde buscar? Te dejo mi correo: erebo13@yahoo.com.mx y muchas gracias por tu ayuda.
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