Saturday, July 28, 2007

EROS

Para Josafat


Se decía que los habitantes de Sodoma eran pusilánimes, que el pavor a morir los obligaba a ser esclavos de los placeres. Es verdad que para nosotros el placer era un encantamiento que nos hacía olvidar que algún día ya no seríamos. Cuando Lot y yo éramos jóvenes, y él se tendía sobre mí, la muerte se alejaba, despojada de sus armas, vencida por el peso de su cuerpo tibio. En las primeras noches, mientras en la ciudad otros se amaban al mismo tiempo que nosotros –y qué benévola y fraternal me parecía esa coincidencia, estar unidos en el gozo con otros de los que no sabíamos ni el nombre-, creí entender para qué nos había sido otorgada la vida. En Sodoma el deseo y la belleza, efímeros y todopoderosos, son sagrados.

La mujer de Lot. Verónica Murguía.

Un ángel ebrio caminando de madrugada por las calles de la ciudad de México es una presa fácil.

Estaba cerca del Palacio de Bellas Artes cuando lo encontró su victimario. El joven alado ni siquiera se percató de que era observado.

El ángel se lamentaba por un amor perdido. Habían ya transcurrido dos años desde que su amante había partido, y aún no podía superar aquella ruptura.

“¿En qué lugar del universo te encuentras?, ¿aún recuerdas nuestro amor?, ¿pensarás todavía, aunque sea sólo de vez en cuando, en lo mucho que nos quisimos?...”, preguntó a gritos. El silencio fue la única respuesta que obtuvo, sacó de su chamarra una botella de alcohol y le dio un trago. Los cientos de ángeles y humanos con los que había salido (y con los que había fornicado) de nada le habían servido... simplemente no podía olvidar a su antiguo amor.

Ángel caminó hasta las afueras del metro Salto del agua; decidió sentarse al borde de la banqueta; a sus espaldas, victimario permaneció de pie.

Ángel comenzó a llorar.

Victimario no pudo evitar ponerse nervioso cuando pasaron dos trasnochadores; “nada de testigos, por favor”, pensó y se recriminó por haberse alterado por el paso de simples mortales. Y es que sabía que lo que planeaba hacer podría costarle muy caro. Una cosa es alimentarse de seres humanos, otra hacerlo con uno de Ellos.

Ángel le daba otro trago a su botella cuando victimario se sentó a su lado. Victimario no pudo evitar sentir ternura por aquel que en unos minutos dejaría de sufrir, y también se reprochó por ello. “¿Ternura por mi alimento?, me doy asco.”. ¿Pero hay alguien que no se conmueva con un ángel que de tan joven aún cree en el amor? “El amor es un burdo engaño, pero no podrás llegar a saberlo”, pensó victimario.

El vampiro acarició la mejilla del muchacho. Las lágrimas de ángel humedecieron la mano de quien se convertiría en su verdugo. Victimario llevó su mano a sus labios. En cuanto la lengua del vampiro tuvo contacto con aquellas lágrimas, la ternura cedió su lugar a la excitación.

Ángel volteó asustado. La fogosidad del vampiro aumentó al observar el bello rostro del adolescente. Ángel intentó en vano levantarse. Victimario sonrió con el objetivo de calmar al jovencito, pero ángel pensó que aquella sonrisa no podía significar algo bueno.

-No deseo hacerte daño. –Explicó victimario tratando de calcular la edad de ángel, concluyó que no pasaría de los 17 años.

-Me hablaron de ustedes... me previnieron, me dijeron que me cuidara... si hubiera escuchado... –Balbuceó el hermoso ángel.

-Conmigo de nada tienes que preocuparte.

Victimario, tratando de ser convincente, tomó la mano de ángel. Ángel sonrió, y victimario, sin poder contenerse, besó aquellos sensuales labios.

-Nadie merece tus lágrimas. –Victimario sintió tanta rabia por haber pronunciado aquellas palabras que de inmediato soltó la mano de ángel. “Si no te controlas terminarás pidiéndole que sea tu novio.”, se dijo a sí mismo.

-Yo aún lo amo.

Y el llanto volvió a hacer acto de aparición. Ángel dio otro trago a la botella, y ofreció un trago a victimario.

-Parece que tú lo necesitas más, de cualquier forma lo acepto... Rechazarte sería una descortesía de mi parte.

Después de unos minutos de silencio, ángel reinició la plática.

-¿Te has enamorado?, ¿te han roto el corazón?

Victimario sonrió, si se había enamorado en algún momento de su larga existencia, ya lo había olvidado. ¡Seis siglos no son poco, y vaya que el tiempo no pasa en vano!

-No recuerdo, aprendí rápido.

-¿Aprendiste qué?

-Que el amor es un invento... Se trata de un concepto cuya única finalidad es manipular la sexualidad de los demás... Es una forma de opresión, de control...

-No te entiendo. –Ángel limpió sus lágrimas y bebió más.

-Eres muy joven, por ello es que no te has dado cuenta de eso. Te metieron en la cabeza esa tontería de encontrar a alguien especial con quien pasar toda tu existencia... –Estuvo a punto de exponer lo que por tantos años había reflexionado, pero ángel estaba tan borracho que hacerlo hubiera resultado absurdo.

-Pero... él sí era especial...

Victimario sonrió nuevamente al tiempo que acariciaba las alas de su interlocutor. Ángel pensó que aquel vampiro era fascinante, y sin poder contenerse besó sus labios.

-Estás amargado. –Espetó ángel sonriendo.

-¡¡¿Qué?!! –A victimario le sorprendió aquella frase, pensó en golpear al atrevido, pero de la boca de ángel salió otra sorprendente frase.

-No te enojes y dame otro beso.

Y al beso le siguió otro, y a éste, otro, y...

Después vinieron las caricias, y posteriormente llegaron a la conclusión de que necesitaban comprar algunas botellas de mezcal, de que hacía mucho frío y de que sería mejor dirigirse a un hotel.



***

Durante las siguientes horas aquel par disfrutó de una mezcla de dolor y placer.

¿Cuántos gemidos se escucharon antes del amanecer? Imposible saberlo. También imposible es saber el número de sollozos lanzados por cada uno. La faena sólo llegó a su fin hasta que ambos estuvieron satisfechos, y para que tal cosa sucediera fueron necesarios más de cien embates por parte del vampiro, y de mil por parte de ángel. Placer y dolor en una perfecta mezcla.

Victimario se recriminó por no haberse atrevido a hacerlo antes. Que estaba violando la ley era cierto. Que el castigo por aquella acción podía ser terrible también lo era. Pero también cierto era que había valido la pena...

Una vez que terminaron, los dos fueron vencidos por el sueño.

Victimario jamás había sentido tanto placer, aquello le había resultado por completo novedoso, como si hasta ahora realmente hubiera tenido su primera experiencia sexual... Ángel también disfrutó de la jornada... pero en realidad había sido como cualquier otra.

Y es que victimario jamás había estado con uno de Ellos. Ángel, en cambio, ya había estado con muchos otros similares a victimario...

***

La luz del sol despertó a ángel. Ya eran las siete de la mañana, sabía que era el momento de terminar con aquello. Miró al vampiro y lo comparó con su antiguo amor (aquel que le había mostrado lo que era el auténtico goce). Victimario no era más que un vampiro común y corriente, nada especial.

Especial era el vampiro al que extrañaba. Excepcional era aquel por el que sufría, aquel que se había marchado después de haberlo convertido en lo que ahora era.

Clavó sus colmillos en el cuello de victimario y sin titubear le succionó la vida. Victimario dejó de respirar y ángel lo miró con indiferencia.

El apuesto adolescente se duchó, y después de arreglarse un poco salió del hotel. “Por cierto, ¿a qué hora y en dónde conocí a este vampiro?... ¡Qué más da!” Le urgía tomarse algo para aliviar el dolor de cabeza que le recordaba la enorme cantidad de alcohol bebida la noche anterior...

“¿En qué lugar del universo te encuentras?...”

Un ángel ebrio caminando de madrugada por las calles de la ciudad de México puede resultar mortalmente peligroso.

Monday, July 16, 2007

LA LITERATURA DE LUIS ZAPATA

Una de mis novelas favoritas es El vampiro de la colonia Roma (en esta entrada puede leerse algo sobre su protagonista: Adonis García). La semana pasada fui a la Biblioteca de México José Vasconcelos. Me puse a curiosear en la sección de literatura mexicana y encontré el libro Crónica literaria. Un siglo de escritores mexicanos (ediciones cal y arena) de José Joaquín Blanco.

En esta obra Blanco hace crítica literaria. ¿Por qué realizar dicha labor? El autor escribe: “Converso libros, creo mis lecturas. Los libros sin respuesta se quedan en una especie de impunidad solitaria que equivale a la inexistencia, al limbo; la lectura hace existir los libros, y la respuesta crítica les ofrece una corroboración inmediata de su existencia, un frontón ostensible de que no son meros fantasmas tipográficos en delirio.”

En su libro José Joaquín Blanco incluye seis ensayos sobre la literatura de Luis Zapata. Estos ensayos fueron escritos en diferentes épocas (el primero es de 1979 mientras que los dos últimos son de 1992). Joaquín Blanco escribe sobre El vampiro de la colonia Roma, En jirones, La hermana secreta de Angélica María y ¿Por qué mejor no nos vamos? Pero en esta entrada sólo me referiré a lo que escribe sobre El vampiro; específicamente señalaré lo que Blanco anota sobre tres cuestiones: lo que ha logrado Luis Zapata con su literatura, las virtudes de El vampiro de la colonia Roma (mismas por las que, paradójicamente, fue duramente criticado) y los rasgos distintivos y cualidades de Adonis García.

¿Qué escribe Blanco sobre el carácter y la personalidad de Adonis? “El personaje por ahí declara que quien no es feliz, se lo merece por pendejo; y bajando y subiendo por sus recuerdos, sus sueños y sus reflexiones –otra excepción: es el único personaje inteligente, pensante, fuerte y sobre todo capaz de decidir a cada momento su destino, entre todos los guiñapos que ha producido la onda coloquialista-; yendo, regresando, sesgando y finteando, siempre vive con una altísima dignidad y un sentido del humor tan alegre como cabrón. Es un personaje que la literatura vuelve persona; jamás se tipifica, o representa, o clasifica: vive, y con una dureza que es una forma superior de amor por su propio cuerpo, por su vida y los cuerpos y las vidas de los demás, y por los placeres y las realidades que en su variadísima vida ha aprendido a ejercer; a los que ninguna chingadera, ni aun las más gruesas, ha corrompido con el cinismo y el odio. Dudo absolutamente que la narrativa mexicana de las últimas décadas tenga una persona tan compleja y viva como este Adonis, con tanta nobleza dura e irónica y capacidad de estímulos. Y así va contando su vida, como para sí mismo, sin tomarse el trabajo de seducir, agredir, concienciar o sensibilizar al lector. Así es él en su libertad. Tómenlo o déjenlo...”

Blanco escribe sobre algunos de los problemas que Zapata enfrentó:

“Desde su primera edición (junio de 1979), El vampiro de la colonia Roma fue un estallido: al mismo tiempo escándalo social que éxito de crítica y de ventas, lo que ya es mucho decir en un país antilibresco donde generalmente no importa nada que no salga en la televisión. Pero las cuentas de su impacto público distaron de ser alegres: el machismo, la ignorancia, el oscurantismo y la beligerante cursilería se encarnizaron contra Luis Zapata como contra ningún otro novelista mexicano vivo. En la prensa y en la más peligrosa tenebra del chismorreo, en intentos de sabotaje desde el propio concurso que legítimamente ganó; en grandes y pequeños obstáculos desde la tipografía misma hasta las cadenas comerciales y más de una librería que se negaron a exhibir y vender su obra; en injurias insólitas públicas y privadas, que lo mismo sonaron en las superiores jerarquías políticas que entre los personajes prestigiosos o desprestigiados de la academia y de la comunicación, se dio una especie de linchamiento moral y literario capaz de turbar los nervios más templados.”


Adonis García no solamente es un homosexual, es un chichifo, un joven dedicado a la prostitución; ¿fue esa la razón por la que Zapata enfrentó estos problemas? Sí, pero sólo en parte. ¿Qué otra cosa influyó para que la novela fuera tan atacada? He aquí la respuesta de Blanco: la seriedad profesional con que está escrita.

“Creo que fue esto, la seriedad literaria, la razón del escándalo y no la mera anécdota de homosexualidad y prostitución. Las películas, las revistas, los periódicos, las carpas, las conversaciones de cantina y excusado jamás se han apartado de tales asuntos, pero siempre como algo sucio, falso, ridículo; la sociedad mexicana ha tolerado relativamente a personajes serviles y pretendidamente refinados dentro de su corte, pero nunca homosexuales sin caricatura, que no exigen nada más pero nada menos que la cabal condición humana y civil. El escándalo consistió en que el tema homosexual escapara del WC, de la carpa, de la nota roja y de los melodramas de tisú y de organdí, y se instalara abierta y desnudamente en las calles y las plazas como un asunto integralmente humano en la dignidad social y personal de su diferencia. Un libro obsceno más, como los millones de revistas y periódicos amarillistas, no hubiera resfriado a nadie; un libro serio, digno y hermoso pareció un abuso.”

En la interpretación de Blanco, las razones anteriores explican la táctica que se aplico a la novela de Zapata: negarle respetabilidad. Continúa el crítico: “La ignorancia y la cursilería supusieron que lo vulgar, lo fácil o superficial era hablar de ello (de la sensualidad, el erotismo y el sexo), cuando ocurre precisamente lo contrario: no hay nada más difícil, nada que requiera mayor inteligencia y sostenido rigor intelectual. Lo pésimo, lo trillado, lo oportunista habría sido recurrir al sentimentalismo o a las perversidades de circo. Intentar la desnudez, la naturalidad y la plenitud de la carne, sin pedir disculpas, sin la súplica patética del corazón melodramático o las perversidades de guardarropía, no sólo era un reto moral, sin un arriesgadísimo proyecto literario. Y si, en efecto, las andanzas eróticas del Vampiro no deben espantar ni excitar a ningún lector adulto, es precisamente porque su eficacia se limpió de toda morbosidad y al ventilar los secretos de cama y de la calle, los volvió perfectamente naturales y cotidianos, iluminados además por la transparencia solar de un humor franco.”

Una última pregunta: ¿Qué ha logrado Zapata con su literatura? Blanco dice que sus novelas “sacaron finalmente del clóset a la literatura homosexual y la volvieron literatura plena; ya no los meros desvanes de la nota roja, el WC, el rincón sentimental, el zoológico de cristal o el aparador de modas. El vampiro de la colonia Roma fue el parteaguas –de ahí el escandalizado escarnecimiento con que la sociedad y la academia mexicanos lo recibieron-, el momento en que se acabó con una literatura homosexual de gettho, detenida en la queja o la autocomplacencia enrarecidas, y se ganó la calle y la expresión seria y franca: cuando ya sin medias voces, referencias en clave o discreción atemorizada, los libros y autores homosexuales pudieron ocupar el mismo sitio que los demás, sin ningún prestigio especial, pero sin ninguna prerrogativa de menos. Y a partir de entonces sólo los valores comunes de honestidad, inteligencia y belleza habrán de diferenciar los diversos tipos de expresión.”

Para finalizar esta entrada podemos decir, junto con José Joaquín Blanco, que Luis Zapata, con El vampiro de la colonia Roma, además de haberse atrevido a escribir el libro prohibido, lo escribió bien.