Wednesday, February 20, 2008

INFLUENCIA DEL CINE EN LA VIDA Y EN LA OBRA DE LUIS ZAPATA


¿Necesita Luis Zapata de una presentación? No, pero de cualquier forma la haré:

El narrador y dramaturgo Luis Zapata nació en Chilpancingo, Guerrero, en 1951. Obtuvo la licenciatura en letras francesas en la UNAM. Es autor de Hasta en las mejores familias, Los postulados del buen golpista, Paisaje con amigos, De amor es mi negra pena, La hermana secreta de Angélica María, Melodrama, En jirones, Ese amor que hasta ayer nos quemaba, ¿Por qué mejor no nos vamos?, De pétalos perennes (obra llevada al cine –por Jaime Humberto Hermosillo- con el nombre de Confidencias), La historia de siempre y, por supuesto, El vampiro de la colonia Roma. En cine ha realizado el cortometraje Regalo de cumpleaños, el largometraje Afectuosamente su comadre y el documental Angélica María frente al mar.

Aquí subí algo sobre su literatura, aquí sobre Adonis García (protagonista -¿hace falta decirlo? No, pero lo haré- de El vampiro de la colonia Roma), y aquí puse unas fotografías tomadas durante la presentación -en el Palacio de Bellas Artes- de su más reciente novela “La historia de siempre”.

Hace tiempo, curioseando en el catálogo de la biblioteca del Colegio de México, encontré el libro Luis Zapata de cuerpo entero, texto escrito por el mismo Zapata. Ayer -¡al fin!- pude revisar el libro.

Se trata de un texto corto acompañado de cinco fotografías. La primera data de 1955 y en ella aparece Luis a los cuatro años, las dos siguientes son imágenes de borradores del texto, la cuarta es de 1958 y en ella aparece Luis en una fiesta escolar, la última aparece en la contraportada y en ella se ve a Luis -de cuerpo entero- fumando mientras mira a la cámara.

En este libro Luis expone la forma en que el cine y el teatro influyeron en su vida y en su obra.
Pocos son los recuerdos lejanos que posee, comienza el libro narrando tres de ellos. En dos de esos recuerdos está presente el cine.

Cuenta que cuando salió de la primaria se sintió feliz: “no porque hubiera sido un pequeño calvario, sino porque eso significaba que cada vez estaba más cerca de convertirme en adulto, lo cual, como se verá después, era mi mayor anhelo, aunque, como también se verá después, por razones completamente frívolas.”

En realidad sus razones no eran tan frívolas, pues el cine no era sólo un pasatiempo: marcó su vida; según afirma, el séptimo arte fue su primer ejercicio de individualidad.

¿Por qué estaba ansioso por convertirse en adulto? Porque al ser niño no todas las películas estaban a su alcance, cosas de la clasificación (curiosamente Zapata afirma haber sido un “niño de amplio criterio”); en cambio como adulto podría ver todas las películas que deseara: “De niño, uno de mis mayores deseos era crecer, no para formar una familia ni para dedicarme en cuerpo y alma a una vocación cualquiera, sino principalmente para ver todo tipo de películas, sin ninguna restricción; de tal manera que, si en esos momentos de frustración cinematográfica me hubieran preguntado ‘Y tú ¿qué quieres ser de grande?’, habría respondido sin pensarlo dos veces: ‘Eso, grande.’ Mi obsesión era tal, que con frecuencia preguntaba a mi papá a partir de qué edad podría ser considerado ‘grande’, es decir, lo suficientemente grande como para ya no seguir sufriendo esas limitaciones humillantes para mi condición de cinéfilo. A los dieciocho años, a los veintiuno, debe haber respondido, quizás a los quince; ‘no tengas tanta prisa por crecer’, me aconsejaba.”

Pero su frustración continuó durante su pubertad. A los 17 años, a pesar de ser “Todo Un Adolescente que leía al marqués de Sade”, continuaba siendo víctima de los boleteros “ojetes” que le impedían la entrada a películas “impropias” para su edad. Hasta llegó a disfrazarse de adulto, sin mucho éxito.

Además de ver películas, gustaba de ver los carteles de las películas en exhibición, de aprenderse de memoria la cartelera, de comprar revistas (fotonovelas), y hasta de escribir cartas a sus actrices favoritas, entre ellas Angélica María, “con quien realmente descubrí una temprana vocación epistolar (...) o, mejor dicho, con la secretaria de A. M., como cínicamente me confesó después la propia Novia.”

También gustaba del teatro y de las Caravanas de Estrellas (que llegaban a su ciudad natal), éstas contaban con “la presencia de los artistas, esos generosos extraños que se empeñaban en divertir a un público a veces insensible a sus esfuerzos. Había de todo: rumberas en decadencia, baladistas debutantes, estrellas de comedias rancheras, cantantes de música tropical, cómicos.”
Era un exitoso cazador de autógrafos. “Gracias a las variedades pero también a mis a veces entusiastas cartas, llegué a formar una respetable colección de autógrafos –ya lo dice el proverbio: la ociosidad es la madre de todas las colecciones.”

¿Cuál era una de sus mayores ilusiones? “asistir a un teatro de revista o a un -¡no querías nada!- cabaret de la capital.”

Posteriormente el teatro Blanquita entró con el pie derecho a formar parte de sus fantasías:

“A los pocos días, empezaron a anunciar en las estaciones de radio del Distrito Federal, que en general sólo se captaban de noche, la próxima inauguración del teatro Blanquita y el elenco que integraría su primera temporada: Libertad Lamarque, Resortes, las Hermanas Velásquez, que resultaron cantantes de boleros y no, como ingenuamente había supuesto, las famosas Tere y Lorena, estrellas de cine.”

Asistir al Blanquita le resultó fascinante:

“Esa visita al Blanquita fue mi primera incursión real, nocturna, musicalizada, en el mundo de los adultos: mi nerviosismo, mi excitación, mi apantalle eran seguramente los mismos que sentían los muchachos cuando iban por primera vez a un cabaret de la zona roja: el estimulante placer de una leve transgresión.”

¿Hasta qué punto nos inventamos a nosotros mismos? ¿Hasta qué punto nos construimos a partir de falsos recuerdos? ¿Lo que recordamos se corresponde siempre con la realidad? ¿Por qué recordamos ciertas cosas y no otras? ¿De qué depende la interpretación que damos a lo que “recordamos”?

Luis se hace preguntas similares después de haber relatado la importancia de los espectáculos en su infancia.

“¿Por qué se volvieron tan importantes en mi niñez los espectáculos, principalmente el cine? Quizá porque así lo decidí de manera un tanto arbitraria, desde mi edad adulta, al privilegiar ese tipo de recuerdos sobre los otros. ¿Y por qué?, ¿qué imagen de mi infancia pretendo ofrecer a los demás, pero sobre todo a mi mismo? Tal vez la de un niño que, en lugar de vivir, sueña, elabora fantasías desvinculadas de su realidad inmediata y escoge una perspectiva romántica para ver y enfrentar la vida. ¿Soy, pues, deshonesto ante mi propio pasado en la medida en que lo invento? ¿Trato de justificar a posteriori una vocación por lo ficticio que no es otra cosa que la dificultad para adaptarse, la imposibilidad de arraigarse del todo en la realidad? ¿Quiero creer, y hacer creer que mi niñez fue diferente de la de los demás? Quién sabe. Ignoro hasta qué punto el cine en efecto llenaba mis días, y hasta qué punto desplazó otras actividades e intereses.”

Seguramente muchos nos hemos preguntado acerca del momento en que Luis comenzó a escribir, en este texto encontramos la respuesta: comenzó a los nueve años, se trataba de una recreación con dibujos y diálogos de las películas que veía, y de las que no veía pero cuya trama suponía a partir de los tráilers.

Aún siendo niño escribió textos “que estaban a medio camino entre el guión cinematográfico, el libreto teatral y –por decir algo- la novela. Muchos de ellos los he perdido.”

De 1963 conserva “Locura”, obra a la que dos años después le hizo una anotación ingenua: “Esta fue (Sic) una de las Primeras (Sic) novelas que hice. Por eso la guardo como un Recuerdo Especial (Sic Sic).”

De lo que no puede dudarse es de la importancia que tuvo el cine en su trabajo como escritor:

“Casi todos los textos escritos durante mi adolescencia eran concebidos como guiones cinematográficos, aunque sin indicaciones técnicas (...) Quizá se trate de una deformación pero en muchas ocasiones he resuelto pasajes de alguna novela o cuento concibiéndolos de manera cinematográfica. Así, el cine me ha permitido en algunos momentos superar ciertos escollos estructurales, visualizar atmósferas, centrar en un campo de visión las acciones de mis personajes, imprimir cierto ritmo a algunas escenas. Para bien o para mal, el cine ha sido decisivo en mi formación como escritor.”

En 1965 vio en el teatro de los Insurgentes la obra “Sí quiero”, en ella participaban Angélica María y Fernando Luján; Luis comenzó a escribir comedias protagonizadas por parejas recién casadas. He aquí algunos títulos: La cigüeña invisible, Dos a las dos (subtitulo: El hombre y la suegra), Esperando al nene (continuación de la anterior), La cigüela retrasada, Diciembre + 10 = chantaje, Conspiración bebé.

Hacia el final del libro reflexiona sobre su “vocación por la escritura”. Afirma que de niño nunca se planteó la posibilidad de ser escritor, pensaba que sería arquitecto o médico, profesiones realistas.

“¿Cómo tomar en serio una actividad más asociada con el juego y el placer que con el esfuerzo y la chinga cotidiana? (...) Tanto el cine como la escritura no eran más que pasatiempos, que necesariamente debería abandonar después, cuando creciera.”

Afortunadamente Zapata no renunció a esa diversión: “por el contrario, con el tiempo se fue convirtiendo en algo necesario, quizá producto de un deseo infantil de prolongar el juego en la vida adulta, de no dar el brazo a torcer del todo ante la realidad.”

Friday, February 15, 2008

LA HOMOSEXUALIDAD EN EL MONO DESNUDO


Recientemente supe de la nueva obra del zoólogo Desmond Morris: the naked man, a study of the male body. En este libro expone sus ideas acerca de la homosexualidad. En su libro El mono desnudo también se expresa acerca de este tema, por ello es que decidí desempolvarlo...

Morris explica en la introducción: “Hay ciento noventa y tres especies vivientes de simios y monos. Ciento noventa y dos de ellas están cubiertas de pelo. La excepción la constituye un mono desnudo que se ha puesto a sí mismo el nombre de Homo sapiens.”

Recientemente se celebró un aniversario más del nacimiento de un hombre incomodo: Charles Darwin (aquí y aquí algo al respecto). Bueno, incomodo para los creacionistas y creyentes del “diseño inteligente”. ¿Por qué Morris, siendo zoólogo, se atreve a escribir sobre el ser humano? Porque el ser humano es un animal. Dice Morris: “Yo soy zoólogo, y el mono desnudo es un animal. Por consiguiente, éste es tema adecuado para mi pluma.” Estamos ante otro personaje incomodo para los creacionistas.

Morris se dirige a ellos: “Me doy cuenta de que al tratar estos problemas corro el riesgo de ofender a mucha gente. Hay personas que prefieren no ver su propio ser animal. Considerarán, quizá, que degrado a nuestra especie al hablar de ella en crudos términos animales. Sólo puedo asegurarles que no es esa mi intención.”

Morris comete el mismo pecado en (¡oh, terrible título!, que Nezareth nos ampare) El zoo humano. Pero como el mismo científico afirma: aunque la mona se vista de seda, mona se queda; incluso el mono espacial tiene que orinar.



¿Qué temas aborda Morris en El mono desnudo? La alimentación, la crianza, el sueño, la lucha, el apareamiento y el cuidado de los pequeñuelos. “¿Cómo reacciona el mono desnudo al enfrentarse con estos problemas? ¿En qué se asemejan estas reacciones a las de otros monos y simios? ¿En qué aspecto particular es único, y qué relación existe entre sus peculiaridades y su especial historia evolutiva?”

Al inicio del primer capítulo hace un recuento de nuestra historia evolutiva (de lo cual no escribiré, pues el interesado puede fácilmente conseguir el libro; la verdad es que el punto al que realmente me interesa llegar en esta entrada es el de la homosexualidad). Un primer “pero” que podría ponérsele a Morris es que además de monos desnudos somos monos culturales, y como monos culturales ¿hasta qué punto podemos inventarnos a nosotros mismos?, ¿hasta qué punto podemos hablar de una “naturaleza humana”?, ¿es que la pregunta acerca de lo que somos sólo puede responderse recurriendo a los aspectos biológicos?, ¿será que biología es destino? Morris afirma lo siguiente: “Sólo observando detenidamente nuestro origen y estudiando a continuación los aspectos biológicos de la manera en que actualmente nos comportamos como especie, podremos realmente llegar a una comprensión equilibrada y objetiva de nuestra extraordinaria existencia.”



Bueno, podemos resumir el camino esbozado por el zoólogo de la siguiente manera: el mono de los bosques se convirtió en mono a ras de tierra, en mono cazador y sedentario, y a continuación en mono cultural. Al pasar de mono de los bosques a mono cazador, se modificó la dieta de nuestros antepasados. “Ahora debemos examinar con atención la manera en que esto afecto, no sólo a su cuerpo, sino, en especial, a su comportamiento, y en qué forma experimentamos la influencia de esta herencia en los días actuales.”

Morris expone las siguientes ideas: el mono cazador comenzó a vivir en un lugar fijo, desarrolló su impulso de comunicación y cooperación con sus compañeros, los machos tuvieron que llevar provisiones a casa, en la que permanecían las hembras y los hijos. El papel de los sexos tuvo que diferenciarse más. Y como los machos salían a cazar y las hembras permanecían en el hogar, Morris afirma que se tuvo que crear un lazo que apareaba a los individuos: el enamoramiento y la fidelidad. Esto reducía las graves rivalidades sexuales entre los machos; al haber desarrollado y perfeccionado armas que resultaban mortíferas, debían eliminarse las discordias. Por otro lado, ese lazo de enamoramiento y fidelidad resultaba beneficioso para las crías.

El capítulo termina con la exposición de algunas hipótesis que tratan de explicar el por qué de la desnudez de nuestra especie (interesantes –sobre todo la de la neotenia- pero tampoco abundaré en esto por ahora). Pasemos al segundo capítulo: Sexo.

Confusión es lo que caracteriza nuestra vida sexual. Como primates tenemos ciertos impulsos, otros como carnívoros, y otros como miembros de una complicada comunidad civilizada. Morris escribe: “Para empezar, (el mono desnudo) debe todas sus cualidades sexuales básicas a su antepasado el mono de los bosques, comedor de frutos. Estas características fueron después drásticamente modificadas para adaptarlas a su vida de cazador en campo abierto. Esto era bastante difícil, pero, a continuación, tuvo que adaptarse al rápido desarrollo de una estructura social crecientemente compleja y determinada por la cultura.”

Describe tres etapas por las que pasa el comportamiento sexual: formación de la pareja, actividad precopulativa y cópula. El zoólogo reconoce que existen diversos comportamientos sexuales en las diferentes sociedades y culturas, pero describe el que cree puede ser tomado como el representante del moderno mono desnudo.

Describe los fenómenos fisiológicos que se presentan durante la excitación y el acto sexual. Expone que el sexo refuerza el lazo entre la pareja. Así, ciertas características de nuestra especie (la forma de los lóbulos de las orejas, de la nariz, de los labios y de los senos) evolucionaron para mantener el interés sexual de la pareja. Otros temas son: el orgasmo femenino (que según Morris es un “fenómeno tomado de prestado del macho”), la relación con los hijos, la utilidad del himen, la monogamia y la poligamia (“hagan lo que hagan las oscuras y atrasadas tribus actuales, la corriente principal de nuestra especie manifiesta su tendencia a construir parejas exclusivas en su forma extrema, es decir, en las relaciones monógamas a largo plazo”). Morris concluye que nuestro comportamiento sexual ha dado forma a la civilización (y no a la inversa): “fue la naturaleza biológica de la bestia la que moldeó la estructura social de la civilización, y no ésta la que moldeó a aquella.”

A continuación describe dos fuerzas en conflicto: la agudización de la sexualidad para mantener unida a la pareja y su apaciguamiento cuando los miembros de la pareja se encuentran separados (“a fin de evitar el estímulo excesivo de terceros”).

Llegamos al asunto de la homosexualidad.

Desde el inicio nos vamos percatando del enfoque que le dará el zoólogo: “La función primordial del comportamiento sexual es la reproducción de la especie, y es evidente que esto no puede lograrse con la formación de parejas homosexuales.”

Morris distingue entre los actos homosexuales esporádicos y la fijación homosexual.

En el primer caso no se crean lazos homosexuales duraderos. Habla de dos tipos de actos homosexuales esporádicos: aquellos que sirven para evitar las agresiones y para resolver problemas de dominio, y aquellos que se presentan cuando el estímulo biológicamente correcto no está al alcance de un individuo, así “un miembro del mismo sexo es empleado como sucedáneo, como ‘mal menor’, en la actividad sexual.”

¿Por qué Morris habla del “estímulo biológicamente correcto”? Porque piensa sólo en la reproducción: “desde el punto de vista de la reproducción, la formación de un lazo homosexual es inconveniente, ya que no puede conducir a la producción de retoños y estropea la posible función reproductora de los adultos.”

Escribe que los actos homosexuales que no crean lazos duraderos se presentan tanto en otras especies como en la nuestra. En nuestra especie dice que “Cuando los machos o las hembras, por el motivo que sea, no encuentran acceso sexual a los individuos del sexo contrario, buscan otro deshago a sus impulsos. A veces, acuden a miembros de su propio sexo; otras veces, llegan a valerse de miembros de otra especie; otras se masturban. Minuciosos estudios americanos de comportamiento sexual revelan que, en una sociedad, un 13 por ciento de las hembras y un 37 por ciento de los varones, han realizado, antes de los cuarenta y cinco años, contactos homosexuales productores de orgasmo. Los contactos sexuales con otras especies animales son mucho más raros (porque, naturalmente, éstas no ofrecen el adecuado estímulo sexual), y sólo se han registrado en el 3,6 por ciento de la hembra y en el 8 por ciento de los varones. La masturbación, aunque carece del ‘estímulo del compañero’, es, empero, tan fácil de iniciar que se produce con mayor frecuencia. Se calcula que un 58 por ciento de las hembras y un 92 por ciento de los varones se masturban en alguna época de su vida.”
Morris valora los diferentes comportamientos sexuales desde la que llama moralidad zoológica (no olvidemos la profesión del autor). Ésta se refiere al éxito o fracaso en la reproducción: “Si ciertos hábitos sexuales impiden el éxito reproductor, podemos calificarlos sinceramente de biológicamente inadecuados.”
De ahí que la homosexualidad, la masturbación, la zoofilia o cualquier actividad sexual inútil desde el punto de vista de la reproducción resulten inofensivas siempre y cuando no se produzca una fijación, esto es, mientras no disminuyan la potencia procreadora a largo plazo de los individuos “afectados”. Así, esta moralidad zoológica le lleva a considerar como anómalos (desde el punto de vista de la reproducción, vale repetirlo) a grupos como los de monjes, monjas, solterones y solteronas y homosexuales permanentes. En cambio “ninguna práctica sexual por muy asquerosa u obscena que parezca a los miembros de una civilización particular, puede ser biológicamente criticada, mientras no impida el éxito reproductivo en general. Si los más chocantes refinamientos del acto sexual contribuyen a asegurar que se producirá la fertilización entre los miembros de una pareja, o que se fortalecerán los lazos de la misma, entonces ha cumplido su misión reproductora y es, biológicamente, tan aceptable como la costumbre sexual más ‘limpia’ y aprobada por todos.”
Morris también escribe acerca de la forma en que podría producirse una fijación homosexual importante. Así, llega a considerar que el ambiente familiar influye en las tendencias homosexuales: “Si en el ambiente familiar los retoños se ven sometidos a una madre varonil y dominadora, o a un padre débil y afeminado, esto puede acarrearles una considerable confusión. Las características de comportamiento actuarán en un sentido, y las anatómicas en otro. Si al llegar a la madurez sexual los hijos buscan compañeros que tengan las cualidades de comportamiento (más que las anatómicas) de la madre, están expuestos a elegirlos más entre los varones que entre las hembras. Las hijas corren un riesgo similar, pero a la inversa.”
Pero Morris propone un escenario en el que la “moralidad biológica (o zoológica)” puede ya no aplicarse: cuando existe una superpoblación. “Teniendo en cuenta este problema de superpoblación, podría argüirse que la necesidad de reducir drásticamente el índice de reproducción destruye todas las críticas biológicas que pueden hacerse a las categorías no reproductoras, tales como frailes y monjas, solteronas y solterones empedernidos, y homosexuales permanentes. Esto es cierto desde el exclusivo punto de vista de la reproducción, pero no resuelve otros problemas sociales con los que, en ciertos casos, tendrán que enfrentarse, aislados en su especial papel minoritario. Sin embargo, mientras sean miembros bien adaptados y valiosos de la sociedad, al margen de la esfera procreadora, su no contribución al aumento explosivo de la población puede considerarse altamente beneficiosa.”

Tenemos entonces que para Morris el comportamiento sexual que tenemos como especie no es el resultado de la cultura, según sus tesis la monogamia y la fidelidad tienen bases biológicas. Recordemos que Morris ya había escrito que: “fue la naturaleza biológica de la bestia la que moldeó la estructura social de la civilización, y no ésta la que moldeó a aquella.”

¿Cuál es el futuro de nuestro comportamiento sexual? Desmond Morris afirma que si llegamos a modificarlo será no por su fracaso sino por su éxito excesivo.

Friday, February 08, 2008

El pasado domingo, a eso de las tres de la mañana (¡maldita hora!), por canal cinco pasaron una película rockera anatómicamente incorrecta: Hedwig and the Angry Inch.




Por acá escriben:

Hedwig and the Angry Inch, adaptación del célebre musical rock del off Broadway (circuito teatral alternativo en la periferia de Broadway), es la historia de una cantante de rock "mundialmente desconocida" y sus esfuerzos por alcanzar el estrellato y encontrar el amor. Hedwig nació varón, un chico llamado Hansel que soñaba con encontrar su otra mitad, pero de mala gana se sometió a una operación de cambio de sexo que le permitió casarse con un soldado americano y alcanzar la libertad al otro lado del muro de Berlín. La operación salió mal y Hedwig se quedó con esa "pulgada irritada" ("angry inch") que da nombre a la película. Abandonada y divorciada en un parque de caravanas de Kansas, Hedwig decide formar un grupo de rock y conoce al joven Tommy Gnosis, que se convierte en su amante y protegido antes de abandonarla, robarle sus canciones y triunfar por todo lo alto como estrella del rock. Acompañada de su grupo paneslavo, "The Angry Inch", Hedwig, afligida pero divertida, sigue a Tommy en su gira de masas, tocando en restaurantes medio vacíos ante clientes desconcertados y unos cuantos fans incondicionales.

Aquí se puede ver un video y abajo algunas ecenas:








En la imagen vemos a John Cameron Mitchell interpretando a Hedwig y al hermoso Michael Pitt interpretando al cantante Tommy Gnosis.
Pitt realmente se ve precioso...


Niño divino...

Monday, February 04, 2008

Los vecinos de Lot es un grupo de rock integrado por un ángel transexual, un estigmatizado que sangra mientras canta y el mismísimo Jesucristo.
Comenzamos a publicar lo que trata de ser la historia oficial del grupo.

Los vecinos de Lot


¿Que cómo surgió la banda?
Nel, Ángelito no fue mi ángel de la guarda.
No tuve ángel de la guarda. No sé, tal vez por feo. Tal vez porque no los soportaba. O tal vez porque ellos no me soportaban a mí... Ve tú a saber. Y ya no insitas con esa mamada, total, no tuve y se acabó.
¿Cómo lo conocí?
Bueno... al Creador se le ocurrió la puntada de mandarme estigmas.
Dolor e incomodidad, ya te imaginarás.
Escapé porque no estuve de acuerdo en convertirme en su corre-ve-y-dile. Que si me daría instrucciones, que tenía que avisar de no sé qué madres... Que le tenía que ayudar a que la humanidad recapacitara.
Y nel. Yo no estaba para esos cuentos. Iba yo a parecer un pinche loco, ¿no?
Tuve que inventarme un destino.
Me interné en la carretera (no preguntes cuál, ¿para qué quieres más detalles?) y comencé a pedir aventón.
Caminé y nada.
Pero me pongo en el lugar de aquellos que me veían. Un güey con una costra enorme en forma de cruz en la frente y con las manos sangrando. ¿Quién no se asustaría?
Horas más tarde me encontré al ángel transexual que también había escapado.
Estaba sentado en una roca, pues según me dijo llevaba varios días caminando.
Al parecer Dios no dio saltos de alegría cuando se enteró que aquel angelito estaba convencido de que no era sino una hembra en cuerpo masculino. Mucho menos le gustó enterarse que el angelito está dispuesto a operarse.
Platicamos hasta altas horas de la noche.
Me dio tristeza cuando lo vi llorar.
El pobre (o la pobre) culpaba a Dios de sus problemas. “¿Por qué me puso en el cuerpo equivocado? Pa´fregar. No más para fregar.”
Le dije que yo estaba en las mismas y le sugerí que nos vengáramos.
“¿Cómo?”, preguntó ya más tranquilo.
Saque una botella de mezcal porque el mezcal siempre me inspira. De veras, cuando tengo las ideas atoradas, un poco de mezcal como que las afloja.
Bebimos una, dos, tres, cuatro botellas del inspirador líquido.
Todavía no teníamos ni idea de cómo nos vengaríamos del viejito loco.
Comenzamos a decir un buen de pendejadas. Que si le podíamos sabotear sus proyectos, que si lanzábamos huevos podridos en la puerta de su casa...
Pura pendejada.
Comencé a pensar que ya no me hacía efecto el mezcalito. ¡Qué bueno que me equivoqué! No sé cómo dudé. El mezcalito nunca me había fallado.
Abracé a angelito para consolarlo y que él me consolara a mí.
Nos besuqueamos un rato.
Me la comenzó a jalar.
Se la comencé a jalar. Angelito se quería deshacer de aquello pero le funcionaba bien. Es más, me pareció que estaba a punto de cometer un error, tenía un pito bonito y se lo dije.
“¿Estás de lado del viejito loco?”, me preguntó molesto y me disculpe por la estupidez que acababa de decir. No... sí tenía un pito bonito pero eso era lo de menos, tenía que apoyarlo. Era hembra y ya.
Decía que angelito me la estaba jalando, ¿no?
Bueno, pues sucedió cuando me vine. Una iluminación. Una visión maravillosa.
Ángel y yo cantando.
Ángel y yo componiendo rolas chidas.
Ángel y yo sacándole canas verdes al viejito loco con las letras de nuestras canciones.
Ángel y yo de gira.
Ángel adivinó que ya tenía la respuesta.
Mis expresiones me delataban.
Ángel supo que aquella cara no se debía sólo al orgasmo.
Y antes de que yo pudiera decirle algo me dijo que nos llamaríamos Los vecinos de Lot.
Me reí de gusto.
No es que ángel fuera telépata. Era algo más. Estábamos en la misma onda, en el mismo canal.
Así fue como nacieron Los vecinos de Lot.
¿Que cuándo se unió Jesucristo?
Verás... ¿Qué? Sí, Dios se encabronó cuando su primogénito se nos unió...
Nuestro primer éxito fue el rock del angelito chaquetero.
¿Te la sabes? ¡Órale! Veo que sí eres fan de hueso colorado.
Creo que la cantaban en todos los sistemas solares habitados.
Y el viejito loco estaba enputadísimo.
Sí, los más rucos nos querían linchar. Pero no pudieron evitar nuestro éxito.
Si bien lograron que no tocáramos en lugares pipirisnais, sí tocamos en lugares clandestinos y de mala muerte... Pero, ¿sabes? Como que eso me gustó más.
Fue precisamente en uno de esos lugares donde nos escuchó Cristo.
¿Que qué hacía ahí? No mames, a poco de veras quieres que te responda, si es la pregunta más fácil del mundo... Nel, usa tu cerebro. Todos lo saben.
Iba medio disfrazado, pero de cualquier forma angelito y yo lo reconocimos luego luego. Al Cristo le brillaban los ojos con nuestra rola. Hasta pensé que se había enamorado de nosotros nomás de vernos y escucharnos.
Sí. Los estigmas siempre me sangran mientras canto, y como que eso prende más a la gente. ¿Sabes? A veces pienso que esto de los estigmas estuvo bien, gracias a eso surgieron Los vecinos de Lot.
Mejor te pongo la rola, y luego te sigo contando...

Había una vez un angelito chaquetero.
Su deber era cuidar a un escuincle de 10 años que ya a su corta edad era un gandallín.
Pero el angelito nunca cumplía con su misión porque cuando no se la estaba jalando o acariciando, estaba pensando en hacerlo.
Su pirrín estaba colorado de tantas chaquetas pero ni así se estaba en paz. Sufría mucho porque su mayor anhelo era que alguien le chupara su pitito y nadie le hacía el favor.
Un día, después de pensarlo mucho, se atrevió a pedírselo al niño gandallín y lo único que obtuvo fue un madrazo que le dejó el ojo morado por varios días. ¡Pobrecito del angelito chaquetero!
Ya resignado intentaba chuparse su verguita él mismo, pero por más esfuerzo que hacía no se la alcanzaba.
El niño iba a la escuela sin su ángel de la guarda, lo dejaba frotándose su tripita.
Cuando gandallín regresaba el angelito continuaba en lo mismo, y todo el día el niño gandallín entraba y salía de su cuarto y de su casa y su angelito seguía sin descanso.
Tal vez por eso el niño era tan gandalla. El angelito no lo cuidaba, ni lo regañaba, ni lo aconsejaba como se le había encomendado.
“Ya déjate ahí, con tanta chaqueta vas a quedar pendejo” le decía el niño gandallín y parecía que le hubieran dicho que se la jalara más fuerte. ¡Pobrecito del angelito chaquetero!
Era su vicio y nada podía hacer.
Día y noche no hacía más que chaquetear y chaquetear.
Un día Dios lo mandó llamar. No sin preocupación el pequeño ángel acudió al reino celestial.
El Altísimo le dijo que si continuaba así y que si no cuidaba al niño gandallín, lo mandaría a la chingada -al angelito chaquetero, no al niño gandallín por supuesto-.
Pero tan grande era su vicio que mientras Dios lo reprendía, continuaba chaqueteando, y se aguantaba la pena por tener su pito tan chiquito pues pensaba que Dios por ser Dios tendría un pitotote, pero sus ganas eran más fuertes que cualquier pudor.
¡Pobrecito del angelito chaquetero!
Realmente lo intentó, se esforzó por interesarse en los asuntos del niño gandallín.
Lo comenzó a acompañar a la escuela pero fue terrible, gandallín lo buscaba cuando se le perdía de vista y el angelito estaba debajo del escritorio de la maestra haciendo lo único que sabía hacer.
Y los demás niños y ángeles de la guarda se reían hasta las lágrimas.
Ni cien mil patadas consiguieron hacerlo reflexionar. No había poder que hiciera que el angelito de la guarda dejara de ser un angelito chaquetero.
Finalmente el niño gandallín se acostumbró, así, mientras él jugaba fútbol o canicas o carritos, el angelito a pocos metros se frotaba su cosita.
¡Pobrecito del angelito chaquetero!
Ya Dios se lo había advertido, o dejaba de ser un angelito chaquetero o lo mandaría a la fregada.
Pero era más fácil que el niño gandallín dejara de ser un niño gandallín que el angelito chaquetero dejara de ser un angelito chaquetero.
Diosito cumplió su amenaza de castigarlo porque Diosito siempre cumple sus amenazas de castigo.
Las súplicas del angelito no se hicieron esperar. Pero nada pudo conmover al Creador.
Lo mandó a la Luna y desde entonces está ahí, sentado en completa soledad haciéndose una eterna chaqueta.
¡Pobrecito del angelito chaquetero!
Se la restriega sin descanso mirando tristemente al lugar de donde fue expulsado.
El niño gandallín tiene un nuevo protector y de chaquetín ya ni se acuerda. Chaquetín a veces piensa en gandallín y hasta lo extraña.
En ocasiones llora de pensar que estando en la Luna nadie le chupará su pitito. Los astronautas que a veces van ya no lo pelan ni se la pelan.
Me imagino la tristeza que ha de sentir de estar solo allá en la Luna, mirando nostálgicamente a la Tierra mientras se frota su verguita.
¡Pobrecito del angelito chaquetero!