Recientemente supe de la nueva obra del zoólogo Desmond Morris: the naked man, a study of the male body. En este libro expone sus ideas acerca de la homosexualidad. En su libro El mono desnudo también se expresa acerca de este tema, por ello es que decidí desempolvarlo...
Morris explica en la introducción: “Hay ciento noventa y tres especies vivientes de simios y monos. Ciento noventa y dos de ellas están cubiertas de pelo. La excepción la constituye un mono desnudo que se ha puesto a sí mismo el nombre de Homo sapiens.”
Recientemente se celebró un aniversario más del nacimiento de un hombre incomodo: Charles Darwin (aquí y aquí algo al respecto). Bueno, incomodo para los creacionistas y creyentes del “diseño inteligente”. ¿Por qué Morris, siendo zoólogo, se atreve a escribir sobre el ser humano? Porque el ser humano es un animal. Dice Morris: “Yo soy zoólogo, y el mono desnudo es un animal. Por consiguiente, éste es tema adecuado para mi pluma.” Estamos ante otro personaje incomodo para los creacionistas.
Morris se dirige a ellos: “Me doy cuenta de que al tratar estos problemas corro el riesgo de ofender a mucha gente. Hay personas que prefieren no ver su propio ser animal. Considerarán, quizá, que degrado a nuestra especie al hablar de ella en crudos términos animales. Sólo puedo asegurarles que no es esa mi intención.”
Morris comete el mismo pecado en (¡oh, terrible título!, que Nezareth nos ampare) El zoo humano. Pero como el mismo científico afirma: aunque la mona se vista de seda, mona se queda; incluso el mono espacial tiene que orinar.
¿Qué temas aborda Morris en El mono desnudo? La alimentación, la crianza, el sueño, la lucha, el apareamiento y el cuidado de los pequeñuelos. “¿Cómo reacciona el mono desnudo al enfrentarse con estos problemas? ¿En qué se asemejan estas reacciones a las de otros monos y simios? ¿En qué aspecto particular es único, y qué relación existe entre sus peculiaridades y su especial historia evolutiva?”
Al inicio del primer capítulo hace un recuento de nuestra historia evolutiva (de lo cual no escribiré, pues el interesado puede fácilmente conseguir el libro; la verdad es que el punto al que realmente me interesa llegar en esta entrada es el de la homosexualidad). Un primer “pero” que podría ponérsele a Morris es que además de monos desnudos somos monos culturales, y como monos culturales ¿hasta qué punto podemos inventarnos a nosotros mismos?, ¿hasta qué punto podemos hablar de una “naturaleza humana”?, ¿es que la pregunta acerca de lo que somos sólo puede responderse recurriendo a los aspectos biológicos?, ¿será que biología es destino? Morris afirma lo siguiente: “Sólo observando detenidamente nuestro origen y estudiando a continuación los aspectos biológicos de la manera en que actualmente nos comportamos como especie, podremos realmente llegar a una comprensión equilibrada y objetiva de nuestra extraordinaria existencia.”
Bueno, podemos resumir el camino esbozado por el zoólogo de la siguiente manera: el mono de los bosques se convirtió en mono a ras de tierra, en mono cazador y sedentario, y a continuación en mono cultural. Al pasar de mono de los bosques a mono cazador, se modificó la dieta de nuestros antepasados. “Ahora debemos examinar con atención la manera en que esto afecto, no sólo a su cuerpo, sino, en especial, a su comportamiento, y en qué forma experimentamos la influencia de esta herencia en los días actuales.”
Morris expone las siguientes ideas: el mono cazador comenzó a vivir en un lugar fijo, desarrolló su impulso de comunicación y cooperación con sus compañeros, los machos tuvieron que llevar provisiones a casa, en la que permanecían las hembras y los hijos. El papel de los sexos tuvo que diferenciarse más. Y como los machos salían a cazar y las hembras permanecían en el hogar, Morris afirma que se tuvo que crear un lazo que apareaba a los individuos: el enamoramiento y la fidelidad. Esto reducía las graves rivalidades sexuales entre los machos; al haber desarrollado y perfeccionado armas que resultaban mortíferas, debían eliminarse las discordias. Por otro lado, ese lazo de enamoramiento y fidelidad resultaba beneficioso para las crías.
El capítulo termina con la exposición de algunas hipótesis que tratan de explicar el por qué de la desnudez de nuestra especie (interesantes –sobre todo la de la neotenia- pero tampoco abundaré en esto por ahora). Pasemos al segundo capítulo: Sexo.
Confusión es lo que caracteriza nuestra vida sexual. Como primates tenemos ciertos impulsos, otros como carnívoros, y otros como miembros de una complicada comunidad civilizada. Morris escribe: “Para empezar, (el mono desnudo) debe todas sus cualidades sexuales básicas a su antepasado el mono de los bosques, comedor de frutos. Estas características fueron después drásticamente modificadas para adaptarlas a su vida de cazador en campo abierto. Esto era bastante difícil, pero, a continuación, tuvo que adaptarse al rápido desarrollo de una estructura social crecientemente compleja y determinada por la cultura.”
Describe tres etapas por las que pasa el comportamiento sexual: formación de la pareja, actividad precopulativa y cópula. El zoólogo reconoce que existen diversos comportamientos sexuales en las diferentes sociedades y culturas, pero describe el que cree puede ser tomado como el representante del moderno mono desnudo.
Describe los fenómenos fisiológicos que se presentan durante la excitación y el acto sexual. Expone que el sexo refuerza el lazo entre la pareja. Así, ciertas características de nuestra especie (la forma de los lóbulos de las orejas, de la nariz, de los labios y de los senos) evolucionaron para mantener el interés sexual de la pareja. Otros temas son: el orgasmo femenino (que según Morris es un “fenómeno tomado de prestado del macho”), la relación con los hijos, la utilidad del himen, la monogamia y la poligamia (“hagan lo que hagan las oscuras y atrasadas tribus actuales, la corriente principal de nuestra especie manifiesta su tendencia a construir parejas exclusivas en su forma extrema, es decir, en las relaciones monógamas a largo plazo”). Morris concluye que nuestro comportamiento sexual ha dado forma a la civilización (y no a la inversa): “fue la naturaleza biológica de la bestia la que moldeó la estructura social de la civilización, y no ésta la que moldeó a aquella.”
A continuación describe dos fuerzas en conflicto: la agudización de la sexualidad para mantener unida a la pareja y su apaciguamiento cuando los miembros de la pareja se encuentran separados (“a fin de evitar el estímulo excesivo de terceros”).
Llegamos al asunto de la homosexualidad.
Desde el inicio nos vamos percatando del enfoque que le dará el zoólogo: “La función primordial del comportamiento sexual es la reproducción de la especie, y es evidente que esto no puede lograrse con la formación de parejas homosexuales.”
Morris distingue entre los actos homosexuales esporádicos y la fijación homosexual.
En el primer caso no se crean lazos homosexuales duraderos. Habla de dos tipos de actos homosexuales esporádicos: aquellos que sirven para evitar las agresiones y para resolver problemas de dominio, y aquellos que se presentan cuando el estímulo biológicamente correcto no está al alcance de un individuo, así “un miembro del mismo sexo es empleado como sucedáneo, como ‘mal menor’, en la actividad sexual.”
¿Por qué Morris habla del “estímulo biológicamente correcto”? Porque piensa sólo en la reproducción: “desde el punto de vista de la reproducción, la formación de un lazo homosexual es inconveniente, ya que no puede conducir a la producción de retoños y estropea la posible función reproductora de los adultos.”
Escribe que los actos homosexuales que no crean lazos duraderos se presentan tanto en otras especies como en la nuestra. En nuestra especie dice que “Cuando los machos o las hembras, por el motivo que sea, no encuentran acceso sexual a los individuos del sexo contrario, buscan otro deshago a sus impulsos. A veces, acuden a miembros de su propio sexo; otras veces, llegan a valerse de miembros de otra especie; otras se masturban. Minuciosos estudios americanos de comportamiento sexual revelan que, en una sociedad, un 13 por ciento de las hembras y un 37 por ciento de los varones, han realizado, antes de los cuarenta y cinco años, contactos homosexuales productores de orgasmo. Los contactos sexuales con otras especies animales son mucho más raros (porque, naturalmente, éstas no ofrecen el adecuado estímulo sexual), y sólo se han registrado en el 3,6 por ciento de la hembra y en el 8 por ciento de los varones. La masturbación, aunque carece del ‘estímulo del compañero’, es, empero, tan fácil de iniciar que se produce con mayor frecuencia. Se calcula que un 58 por ciento de las hembras y un 92 por ciento de los varones se masturban en alguna época de su vida.”
Morris valora los diferentes comportamientos sexuales desde la que llama moralidad zoológica (no olvidemos la profesión del autor). Ésta se refiere al éxito o fracaso en la reproducción: “Si ciertos hábitos sexuales impiden el éxito reproductor, podemos calificarlos sinceramente de biológicamente inadecuados.”
De ahí que la homosexualidad, la masturbación, la zoofilia o cualquier actividad sexual inútil desde el punto de vista de la reproducción resulten inofensivas siempre y cuando no se produzca una fijación, esto es, mientras no disminuyan la potencia procreadora a largo plazo de los individuos “afectados”. Así, esta moralidad zoológica le lleva a considerar como anómalos (desde el punto de vista de la reproducción, vale repetirlo) a grupos como los de monjes, monjas, solterones y solteronas y homosexuales permanentes. En cambio “ninguna práctica sexual por muy asquerosa u obscena que parezca a los miembros de una civilización particular, puede ser biológicamente criticada, mientras no impida el éxito reproductivo en general. Si los más chocantes refinamientos del acto sexual contribuyen a asegurar que se producirá la fertilización entre los miembros de una pareja, o que se fortalecerán los lazos de la misma, entonces ha cumplido su misión reproductora y es, biológicamente, tan aceptable como la costumbre sexual más ‘limpia’ y aprobada por todos.”
Morris también escribe acerca de la forma en que podría producirse una fijación homosexual importante. Así, llega a considerar que el ambiente familiar influye en las tendencias homosexuales: “Si en el ambiente familiar los retoños se ven sometidos a una madre varonil y dominadora, o a un padre débil y afeminado, esto puede acarrearles una considerable confusión. Las características de comportamiento actuarán en un sentido, y las anatómicas en otro. Si al llegar a la madurez sexual los hijos buscan compañeros que tengan las cualidades de comportamiento (más que las anatómicas) de la madre, están expuestos a elegirlos más entre los varones que entre las hembras. Las hijas corren un riesgo similar, pero a la inversa.”
Pero Morris propone un escenario en el que la “moralidad biológica (o zoológica)” puede ya no aplicarse: cuando existe una superpoblación. “Teniendo en cuenta este problema de superpoblación, podría argüirse que la necesidad de reducir drásticamente el índice de reproducción destruye todas las críticas biológicas que pueden hacerse a las categorías no reproductoras, tales como frailes y monjas, solteronas y solterones empedernidos, y homosexuales permanentes. Esto es cierto desde el exclusivo punto de vista de la reproducción, pero no resuelve otros problemas sociales con los que, en ciertos casos, tendrán que enfrentarse, aislados en su especial papel minoritario. Sin embargo, mientras sean miembros bien adaptados y valiosos de la sociedad, al margen de la esfera procreadora, su no contribución al aumento explosivo de la población puede considerarse altamente beneficiosa.”
Tenemos entonces que para Morris el comportamiento sexual que tenemos como especie no es el resultado de la cultura, según sus tesis la monogamia y la fidelidad tienen bases biológicas. Recordemos que Morris ya había escrito que: “fue la naturaleza biológica de la bestia la que moldeó la estructura social de la civilización, y no ésta la que moldeó a aquella.”
¿Cuál es el futuro de nuestro comportamiento sexual? Desmond Morris afirma que si llegamos a modificarlo será no por su fracaso sino por su éxito excesivo.
¿Cuál es el futuro de nuestro comportamiento sexual? Desmond Morris afirma que si llegamos a modificarlo será no por su fracaso sino por su éxito excesivo.

2 comments:
hace un rato hcie un psot sobre su ultimo libro que te dire es todo un eprsonaje es interesante lo que plantea pero no lo suscribo.
Hola, de hecho fue en tu blog donde me enteré del nuevo libro de Morris.
Saludos.
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