Thursday, September 04, 2008

Uno nunca sabe en qué momento puede toparse con Dios. Uno tampoco sabe cómo se manifestará el Altísimo; por ello es que siempre debemos estar atentos. De múltiples formas puede presentarse el dueño del universo... algunas de ellas no excluyen el humor involuntario.

Alberto Chimal lo sabe y de ello da cuenta en Grey (Ediciones Era, Conaculta), libro en el que describe sectas peculiares, y también el peculiar mundo de lo sagrado. Alguien comentó que -debido a su talentosa irreverencia- leer esta obra resulta un ejercicio liberador.

A continuación dos breves textos de su libro:

De la alianza

El menor tenía el don de curar por la fe y sus manos sanaban, como por arte de magia, las heridas más graves. El mayor tenía fuerza sobrehumana en los puños, que empleaba para darle clientes a su hermano.


Previsión

Nuestra casa tenía, para esos clientes, cuartos con muchachas totalmente vestidas que se dedicaban a regañarlos, a llamarlos "pecadores", a invocar leyes divinas y los horrores del infierno, a contraponer éstos a las bellezas de la familia tradicional y casta y luego volver a sus descripciones infernales, que siempre son más persuasivas. Si algo, optaban a veces por acusaciones como: -¿Ya te viste el anillo, animal? ¿Ya viste que traes un anillo?

Entonces los hombres, que de por sí llegaban acobardados y lelos y nulos por la culpa, podían volver a ponerse la ropa con la conciencia de que no habían llegado a nada, y las chicas les ofrecían hojas parroquiales para leer más sobre el pecado que casi habían cometido, o rezaban con ellos, o bien se dejaban cuestionar y zaherir y ser llamadas (horror y más horror) "cortesanas" (porque allí sólo atendíamos a gente decente).

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