El jefe de redacción de este blog envió a uno de sus fotógrafos a tomar imágenes de las actividades que se llevaron a cabo el pasado 17 de mayo en el Hemicíclo a Juárez por la Jornada mundial de lucha contra la homofobia.
He aquí la lista de las mismas:
Así te ves cuando discriminas a un gay
Así te ves cuando discriminas a una persona transexual
Prohibida la transfobia
Homofobia
Monólogo
Homofobia en México
Alto a la violencia
Cadenas
Tuesday, May 22, 2007
Thursday, May 17, 2007
ENSEÑANDO A LA MOSCA A ESCAPAR DEL FRASCO
(TERAPIA FILOSÓFICA)
(TERAPIA FILOSÓFICA)
¿Cuál es su meta filosófica?
Mostrar a la mosca la salida del frasco.
¿Cuál es tu objetivo en filosofía?
Mostrarle a la mosca la salida de la botella cazamoscas.
Ludwig Wittgenstein. Investigaciones filosóficas.
Anthony Kenny, en el cuarto capítulo de su libro “El legado de Wittgenstein”, explica cuál es la naturaleza de la filosofía según el autor del Tractatus Logico-Philosophicus.
Kenny escribe que Wittgenstein “compara la filosofía con una técnica médica, con una terapia, con un método para curar. Por otra parte, parece que ve a la filosofía como la que da una interpretación completa, una visión clara del mundo (...) Wittgenstein también pensó en la filosofía como similar a la medicina física, como similar a una cura de enfermedades físicas (...) Pero la filosofía es una medicina que, en ocasiones, es curativa y, en ocasiones, es preventiva...”
Si bien es cierto que había leído comentarios de Wittgenstein como “El tratamiento que da el filósofo a una cuestión es como el tratamiento de una enfermedad.”, “En filosofía no se puede cortar ningún tipo de enfermedad propia del pensamiento. Debe seguir su curso natural, pues lo que importa es la curación paulatina. (De ahí que los matemáticos sean tan malos filósofos).” o “El filósofo es aquel que debe curar en sí mismo muchas enfermedades del entendimiento, antes de poder llegar a las nociones del sano entendimiento humano”, nunca había pensado en la terapia filosófica de Wittgenstein.
Si se compara la filosofía con una terapia, ¿qué tipo de terapia es?, ¿en qué consiste?, ¿quiénes son los posibles pacientes?, ¿quiénes deben someterse a esa terapia?, ¿qué tipo de problemas se tratan en ella?, ¿qué resultados se obtienen?, ¿cuándo se considera que una persona ha sido curada?
Las respuestas dependen de la terapia a la que nos sometamos. Explica Kenny que “La filosofía no es una terapia única, sino un conjunto de terapias: ‘No hay un método filosófico, aun cuando ciertamente hay métodos, como terapias diferentes’”.
Wittgenstein escribió sobre la existencia de varios métodos filosóficos, sin embargo, solamente estoy relacionado con la filosofía del primer Wittgenstein, por ello es que sólo puedo escribir sobre la terapia que, desde el nivel de comprensión en el que me encuentro, creo ofrece el Tractatus y el positivismo lógico. Así que no escribiré sobre la terapia que pudieran ofrecer “Las investigaciones filosóficas”.
Comencemos exponiendo cuáles son los problemas que podemos resolver mediante terapia filosófica y, al mismo tiempo, en qué consiste la terapia.
En La superación de la metafísica cité las siguientes palabras de Rudolf Carnap: “Si la sintaxis gramatical tuviera una exacta correspondencia con la sintaxis lógica no podrían formarse pseudoproposiciones... en un lenguaje construido de un modo lógicamente correcto la metafísica no podría expresarse”. Recordemos que los positivistas lógicos y Wittgenstein compartían la convicción de que la filosofía realmente se ha ocupado de seudoproblemas, cuando uno se percata de ello entonces los problemas filosóficos se disuelven, ¿y qué pasa con la filosofía? se ocupa de analizar si las proposiciones tienen o no sentido (recordemos lo que quiere decir que una proposición tenga sentido: “Tener sentido significa ser verdadera o falsa: el ser efectivamente verdadera o falsa constituye la relación de la proposición con la realidad, que nosotros significamos diciendo que tiene sentido”).
Escribe Wittgenstein: “la tarea de la filosofía no es la de crear un lenguaje nuevo, ideal, sino aclarar el uso del lenguaje (...) su mira es la de eliminar malentendidos particulares; no es la de producir, por primera vez, un entendimiento real”.
En el Tractaus leemos: “La mayor parte de los interrogantes y proposiciones de los filósofos estriban en nuestra falta de comprensión de nuestra lógica lingüística”.
Recordemos que Wittgenstein le escribió a Bertrand Russell –en agosto de 1918- que había resuelto todos los problemas filosóficos.
En el mismo Tractatus encontramos estas palabras: “El resultado de la filosofía no son ‘proposiciones filosóficas’, sino el que las proposiciones lleguen a clarificarse. La filosofía debe clarificar y delimitar nítidamente los pensamientos, que de otro modo son, turbios y borrosos”.
Delimitar nítidamente los pensamientos significa distinguir entre proposiciones con sentido y proposiciones sin sentido.
Los problemas filosóficos son confusiones gramaticales, ¿y en qué momento los adquirimos? Según Kenny: “Conforme a la doctrina cristiana, todos nacemos en un estado de pecado; conforme a Wittgenstein, no nacemos en un estado de pecado filosófico, pero lo adquirimos con el lenguaje. Junto con el lenguaje, junto con todos los beneficios que aporta el lenguaje, junto con todas las posibilidades que aporta para nuestra forma de vida, adoptamos, sea que lo queramos o no, ciertas tentaciones; debemos de resistirlas para no engañarnos”. En palabras de Wittgenstein: “La filosofía no está encarnada en las proposiciones, sino en el lenguaje. En nuestro lenguaje hay incorporada toda una mitología.”
Tenemos entonces que el resultado de someternos a la terapia filosófica es percatarnos del sinsentido de los “problemas” a los que se ha enfrentado la filosofía.
El filósofo escribió acerca del “chocar con los límites de nuestra jaula”: “Los resultados de la filosofía son la revelación de uno u otro sinsentido claro y de chichones que ha adquirido el entendimiento al chocar su cabeza en contra de los límites del lenguaje. Estos chichones nos hacen ver el valor del descubrimiento”.
John M. Heaton, en su libro Wittgenstein y el psicoanálisis, afirma que: “Wittgenstein no se proponía crear teorías ni encontrar causas, sino resolver la falta de claridad. Afirmaba que somos como moscas que hemos quedado atrapadas en una botella y que vamos de un lado a otro zumbando sin sentido. Debemos llegar a comprender claramente cómo hemos llegado hasta allí. La compulsión a teorizar nos mantiene dentro de la botella. Debemos reencontrar los horizontes de la comprensión y el sentimiento que están implícitos en nuestro uso del lenguaje y que olvidamos cuando sobreviene en nosotros la confusión y desarrollamos síntomas”.
Kenny lo expresa de la siguiente manera: “una de las cosas que deseaba hacer (Wittgenstein) en filosofía era convertir el sinsentido latente en sinsentido patente. Cuando sufrimos de problemas filosóficos tenemos un poco de sinsentido oculto en nuestras mentes y la única forma de curarlo es ponerlo al descubierto” La terapia filosófica puede comparase con la terapia psicoanalítica “en tanto que algo que es un trozo reprimido de sinsentido en mi mente se hace luego un sinsentido explícito. Yo le doy expresión, así como en un tratamiento freudiano hago explícitas mis emociones reprimidas; ésta es parte de la forma de ser curado de los malos resultados de la represión.”
Los matemáticos, para Wittgenstein, tenían dudas reprimidas, sobre eso escribió: “yo saco a relucir todos los problemas que un niño aprendiendo aritmética, etc., encuentra difíciles, los problemas que la educación reprime sin resolver. Les digo a esas dudas reprimidas: ¡estáis en lo correcto, seguid preguntando, exigid aclaración!”
Entonces la filosofía (entendida como el análisis lógico del lenguaje) nos permite percatarnos de que sólo en las ciencias naturales es posible crear un discurso con sentido. Al llegar a este punto la metafísica ha sido superada.
Al curarnos -en palabras de John M. Heaton y siguiendo la metáfora de la mosca atrapada en la botella- “las confusiones desaparecen y la botella se desvanece cuando logramos orientarnos respecto del horizonte apropiado y comenzar a hablar con sentido (...) Damos nacimiento a los problemas porque no advertimos que es nuestro pensamiento y el uso que hacemos del lenguaje lo que crea los problemas.”
El silencio es la prueba de que estamos curados, o siendo más precisos, estamos curados cuando somos capaces de guardar silencio cuando lo deseamos.
En palabras de Wittgenstein: “El descubrimiento real es uno que me hace capaz de dejar de hacer filosofía cuando yo quiero.”
¿A qué se refería? A que no es necesario hacer filosofía como tarea previa para realizar otra cosa; para Wittgenstein la filosofía no es un fundamento de otras actividades. Veamos un ejemplo: los filósofos de la ciencia discuten acerca de cuál es el método científico (más aún, discuten sobre su existencia), pero no por ello se ha detenido el quehacer científico. Se podrá discutir (eternamente, si se quiere) si es posible o válido el conocimiento científico y no por ello dejará la ciencia de funcionar; no es necesario resolver los problemas a los que se enfrenta la filosofía de la ciencia para que pueda existir la ciencia. Si se cree lo contrario (esto es que la filosofía proporciona los fundamentos) el filósofo no podrá ni deberá parar.
Escribe Wittgenstein: “La filosofía soluciona o, más bien, elimina sólo problemas filosóficos; no pone nuestro pensamiento sobre una base más sólida. Lo que ataco es, sobre todo, la idea de que es crucial –p. ej.- la cuestión ‘qué es el conocimiento’. Eso es lo que parece ser; parece como si aún no supiésemos nada en absoluto hasta que podamos contestar esa pregunta. En nuestras investigaciones filosóficas parece como si tuviésemos una prisa terrible por completar una lista de rezagos de tareas inconclusas que han de completarse o bien todo lo demás parece que cuelga del aire.”
Kenny escribe: “De hecho es absurdo decir ‘No podemos saber nada hasta que sepamos lo que es saber’ (...) la filosofía no es una ciencia que estudie una disciplina como una totalidad y le dé un fundamento.”
Al percatarse de lo anterior el filósofo puede dejar a un lado su preocupación, su desesperación, puede tomarse un respiro. Esa tranquilidad era buscada por Wittgenstein: “Paz en los pensamientos. Esta es la anhelada meta de aquel que filosofa.”
Si nada sucede cuando el filósofo guarda silencio, ¿para qué comenzar nuevamente a hablar?, ¿para qué seguir creando discursos filosóficos?, si el silencio nos proporciona paz, ¿para qué atormentarnos volviendo al parloteo?
Es que nuestro espíritu no parece tan tranquilo con el silencio. El silencio puede proporcionar paz a quien ha estado produciendo “sonidos guturales” (usando el término con el que los positivistas lógicos se referían a la metafísica), pero una vez que el cansancio ha pasado, aparece la tentación de continuar con esos sonidos. ¿Por qué deseamos continuar parloteando?
La respuesta de Wittgenstein es la siguiente: “Sentimos que aun cuando todas las posibles cuestiones científicas hayan recibido respuesta, nuestros problemas vitales todavía no se han rozado en lo más mínimo.”
Pero si dejar de filosofar no afecta a disciplinas como la ciencia, ese silencio sí puede meternos en problemas. Puede ser peligroso no someterse a terapia...
Podemos pasar a las dos primeras preguntas planteadas al inicio: ¿quiénes son los posibles pacientes?, ¿quiénes deben someterse a esa terapia? Kenny escribe: “el paciente para análisis en filosofía es la persona que sufre un error filosófico”. ¿Y quiénes sufren de errores filosóficos?
En realidad todos somos candidatos a someternos a la terapia filosófica, ¿por qué? Porque nuestro lenguaje nos permite violar la lógica, pensar absurdos o sinsentidos.
Ahora nos preguntamos: ¿y si no nos sometemos a terapia? Tratemos de encontrar una respuesta. Kenny escribe: “...la respuesta a la pregunta ‘¿Para qué entrar en la filosofía?’ es que todos somos filósofos, buenos o malos, lo queramos o no; nuestro lenguaje nos hace filósofos” En otra parte de su escrito abunda: “cada uno de nosotros, cada ser humano, está atrapado en errores filosóficos”. Sobre esto Wittgenstein anotó: “La filosofía es una herramienta útil en contra de los filósofos y en contra del filósofo dentro de nosotros”.
Sin embargo la confusión filosófica –afirma el mismo Kenny- no hace ningún daño práctico, citamos nuevamente a Wittgenstein: “No es en la vida práctica donde encontramos problemas filosóficos (como encontramos problemas científicos) –es cuando comenzamos a construir oraciones, no para la vida práctica, sino bajo la influencia de ciertas analogías del lenguaje”.
En la parte final de su escrito Kenny reflexiona sobre el progreso en filosofía. ¿Por qué la filosofía no progresa en la misma forma en que lo hace la física? ¿Progresa la filosofía como lo hace la ciencia o el arte? ¿Qué diferencias y qué semejanzas hay en el progreso de estas disciplinas?
Sobre el concepto de progreso en filosofía, Wittgenstein escribió:
“Siempre se oye decir a la gente que la filosofía no progresa y que los mismos problemas filosóficos que ya preocupaban a los griegos aún nos preocupan hoy. Pero la gente que dice eso no entiende la razón por la que tiene que ser así. La razón es que nuestro lenguaje ha permanecido el mismo y siempre nos introduce a las mismas cuestiones. Mientras haya un verbo ‘ser’ que parece funcionar como ‘comer’ y ‘beber’; mientras haya adjetivos como ‘idéntico’, ‘verdadero’, ‘falso’, ‘posible’; mientras la gente hable del paso del tiempo, de la extensión del espacio y demás; mientras todo esto suceda, la gente siempre se topará con las mismas dificultades molestas y siempre fijará la mirada en algo que ninguna explicación parece ser capaz de eliminar”.
Kenny compara el progreso en la filosofía con el progreso en la expansión de pi: “los matemáticos han hecho grandes progresos desde los días de Pitágoras (...) Sin embargo, en otro sentido, no hay progreso, no están más cerca del fin de la expansión de pi de lo que lo estuvo Pitágoras...” Más adelante agrega que cada época tiene sus enfermedades filosóficas que enfrentar.
Wittgenstein consideraba que si una investigación científica se realizaba de forma correcta, entonces no tenía por qué repetirse; esto no pasa en filosofía. ¿Por qué?
Habría dos maneras de ver la investigación filosófica: la filosofía como actividad colectiva e histórica y la filosofía como algo personal, es decir, como algo que necesita hacer cada individuo.
Sobre la filosofía como algo que debe realizar cada individuo, Kenny escribe: “La filosofía es algo que cada uno debe hacer por sí mismo; una actividad que es, esencialmente, no tan sólo de manera accidental, un luchar en contra de las propias tentaciones intelectuales. Es claro que esto no puede ser algo que lo haya hecho, de una vez y para todas, la raza humana en el siglo XVII y luego no necesite volver a hacerse. (...) En el caso de curar una enfermedad individual o en el caso de una disciplina mental, no se puede decir que una vez que se ha hecho no necesita hacerse de nuevo. Debe hacerse para cada persona de nuevo; de esa manera, todo el mundo tiene que comenzar nuevamente y no hay progreso”.
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