Thursday, September 27, 2007

LA CAJA IDIOTA
(¿Puede existir una televisión inteligente?)


Un ser extraterrestre recién llegado a la Tierra –si hiciera un examen de lo que presentamos principalmente a nuestros hijos en televisión, radio, cine, periódico, revistas, cómics y muchos libros- podría llegar fácilmente a la conclusión de que queremos enseñarles asesinatos, violaciones, crueldad, superstición, credulidad y consumismo. Insistimos en ello y, a fuerza de repetición, por fin muchos de ellos quizá aprendan. ¿Qué tipo de sociedad podríamos crear si, en lugar de eso, les inculcáramos la ciencia y un poco de esperanza?
El mundo y sus demonios. Carl Sagan.


El día de ayer vi por segunda ocasión el programa “Defensor del televidente”, un espacio dentro de la programación del Canal 22. Se trata de una reflexión acerca de la programación que está ofreciendo dicho canal. En Defensor del televidente se afirma que canal 22 desea tener televidentes críticos.

Me parece interesante que un canal tenga un programa dedicado a verse de forma crítica, ya que lo que abunda en la televisión mexicana es la autocomplacencia.

¿Se imaginan un programa hecho en Televisa o TV Azteca dedicado a examinar la basura que la misma televisora produce? Y no estoy pensando en un programa de supuesta crítica artística, como la que asegura hacer la señora Paty Chapoy; sino de que artistas (verdaderos, ya que los actorcillos de televisión y cantantes de cuarta suelen decir que son artistas), escritores, comunicadores, filósofos y científicos, entre otros intelectuales, analicen los contenidos de la TV.

El periódico “El Centro” invitó a Roberto Gómez Bolaños -Chespirito- a escribir una columna semanal (ésta lleva por título “Síganme los buenos”). He leído dos veces esa columna, en una de ellas Gómez Bolaños mostraba su desacuerdo con la frase que da titulo a esta entrada, y escribía que, en realidad, idiota es la persona que usa dicha frase, ¿por qué decía esto el comediante? Porque afirmaba que si bien es cierto que en la televisión hay muchos programas idiotas, también es cierto que hay muy buenos contenidos.

Desde hace algunos meses el escritor Jorge Volpi tomó la dirección del Canal 22. En la anterior entrada comenté algo sobre el programa “La oveja eléctrica”, apuntaba que parece un buen programa de divulgación científica.

Esto me trae a la mente las siguientes preguntas: ¿es posible que exista una televisión inteligente?, ¿la televisión es idiota por naturaleza? Tengo la intención de escribir acerca de esto en varias entradas, por lo pronto expongo lo que ha escrito al respecto Giovanni Sartori.


HOMO VIDENS

Un suceso importante, trascendente o trágico puede ser conocido por todo el planeta de forma casi inmediata. En internet podemos encontrar una noticia analizada desde diferentes puntos de vista. Pero ¿permiten los medios de comunicación comprender lo que sucede en el mundo?

En su “Homo videns, la sociedad teledirigida” Giovanni Sartori afirma que la palabra está siendo destronada por la imagen, y esto está transformando al ser humano. El video –para este autor- transforma al homo sapiens en homo videns. Lo visible adquiere mayor importancia que lo inteligible, y esto se traduce en un ver sin entender.

Sartori comienza su análisis señalando que lo que hace único al ser humano es su capacidad simbólica, “Y la capacidad simbólica de los seres humanos se despliega en el lenguaje, en la capacidad de comunicar mediante una articulación de sonidos y signos ‘significantes’, provistos de significado.” Existen diferentes tipos de lenguaje, algunos de ellos no tienen a la palabra como elemento principal, pero “el lenguaje esencial que de verdad caracteriza e instituye al hombre como animal simbólico es el ‘lenguaje-palabra’, el lenguaje de nuestra habla.”

Sartori continúa su argumentación señalando que los seres humanos podemos reflexionar sobre lo que decimos, con el lenguaje no sólo comunicamos sino que también pensamos. Un punto importante de su argumentación es que las cosas en las que pensamos (los conceptos filosóficos o científicos, por ejemplo) no son visibles. Dice Sartori: “casi todo nuestro vocabulario cognoscitivo y teórico consiste en palabras abstractas que no tienen ningún correlato en cosas visibles, y cuyo significado no se puede trasladar ni traducir en imágenes.” Algunos ejemplos son: justicia, legitimidad, legalidad, libertad, etc. De igual forma “toda nuestra capacidad de administrar la realidad política, social y económica en la que vivimos, y a la que se somete la naturaleza del hombre, se fundamenta exclusivamente en un pensamiento conceptual que representa –para el ojo desnudo- entidades invisibles e inexistentes.” Sartori menciona que algunos conceptos abstractos pueden representarse mediante imágenes, pero se trata de distorsiones de esos conceptos.

El homo videns nace con la televisión, ya que los libros, los periódicos, el teléfono y la radio, son “elementos portadores de comunicación lingüística.”

¿Qué sucede con la televisión? “el hecho de ver prevalece sobre el hecho de hablar, en el sentido de que la voz del medio, o de un hablante, es secundaria, está en función de la imagen, comenta la imagen. Y, como consecuencia, el telespectador es más un animal vidente que un animal simbólico. Para él las cosas representadas en imágenes cuentan y pesan más que las cosas dichas con palabras.”

Un concepto importante en la tesis de Sartori, es el video-niño: alguien que ha visto (horas y horas) la televisión antes de aprender a leer y a escribir. El principal problema es que “el niño formado en la imagen se reduce a ser un hombre que no lee. (...) un adulto sordo de por vida a los estímulos de la lectura y del saber transmitidos por la cultura escrita. Los estímulos ante los cuales responde cuando es adulto son casi exclusivamente audiovisuales (...) es, pues, un adulto marcado durante toda su vida por una atrofia cultural.” Sartori al hablar de cultura se refiere a “saber”: “una persona culta es una persona que sabe, que ha hecho buenas lecturas o que, en todo caso, está bien informada.”

El homo videns es un ser con una pobre capacidad de entender: “Así pues, en síntesis, todo el saber del homo sapiens se desarrolla en la esfera de un mundus intelligibilis (de conceptos y de concepciones mentales) que no es en modo alguno el mundus sensibilis, el mundo percibido por nuestros sentidos. Y la cuestión es está: la televisión invierte la evolución de lo sensible en inteligible y lo convierte en el ictu oculi, en un regreso al puro y simple acto de ver. La televisión produce imágenes y anula los conceptos, y de este modo atrofia nuestra capacidad de abstracción y con ella toda nuestra capacidad de entender (...) el mundo en imágenes que nos ofrece el vídeo-ver desactiva nuestra capacidad de abstracción y, con ella, nuestra capacidad de comprender los problemas y afrontarlos racionalmente.”

Sartori analiza también Internet y la cibernavegación. Internet puede usarse con diferentes propósitos, uno de ellos es buscar conocimiento, “la cuestión es qué número de personas utilizarán Internet como medio de conocimiento. (...) Afirmo de nuevo que las posibilidades de Internet son infinitas, para bien y para mal. Son y serán positivas cuando el usuario utilice el instrumento para adquirir información y conocimientos, es decir, cuando se mueva por genuinos intereses intelectuales, por el deseo de saber y de entender. Pero la mayoría de los usuarios de Internet no es, y preveo que no será, de esta clase.”

Sartori hace un análisis acerca de la forma en que se maneja la información en la televisión. Comienza diciéndonos que si algo caracteriza a este medio es que entretiene, relaja y divierte; además “Después de haber ‘formado’ a los niños, continúa formando, o de algún modo, influenciando a los adultos por medio de la ‘información’.” La televisión informa de lo que acontece en el mundo, informa de lo que sucede en la aldea global; pero además de informar, la televisión crea opiniones: “Actualmente, el pueblo soberano ‘opina’ sobre todo en función de cómo la televisión le induce a opinar. Y en el hecho de conducir la opinión, el poder de la imagen se coloca en el centro de todos los procesos de la política contemporánea.”

Para Sartori información y conocimiento son cosas distintas; la información por sí misma no nos permite comprender los acontecimientos. Por otro lado, el autor distingue entre información frívola (sobre acontecimientos sin importancia) e información importante; entonces concluye que “la televisión informa poco y mal.”

También distingue entre subinformación y desinformación. En el primer caso se entiende una información insuficiente (“reducir en exceso”), en el segundo se entiende una distorsión de la información (“dar noticias falseadas que inducen al engaño al que las escucha”). Aunque la televisión llega a más personas que los periódicos y la radio, en realidad da menos informaciones; además, la información que se transmite por TV es aquella que se ha filmado, “y si no hay formación no hay ni siquiera noticia, y, así pues, la noticia no se ofrece, pues no es ‘vídeo-digna’.”
Señala Sartori que en los noticiarios se leían las noticias hasta que se descubrió que la misión de la televisión es mostrar aquello de lo que se habla (estar en el lugar de los hechos). Esto, para Sartori, provoca algo que contradice la aldea global: “limita la televisión a lo cercano (a las aldeas cercanas) y deja al margen las localidades y los países problemáticos o a los que cuesta demasiado llegar con un equipo de televisión.” Según Sartori, son cada vez más abundantes las noticias locales y cada vez más escasas las internacionales.

Al tener que mostrar imágenes de todo lo que se habla, surge otro problema: “una inflación de imágenes vulgares, es decir, de acontecimientos tan insignificantes como ridículamente exagerados.” Sartori habla del pseudo-acontecimiento: el hecho que acontece sólo porque hay una cámara que lo está rodando, y que, de otro modo, no tendría lugar; un evento prefabricado para la televisión y por la televisión.

La televisión no es –para Sartori- el mejor medio que tenemos para comprender los acontecimientos locales y mundiales:

“El hombre de la cultura escrita y, por tanto, de la era de los periódicos leía, por ejemplo, alrededor de quince acontecimientos diarios significativos –nacionales o internacionales- y por regla general cada acontecimiento se desarrollaba en una columna del periódico. Este noticiario se reduce al menos a la mitad en los telediarios; y con tiempos que a su vez descienden a 1 ó 2 minutos. La reducción-comprensión es enorme: y lo que desaparece en esa comprensión es el encuadre del problema al que se refieren las imágenes. Porque ya sabemos que la imagen es enemiga de la abstracción, mientras que explicar desarrolla un discurso abstracto. Ya he dicho en otras ocasiones los problemas no son ‘visibles’. Lo que podemos ver en la televisión es lo que ‘mueve’ los sentimientos y las emociones: asesinatos, violencia, disparos, arrestos, protestas, lamentos; y en otro orden de cosas: terremotos, incendios, aluviones e incidentes varios. En suma, lo visible nos aprisiona en lo visible. Para el hombre que puede ver (y ya está), lo que no ve no existe. La amputación es inmensa, y empeora a causa del por qué y del cómo la televisión elige ese detalle visible, entre cien o mil acontecimientos igualmente dignos de consideración.”

¿Cómo desinforma la televisión? Sartori menciona tres de las distorsiones informativas más importantes: 1. las estadísticas mal interpretadas (las matemáticas pueden no mentir pero las interpretaciones sí), 2. las entrevistas casuales (“el transeúnte no representa a nada ni a nadie: habla sólo por sí mismo”) y 3. alentar la excentricidad, el ataque y la agresividad.

Sobre este último punto dice (y aquí tenemos información para meditar si es posible la existencia de una televisión que no sea idiota): “la visibilidad está garantizada para las posiciones extremas, las extravagancias, los ‘exagerados’ y las exageraciones. Cuanto más descabellada es un tesis, más se promociona y se difunde. Las mentes vacías se especializan en el extremismo intelectual y, de este modo, adquieren notoriedad (difundiendo, se entiende, vaciedades). El resultado de ello es una formidable selección a la inversa. Destacan los charlatanes, los pensadores mediocres, los que buscan la novedad a toda costa, y quedan en la sombra las personas serias, las que de verdad piensan.”

¿Una imagen vale más que mil palabras? No para Sartori. ¿Por qué? Por que también la imagen miente. ¿Si fotografiamos algo, ese algo existe y es como se ve? “No hay duda de que los noticiarios de la televisión ofrecen al espectador la sensación de que lo que ve es verdad, que los hechos vistos por él suceden tal y como él los ve. Y, sin embargo, no es así. La televisión puede mentir y falsear la verdad, exactamente igual que cualquier otro instrumento de comunicación. La diferencia es que la ‘fuerza de la veracidad’ inherente a la imagen hace la mentira más eficaz y, por tanto, más peligrosa.” El engaño televisivo puede o no ser intencionado. La televisión, para Sartori, es siempre más o menos falsa, pues descontextualiza. “La verdad es que para falsear un acontecimiento narrado por medio de imágenes son suficientes unas tijeras. Además, no es absolutamente cierto que la imagen hable por sí misma.”

El engaño televisivo, como vemos, puede o no ser intencional, cuando no es intencional ¿a qué se debe el engaño? “Los medios de comunicación, y especialmente la televisión, son administrados por la subcultura, por personas sin cultura (...) Actualmente, proliferan las mentes débiles, que proliferan justamente porque se tropiezan con un público que nunca ha sido adiestrado para pensar. Y la culpa de la televisión en este círculo vicioso es que favorece –en el pensamiento confuso- a los estrambóticos, a los excitados, a los exagerados y a los charlatanes. La televisión premia y promueve la extravagancia, el absurdo y la insensatez.”

¿Qué tan fácil es vender mentiras en la televisión? Después de exponer ciertos experimentos, Sartori concluye: “el vídeo-dependiente tiene menos sentido crítico que quien es aún un animal simbólico adiestrado en la utilización de símbolos abstractos. Al perder la capacidad de abstracción perdemos también la capacidad de distinguir entre lo verdadero y lo falso.”

De lo que apunta sobre la globalización no apuntaremos nada. Sólo diremos que a lo largo de su trabajo Sartori muestra el tipo de televisión que se tiene en la globalización, en la “aldea global”, y el tipo de ciudadano que provoca. Cita a Ferratori: “La lectura le cansa. Intuye. Prefiere el significado resumido y fulminante de la imagen sintética. Ésta le fascina y lo seduce. Renuncia al vínculo lógico, a la secuencia razonada, a la reflexión que necesariamente implica el regreso a sí mismo.”

Los otros medios de comunicación siguen el ejemplo de la televisión: “Sucede lo mismo con los periódicos: imitan y siguen a la televisión, aligerándose de contenidos serios, exagerando y voceando sucesos emotivos, aumentando el ‘color’ o confeccionando noticias breves, como en los telediarios.”

Continuará...

Friday, September 14, 2007

Divulgación científica en la TV mexicana

Hace unos días compré el más reciente número de la revista Muy interesante. Aunque en ocasiones ha llegado a publicar artículos pseudocientíficos (de Enrique de Vicente, por ejemplo), también ha publicado artículos escépticos. Lo mismo ha publicado textos de Javier Armentia –presidente de ARP-SAPC- que entrevistas a James Randi, a Carl Sagan o a Paul Kurtz -presidente del CSI, antes CSICOP-. De hecho, hace algunos años publicó un excelente número especial sobre escepticismo.

Desde hace tiempo José Gordon tiene una columna llamada Tocar lo invisible. En esta ocasión su columna lleva por título “¿Dios en el cerebro?” Gordon escribe sobre las investigaciones de Vilayanur Ramachandran, Andrew Newberg y Michael Persinger. En uno de los experimentos de Newberg participó Richard Dawkins. Para quien no conozca los trabajos e ideas desarrolladas por estos investigadores sólo mencionaré que se trata de averiguar lo que sucede en el cerebro mientras la gente medita o hace oración, y estudiar si mediante la estimulación eléctrica del cerebro pueden producirse “experiencias místicas” (“viajes astrales” y/o “abducciones por extraterrestres”). Por su parte, el biólogo Richard Dawkins es un ateo militante cuyo más reciente libro se ha publicado en español con el título de “El espejismo de Dios”, tres de sus artículos son "¿Para qué sirve la religión?", "Buenas y malas razones para creer" y "La improbabilidad de Dios". Gordon comenta que Dawkins no logró tener una experiencia mística durante un experimento con Persinger. He escrito algo sobre Newberg en Lo sagrado en la ciencia ficción.

La frase de la serie Expedientes secretos X es “la verdad está allá afuera”, pero para los escépticos “la verdad está aquí dentro”. Dios, los extraterrestres que abducen, las experiencias astrales y otras supuestas experiencias paranormales están aquí, en nuestra cultura, en nuestras sociedades, en nuestro cerebro, en nuestras neuronas. “Hay otros mundos pero están en éste”, parafrasea a Paul Éluard el escéptico Luis Ruiz Noguez.

Y en la misma columna de Gordon se anuncia un programa de TV llamado “La oveja eléctrica”. Dicho programa se transmite los martes a las 7:30 de la noche por el canal 22 y es conducido por José Gordon. En las dos emisiones que he visto han pasado fragmentos de una entrevista realizada al premio Nobel de física George Smoot, también ha participado el comediante Andrés Bustamante caracterizado como el Dr. Chunga, y Manuel López Michelone “la Morsa” ha conversado de computación. Se ha hablado de ciencia ficción, de astrofísica y de la relación entre el arte y la ciencia, entre otras cosas.

Repito que sólo he visto dos emisiones, pero el programa se ve bastante atractivo y promete realizar una buena divulgación de la física. Ah, por cierto, el nombre del programa se debe a la novela de Phillip K. Dick “¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?”.