Thursday, January 18, 2007

HOMOFOBIA Y SOCIEDADES DE CONVIVENCIA
(Segunda y última parte)


2. De cuando se votó la ley de Sociedades de Convivencia


CONSTRUYENDO RELACIONES DE PAREJA


Dentro del colectivo LGBT hay quienes hacen una crítica hacia aquellos que desean tener el derecho al matrimonio, esos críticos señalan que sólo se está tratando de copiar el modelo heterosexual de pareja. Otros señalan que luchan por el derecho al matrimonio, se llegue o no a hacer uso de éste. Regresando al foro de diversidad sexual que mencioné en la primera parte, Abel Quiroga (miembro de Acción Colectiva de los Derechos de las Minorías sexuales A.C.), por ejemplo, mencionaba sobre esto (su participación se tituló “Nuevos amores, nuevas familias y la homofobia en su esplendor): “Si bien el matrimonio es el único modelo cultural de pareja que también los gay conocemos, resulta que ni como modelo funciona plenamente. Tiene parte de mito como todo valor ideal, y a demás pareciera no estar diseñado para una relación homosexual.” También hacía notar que ni nombre tienen estas relaciones: “y a lo sumo, se toma prestado del vocabulario tradicional, como por ejemplo, cuando un gay, medio en broma, medio en serio, habla de su novio o de su marido.”


Jordi Petit, de la Asociación Internacional de Gays y Lesbianas (ILGA), en su conferencia magistral “Diversidad sexual y experiencias de reformas legislativas en el contexto internacional”, mencionó las leyes que hasta 1994, y en el plano internacional, eran vigentes con respecto a las uniones de homosexuales. Afirmó que en algunos países es posible el matrimonio entre personas del mismo sexo (Dinamarca, Islandia y Noruega, entre otros; para actualizarnos -2006- podemos incluir a España y a Sudáfrica, éste último se convirtió el pasado 14 de noviembre en el primer país africano que legaliza el matrimonio entre homosexuales), mientras que en otros, las uniones entre homosexuales se regulan como meros contratos civiles (al estilo de una sociedad anónima o mercantil), sin equipararlas al matrimonio.

Berenice San José, de El Closet de Sor Juana, dedicó su participación a la pareja homosexual. Para ella, son prejuicios los que causan que no se reconozca a este tipo de parejas:

“Las limitaciones que sufre la pareja homosexual en general están fundamentados en los estereotipos y estigmas atribuidos a las personas homosexuales, en quienes no se reconocen las posibilidades de éxito, ni el sostenimiento de valores humanos universales; por el contrario, se fomenta su discriminación y marginación. El mantenimiento de la pareja heterosexual se establece como la única posibilidad con una orientación sexual reconocida y aceptada, con el fin centrado en la reproducción humana, para el resguardo de los valores y principios de la sociedad.”

¿Cómo conciben a la pareja homosexual quienes no reconocen su validez? Berenice apuntaba: “La pareja homosexual, trátese de lesbianas o de hombres gay, tienen una situación y trato socialmente diferente. No solamente se les concibe como una relación con el fin exclusivo de la satisfacción y prácticas sexuales desenfrenadas, sino que incluso se les limita en las posibilidades reales del ejercicio de sus derechos para el mantenimiento de un compromiso estable y seguro a largo plazo, así como en la formación de una familia. Es decir, en la pareja entre personas con prácticas homosexuales no se reconoce el vínculo afectivo, ni los compromisos económicos y de socialización involucrados, mucho menos las capacidades formativas y de sostén social que pueden representar para los miembros de su familia, ya que se les impide la adopción y no existen servicios que faciliten el ejercicio de sus derechos reproductivos.”

Al final de su participación hacía propuestas, entre ellas:

Establecer el marco legal para el reconocimiento de la pareja homosexual como un compromiso formal entre dos personas que deciden compartir sus vidas, que incluye responsabilidades y derechos entre ambos.

Hacer de las uniones de hecho una relación con derechos plenos e iguales a los del matrimonio.

Establecer el marco legal para que la pareja homosexual pueda disfrutar de los apoyos sociales de que goza la pareja heterosexual (p.e. crédito para vivienda, seguro médico, guardería, apoyo moral).

Establecer el marco jurídico que proteja a los miembros de la pareja homosexual (p.e. propiedades, herencia, distribución de bienes).

Establecer el marco jurídico que garantice el ejercicio de los derechos de la pareja homosexual (p.e. matrimonio, divorcio, adopción, pensión).

Impulsar el reconocimiento de la pareja homosexual en las leyes y contratos legales que regulan las relaciones ciudadanas (p.e. contratos laborales, compra de bienes, designación de beneficiarios) que garanticen el pleno disfrute de los beneficios sociales.

Impulsar el reconocimiento social de la pareja homosexual y sus familias, como un estilo de vida más que posibilita otras formas de relación entre sus miembros (p.e. a través de los medios de comunicación, en las currículas y en los programas de atención).


¡NO A LOS TORCIDOS!

Decía en la primera parte de este trabajo que el discurso homofóbico (el falso reconocimiento o la falta de éste) afecta la vida en sus diferentes esferas, mencionaba entre ellas la laboral, la familiar y la escolar, otra de las áreas afectadas es la de pareja.

El escritor Luis Zapata publicó en 1985 la novela “En jirones”, José Joaquín Blanco comenta en el prólogo:

“Es necesario señalar, de cualquier manera, que en la novedad social y cultural que ha sido en la segunda mitad de este siglo la aspiración de los homosexuales de llevar una vida abierta y aceptada, la relación de pareja no se ha dado tan fácilmente como se supone ha de darse entre heterosexuales, de modo que sin duda alguna el esfuerzo del protagonista por construirse un amor de pareja profundo y verdadero mucho revela de las dificultades, por no decir las imposibilidades, que la vida homosexual ha encontrado para dejar el tradicional nomadismo clandestino. En muchas sociedades, sobre todo en países culturalmente rezagados, como México –y más aún, en zonas como el Bajío, donde ocurre En jirones-, todo podrá ser posible para los homosexuales, menos la pareja real en una relación a la vista pública: todo conjura contra ella: familias, vecinos, religión, leyes; sólo le quedan, como décadas atrás, las cavernas cantineras de la noche. En esta medida, Sebastián está pidiendo imposibles. Hay cierto pecado de hybris, en el contexto contemporáneo y mexicano de la novela, en aspirar al amor homosexual como amor pleno, más allá de las noches de calles y bares, de las playas, los baños y los parques del homosexual nómada. Por esa ambición de no tomar su amor homosexual como recodo vergonzante, Sebastián es castigado.”

Once años después de haber sido escritas las anteriores palabras, ha comenzado -en palabras del escritor Carlos Monsiváis- a hacerse pensable lo que la derecha considera impensable, “y eso es realmente magnífico”.

La discusión con respecto a las Sociedades de Convivencia comenzó el 26 de abril del 2001, fue entonces cuando se presentó por vez primera esta iniciativa en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal. En julio del 2002 el Partido Acción Nacional frena la aprobación. Durante el 2003 queda congelada por “falta de tiempo”, Andrés Manuel López Obrador, entonces Jefe de Gobierno del Distrito Federal, propone consultar a la sociedad, y se presenta una propuesta modificada. El año pasado los socialdemócratas reviven la iniciativa y se somete a votación.

El nueve de noviembre del año pasado, detractores de la ley y militantes del Colectivo LGBTTT, comenzaron a llegar a la ALDF a las seis de la mañana. La intención de los grupos conservadores era impedir que se realizara la sesión. Debido a los empujones y al enfrentamiento verbal se pidió la intervención del agrupamiento femenil de tránsito de la Secretaría de Seguridad Pública local (posteriormente también intervinieron los granaderos). Los manifestantes quedaron divididos: la Red Familias, la Asociación Juventud y Vida, la Unión Nacional de Padres de Familia y la Unión Fraternal de Iglesias Cristianas Evangélicas quedaron sobre la calle de Allende; los que estaban a favor de la ley de las Sociedades de Convivencia, sobre Donceles.

Los conservadores llevaban pancartas en las que podían leerse mensajes como: “No a la ley homosexual”, “Amamos a la familia, no a la Ley de Sociedades de Convivencia”, “Por el honor de la familia normal, ¡no a la ley gay!”, “No queremos a Sodoma ni a Gomorra.”, “Por la niñez, no a la ley homosexual”, “Mi hija no tiene por qué ver torcidos besándose”, “¡¡No!! la ley Gay Ebrad”. El término “torcidos” es revelador. No se referían a “homosexuales” o a “personas con orientación sexual diferente a la heterosexual”, se trataba de “torcidos”. La falta de reconocimiento se hace patente: no puedes creer que ciertos individuos puedan tener derechos (y obligaciones) cuando simplemente los insultas o descalificas, es decir, cuando ni siquiera te refieres a ellos con respeto. Además de las pancartas y gritos como “hombre y mujer, así tiene que ser” y “¡Familias unidas jamás serán vencidas!”, los conservadores rezaron, cantaron alabanzas a Dios y mostraron sus biblias.

Alrededor de la una de la tarde se desechó la moción suspensiva presentada por el PAN. Fue cuando se retiraron los grupos conservadores. A las 15 horas con 45 minutos se conoció la votación final: a favor 43 votos (PRD, Convergencia, Alternativa, PRI y dos diputados del Panal), en contra 17 votos (todos ellos del PAN) y cinco abstenciones.


¿QUÉ SON LAS SOCIEDADES DE CONVIVENCIA?


Esto se explica en los primeros cinco artículos, mismos que pertenecen al Capítulo I (Disposiciones generales):

Artículo 1.- Las disposiciones contenidas en la presente ley son de orden público e interés social, y tienen por objeto establecer las bases y regular las relaciones derivadas de la Sociedad de Convivencia en el Distrito Federal.
Artículo 2.- La Sociedad de Convivencia es un acto jurídico bilateral que se constituye, cuando dos personas físicas de diferente o del mismo sexo, mayores de edad y con capacidad jurídica plena, establecen un hogar común, con voluntad de permanencia y de ayuda mutua.
Artículo 3.- La Sociedad de Convivencia obliga a las o los convivientes, en razón de la voluntad de permanencia, ayuda mutua y establecimiento del hogar común; la cual surte efectos frente a terceros cuando la Sociedad es registrada ante la Dirección General Jurídica y de Gobierno del Órgano Político-Administrativo correspondiente.
Artículo 4.- No podrán constituir Sociedad de Convivencia, las personas unidas en matrimonio, concubinato y aquéllas que mantengan vigente otra Sociedad de Convivencia.
Tampoco podrán celebrar entre sí Sociedad de Convivencia, los parientes consanguíneos en línea recta sin límite de grado o colaterales hasta el cuarto grado.
Artículo 5.- Para los efectos de los demás ordenamientos jurídicos, la Sociedad de Convivencia se regirá, en lo que fuere aplicable, en los términos del concubinato y las relaciones jurídicas que se derivan de este último, se producirán entre los convivientes.

Los beneficios se explican en el Capítulo III (De los Derechos de los Convivientes):

Artículo 13.- En virtud de la Sociedad de Convivencia se generará el deber recíproco de proporcionarse alimentos, a partir de la suscripción de ésta, aplicándose al efecto lo relativo a las reglas de alimentos.
Artículo 14.- Entre los convivientes se generarán derechos sucesorios, los cuales estarán vigentes a partir del registro de la Sociedad de Convivencia, aplicándose al efecto lo relativo a la sucesión legítima entre concubinos.

Entre las deficiencias de esta ley se señalan las siguientes: Omite la seguridad social, es decir, sus integrantes no pueden compartir protección médica ni créditos mancomunados o del Infonavit. Para disolverse no necesitan de un acuerdo común y no brinda garantías para la parte dejada.

Sobre esto, Carlos Monsiváis escribe: “hay varios puntos pendientes para el reconocimiento pleno de derechos entre uniones de este tipo. El principal es la posibilidad de proporcionar seguridad social y otro tipo de prestaciones a alguna de las parejas que carezca de ella. Para lograr este punto se requiere aún una reforma en la ley federal sobre la materia.”

Ezequiel Rétiz, del PAN, afirma que la ley aprobada contiene “múltiples problemas técnicos en cuanto a su contenido, estructura normativa y proceso legislativo. Además de que genera un conflicto de normas, sobrerregulación, inseguridad jurídica y vicios de inconstitucionalidad.”

Por su parte, Enoé Uranga, autora del proyecto de ley de sociedades de convivencia, afirma que la norma es perfectible, pero también afirma que carece de inconsistencias jurídicas, como argumentan los panistas que votaron en contra. Uranga dice que en el 2001 el Tribunal Superior de Justicia del Distrito Federal analizó el primer dictamen y determinó que tenía solidez en la técnica legislativa y que era aplicable.


¿AVANCE O RETROCESO?

Rafael Cruz Báez, del grupo GHAI, expresó durante el foro ya mencionado: “Parece increíble que casi a la entrada del siglo XXI, existan grupos de mentalidades arcaicas, dogmáticas y violentas que insisten en negar el derecho de los demás a ser como se quiera ser, a vestir como se quiera vestir, a amar como se quiera amar y a pensar como se quiera pensar, estos grupos tratan de frenar todo avance progresista desde cualquier trinchera, lo hacen desde una supuesta moral pública aceptable para ellos, que no para todos, tomando incluso aspectos religiosos y peor aún, tratando de incidir en políticas públicas y de presión hacia el gobierno. (...) Reclamamos y exigimos derechos civiles y ciudadanos completamente iguales al resto de la población porque además somos ciudadanos de primera como cualquier otro, pagamos impuestos y por lo tanto reclamamos que parte de esos recursos económicos también sean canalizados en beneficio nuestro, porque nosotros y nosotras contamos también, y a la hora de tomar decisiones cada día más seremos una fuerza con visibilidad y presencia propia. Es así como queremos incidir hoy y aquí en propuestas legislativas que contribuyan no sólo a eliminar la discriminación por nuestra orientación sexual, sino que también nos de un marco de mayores y mejores oportunidades en los campos del derecho civil y social tales como el derecho al registro civil de nuestras parejas, garantías de salud y médicas para las mismas, de adopción y en general de seguridad social.”

Ocho años después de expresadas esas palabras vemos que no pierden actualidad. ¿Qué significó la aprobación de la ley de las Sociedades de Convivencia?

Algunos le dan un significado erróneo. Armando Martínez –director del Colegio de Abogados Católicos- mencionó al respecto: “Vemos con tristeza y preocupación que más allá de la búsqueda de un bien común, esta nueva ley está siendo tomada como una venganza contra la iglesia católica por los grupos más radicales de la izquierda.” ¿Cómo puede alguien creer que algo por lo que por mucho tiempo ha luchado el colectivo LGBT (el reconocimiento social y legal de sus hogares) sea simplemente una venganza contra la Iglesia católica? Esto, en una palabra, es absurdo.

Otros consideran que se está poniendo en peligro la existencia misma de la sociedad, ya que ésta se fundamenta en la familia (en su limitado concepto de familia, claro); para otros, entre los que me cuento, se trata de un avance. Daré tres razones para considerarlo así.

Unos días antes (el 7 de noviembre), en el periódico “Impacto” Carlos Villa Roiz escribió:

“Ninguna religión que brote del Evangelio puede estar de acuerdo con las uniones homosexuales, pues explícitamente son condenadas por la Biblia, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento.

“El Islam también se opone a este tipo de uniones, por lo tanto se puede asegurar que se trata de una iniciativa de ley antirreligiosa, contraria a los preceptos divinos.

“Es de suponer que en un Estado laico como lo es México, este tipo de cuestiones poco importarán a los diputados que carezcan de religión, pero si alguno de ellos la tuviera, la Iglesia Católica ha advertido que cometerán una falta grave quienes voten a favor de esta iniciativa del PRD.”

Sobre esto, Florence Rochefort, especialista en historia de los feminismos y encargada del Centro Nacional de Investigación Científica de Francia, afirmó que la aprobación de esta ley es un triunfo para la laicidad porque se impone a pesar de la oposición de agrupaciones religiosas. Esta es la primera razón por la que considero que es un avance.

Segunda razón: es un paso de gran importancia el hecho de que las leyes reconozcan la existencia de hogares diferentes a los que tanto promueven y defienden los grupos conservadores (papá, mamá e hijos). Esta ley es una respuesta al lema de la Marcha del Orgullo LGBTTT del año 2005: “Porque nuestros hogares existen, que la ley los reconozca.” Con esta ley se da un paso a favor del verdadero reconocimiento social y legal de las parejas homosexuales.


Una tercera razón es que los sectores más conservadores e intolerantes manifiestan abiertamente su pensar y su sentir (“no a los torcidos”), de esta manera es posible el debate, la sociedad pide más información y así puede mostrarse la endeble base del discurso homofóbico (ejemplo de esto es el programa de TV “Reporte 13” conducido por el periodista Ricardo Rocha, en una de sus más recientes emisiones se presentó un debate entre quienes se oponen a esta ley, y una de sus defensoras: Enoé Uranga; otro ejemplo es el programa radiofónico “Biblioteca Pública”, que se transmite los domingos al medio día por Radio Red, la emisión del domingo 19 de noviembre se ocupó de la homosexualidad y la ley de Sociedades de Convivencia, el tema fue tratado seria y sensatamente).

Para finalizar transcribiré algo de lo que Monsiváis ha expresado sobre este tema:

“Alfred North Whitehead escribió: ‘Nada puede detener una idea cuyo tiempo ha llegado’, y la certeza de este axioma se observa en el reconocimiento creciente de los derechos reproductivos, y en hechos de diversa índole (verbigracia: el gobierno de la derecha ya no se atreve a decir ‘Iglesia’ y muy a su pesar, chiquillos y chiquillas, habla de ‘iglesias’; es cada vez más activa la defensa de los derechos de los niños; se intensifica la resistencia femenina a la violencia intrafamiliar; se extienden las antes clandestinas denuncias por violación). Y hace poco se vivió un acontecimiento de la mayor importancia vinculado a una idea cuyo tiempo ha llegado: los derechos de las minorías. La Asamblea Legislativa del Distrito Federal aprobó la Ley de Sociedades de Convivencia. (...) Al reconocer como suyos los derechos de las minorías, la Asamblea Legislativa proclama su compromiso con la sociedad que por ser diversa no admite que, ansioso de prohibir, el fundamentalismo declare su representación exclusiva del monoteísmo, con todo y ordenanzas (¡Ah, esos obispos que señalan airados y sin inmutarse que en la Biblia Dios se opone al condón!). Y examínese el modelo de sociedades de convivencia aprobado en la ciudad de México, que no es exclusivo para las parejas gays o lésbicas ni tampoco reclama un vínculo o trato sexual. En la exposición de motivos de la iniciativa se anota: este tipo de sociedades puede establecerse ‘en aquellas relaciones en las que no necesariamente exista trato sexual, sino sólo el deseo de compartir una vida en común, basada en auténticos lazos de solidaridad humana, de comprensión mutua y apego afectivo”.


REFERENCIAS

Sánchez Camacho David (Compilador), Memoria del Primer Foro de Diversidad Sexual y Derechos Humanos, Nueva Generación Editores, 1999, México.
Herrera Alejandra (Coordinadora), Literatura Gay, UAM Azcapotzalco, División de Ciencias Sociales y Humanidades, 2002, México.
Servín Magaña Rosalía, Avanza Ley de Sociedad de Convivencia en el DF., El Financiero, 8 de noviembre de 2006.
Villa Roíz Carlos, Frágil iniciativa de Ley del PRD, Impacto, 7 de noviembre de 2006.
Berumen Valeria, La Asamblea se pintó de rosa, Milenio, 10 de noviembre de 2006.
Berumen Valeria, Sociedades en Convivencia ya es ley Aprobada, Milenio, 10 de noviembre de 2006.
Romero Gabriela, Aprueban ley de sociedades tras casi 6 años de discusión, La Jornada, 10 de noviembre de 2006.
Sánchez Romero, Afuera también se peleó palmo a palmo por un espacio, La Jornada, 10 de noviembre de 2006.
Anónimo, Sociedades de convivencia: logro histórico, La Jornada, 10 de noviembre de 2006.

Friday, January 05, 2007

HOMOFOBIA Y SOCIEDADES DE CONVIVENCIA
(Primera parte)


INTRODUCCIÓN

Angélica Tornero, en su ensayo “Literatura homosexual”, escribe que la obra teatral El tercer Fausto de Salvador Novo, es considerada por algunos críticos como la primera que trata el tema de la homosexualidad. Tornero continúa diciendo que la segunda obra en este sentido es Invitación a la muerte (1943) de Xavier Villaurrutia, esta obra se estrenó en 1947. Otras obras son Signos del zodiaco (1951) de Sergio Magaña y Cada quien su vida de Luis G. Basurto, obra estrenada en 1955. La primera novela de tema homosexual escrita en nuestro país es El diario de José Toledo de Miguel Barbachano Ponce, escrita en 1962 y publicada en 1964. En 1969 José Ceballos Maldonado publica Después de todo, y en 1974 el libro de cuentos Del amor y otras intoxicaciones. El tema sería abordado también por autores como José Revueltas, Juan García Ponce y Sergio Pitol, entre otros.

Otro autor mencionado (evidentemente no podía faltar) por Tornero es Luis Zapata. Su primera novela se llamó Hasta en las mejores familias (1975). Pero es hasta 1979 cuando aparece El vampiro de la colonia Roma (en inglés se publicó con el nombre de Adonis García). Con esta obra Zapata obtuvo el Premio Juan Grijalbo.

Por su parte, Ignacio Trejo Fuentes afirma que fue todo un acontecimiento la publicación de El vampiro de la colonia Roma. ¿Por qué lo considera así? Porque el premio que ganó era el más importante del país (“debido al monto económico que se dio al ganador”), y “porque el editor hizo un tiraje amplísimo de la obra, casi inaudito en ese tiempo, y lo promocionó con todos los bombos y platillos. El vampiro... fue un éxito editorial rotundo, y desde el punto de vista estrictamente literario significó una verdadera revolución por el asunto que aborda: la homosexualidad masculina.” Adonis García no fue la primera “novela homosexual” pero sí la que “abrió las puertas a otros escritores ocupados de cuestiones similares: éstos vieron que era posible, y hasta redituable, decir sus verdades, proponer sus inquietudes, y se desató una oleada de novelas y cuentos y obras de teatro con temática gay.”

El narrador y dramaturgo Luis Zapata nació en Chilpancingo, Guerrero, en 1951. Obtuvo la licenciatura en letras francesas en la UNAM. También es autor de Los postulados del buen golpista, Paisaje con amigos, De amor es mi negra pena, La hermana secreta de Angélica María, Melodrama, En jirones, Ese amor que hasta ayer nos quemaba, ¿Por qué mejor no nos vamos? y De pétalos perennes (esta obra fue llevada al cine con el nombre de Confidencias por Jaime Humberto Hermosillo).

Regresemos al ensayo “Literatura homosexual”, Angélica Tornero continúa con otros autores hasta llegar a Arturo César Rojas. Escribe Tornero: “En 1983 se presentó la primera y única novela de ciencia ficción homosexual llamada Xerödnny: Donde el gran sueño enraíza, de Arturo César Rojas, con el seudónimo de Kalar Sailendra”.

Como ya he mencionado en otras entradas, la homosexualidad, dentro de la literatura de ciencia ficción, ha sido tratada en un gran número de trabajos (Ian McDowell, Poul Anderson, Theodore Sturgeon, Robert Silverberg, Joe Haldeman y Ray Bradbury son algunos de los autores que han escrito al respecto). De igual forma, ya habíamos visto que, además de Arturo Cesar Rojas (espero que en un futuro cercano pueda leer su space opera gay), Gabriela Rábago Palafox también abordó el asunto de la diversidad sexual.

En 1977 la revista Ciencia y Desarrollo (del Conacyt) comienza a publicar relatos de ciencia ficción; en 1983 publican la obra de un autor mexicano, al año siguiente publican la convocatoria del Primer Concurso Nacional Puebla de Cuento de Ciencia Ficción. Gabriela Rábago obtuvo este premio en 1988 por su relato Pandemia (fue la primera mujer en ganar dicho premio), y en esta obra se ocupa de la homosexualidad, el SIDA, la ignorancia y los prejuicios; pero también se ocupa de la forma en que los activistas hacen frente a la homofobia y a la falta de información.

Y como ya lo hiciera en la entrada en la que escribí sobre su trabajo, vuelvo a preguntar ¿es nuestro país muy diferente del mundo que imaginó Gabriela?, ¿qué ha ganado el colectivo Lésbico, Gay, Bisexual, Transexual, Transgénero y Travesti (LGBTTT) en materia de derechos?, ¿qué tanto hemos avanzado como sociedad?, ¿somos más tolerantes?, ¿contamos con más información?


1. HOMOFOBIA



El TÉRMINO "ORGULLO HOMOSEXUAL"

Hace tiempo escuche una crítica al término “orgullo homosexual”. El crítico (quien era homosexual) afirmaba que nadie habla del “orgullo heterosexual”, por tanto –concluía- es absurdo que alguien afirme estar orgulloso de ser gay.

Creo que el término “orgullo homosexual” existe en cuanto que existe un discurso anti-gay, es decir, un discurso homofóbico. En efecto, si ser gay o lesbiana fuera para la sociedad una característica individual como cualquier otra, entonces sí que resultaría poco atinado hablar del orgullo homosexual (de hecho ni siquiera existiría el término).

Explicaré esto recurriendo a un texto de Charles Taylor: “El multiculturalismo y la ‘política del reconocimiento’”. Taylor escribe sobre la relación entre el falso reconocimiento (o la falta de reconocimiento) y la identidad que se forman los individuos.

¿Qué se entiende por identidad? La interpretación que hace una persona de quién es y de sus características definitorias fundamentales como ser humano.

Pero ¿qué importancia tienen los otros en la formación de nuestra identidad?

La identidad se construye dialógicamente, nunca en el aislamiento del sujeto. Escribe Taylor: “La tesis es que nuestra identidad se moldea en parte por el reconocimiento o por la falta de éste; a menudo, también por el falso reconocimiento de otros, y así, un individuo o un grupo de personas puede sufrir un verdadero daño, una auténtica deformación si la gente o la sociedad que lo rodean le muestran, como reflejo, un cuadro limitativo, o degradante o despreciable de sí mismo. El falso reconocimiento o la falta de reconocimiento puede causar daño, puede ser una forma de opresión que aprisione a alguien en un modo de ser falso, deformado y reducido.”

Como ejemplos de quienes han recibido un falso reconocimiento, Taylor menciona a las mujeres (en las sociedades patriarcales), a los negros, a los indios y a los pueblos colonizados en general; podemos también mencionar a los homosexuales.

Y como la imagen que de sí mismos se forman los individuos está relacionada con el reconocimiento de los demás, entonces quienes reciben un falso reconocimiento (o quienes carecen de éste) se hacen de una pobre imagen de sí mismos, en otras palabras, los individuos adoptan la imagen que se les proyecta.

¿Qué daño puede causar el falso reconocimiento? “Puede infligir una herida dolorosa, que causa a sus víctimas un mutilador odio a sí mismas. El reconocimiento debido no sólo es una cortesía que debemos a los demás: es una necesidad humana vital.”

¿Qué diferencias existen entre el falso reconocimiento y la falta de reconocimiento?

Considero que en ocasiones es difícil distinguir entre uno y otro (el discurso homofóbico suele ser una mezcla de ambos), pero podemos afirmar que el falso reconocimiento consiste en tratar a ciertos individuos como intrínsecamente inferiores y, por tanto, reconocerles derechos limitados o mínimos (no se les persigue ni se les trata de eliminar); por su parte, la falta de reconocimiento consiste en considerar que ciertos individuos no tienen derechos, de ahí que se les suela perseguir para castigarlos o eliminarlos. Hay que aclarar que en ambos casos son sólo los prejuicios o las creencias infundadas la causa por la que se limitan o se niegan los derechos de los homosexuales.

Es posible que el término “orgullo homosexual” sea parte del intento por enfrentar el discurso anti-gay. Pero antes de explicar este punto, veamos en qué consiste, en este caso particular, el falso reconocimiento.


PRIMER FORO DE DIVERSIDAD SEXUAL Y DERECHOS HUMANOS


Las lesbianas y los homosexuales tienen el derecho
a ser, expresarse y demandar ser respetados
igual que cualquier otro ciudadano o ciudadana



El discurso homofóbico señala varias cosas (uso como sinónimos, en este caso, discurso homofóbico, falso reconocimiento, falta de reconocimiento y discurso anti-gay):

Los grupos religiosos más conservadores afirman que la homosexualidad es un pecado (la Iglesia católica afirma que los homosexuales que deseen acercarse a ella, deberán dejar de ejercer su sexualidad); la psiquiatría (“la ciencia”) afirmaba que era una enfermedad mental (el 17 de mayo de 1990 la Organización Mundial de la Salud suprimió a la homosexualidad de la lista de enfermedades mentales, es por ello que se ha propuesto el 17 de mayo como día mundial contra la homofobia; hace unos días la Cámara de diputados aprobó dicha fecha como el Día Nacional de Lucha contra la homofobia), es decir, una desviación; socialmente se ha considerado que apartarse de la heterosexualidad es actuar de forma antinatural.

En mayo de 1998 se llevó a cabo, en la Ciudad de México, el Primer Foro de Diversidad Sexual y Derechos Humanos (Orientación sexual y expresión genérica). Este foro fue organizado, a propuesta de David Sánchez Camacho, por diputados del Partido de la Revolución Democrática.

David Sánchez explicaba que la realización del foro respondía a dos demandas:

1) Al hecho de que las personas homosexuales, lesbianas, bisexuales y transgéneros conforman un sector que lamentablemente, en México como el mundo, ha sido históricamente discriminado, estigmatizado y marginado por las instituciones sociales, por motivo de su orientación sexual. Por lo tanto, la apertura de este espacio de discusión y análisis –como logró ser el foro- busca la plena efectividad de los derechos fundamentales de las personas con orientación sexual diversa a la heterosexual, para que su orientación sexual deje de representar una causa de exclusión social o impedimento del ejercicio pleno de su ciudadanía, sin iniquidades y en igualdad de condiciones de quienes tienen una orientación heterosexual; y 2) la deficiente procuración de justicia frente a las agresiones y crímenes por homofobia.

Los objetivos específicos fueron: “elaborar propuestas legislativas que contribuyan a eliminar toda forma de discriminación de las minorías sexuales y promover políticas públicas que garanticen la aplicación de las leyes, así como la elaboración de programas dirigidos hacia el sector de las personas homosexuales, lesbianas, bisexuales y transgéneros en los rubros educación, cultura, trabajo y salud.”

Durante los tres días en que se llevó a cabo este foro participaron especialistas en sexualidad, antropología, cultura, sexología, derechos humanos y salud. Se trataron una gran cantidad de temas; veamos algo de lo que se mencionó acerca de la homofobia.

El periodista y crítico de cine Carlos Bonfil explicaba que “La homofobia es el odio irracional a los disidentes sexuales, a los que se alejan del orden sexual impuesto, a quienes eligen ser, o se descubren, diferentes, a los que manchan con su apariencia o conducta los emblemas del machismo, a los adolescentes frágiles, a los niños amanerados, a las niñas que juegan con rifles y soldados, a los jóvenes que detestan el poliéster, a los que se visten de seda, a las locas, a las fuertes y llamativas locas que no saben disimular ni cambiar la voz ni enderezarse a tiempo, a aquellos que Carlos Monsiváis llama ‘los imposibilitados de fingimiento’.”

Paula Regueiro, de El Closet de Sor Juana, participó con la ponencia “Desconstruyendo la homofobia”, entre otras cosas anotaba:

“la orientación que se ha dado para concebir la sexualidad como algo restringido al matrimonio, en un espacio y tiempo determinado, con un fin reproductivo, como las prácticas lícitas, han contribuido de manera importante a la concepción de las prácticas homosexuales como antinaturales, ya que éstas están más vinculadas con el placer y el erotismo, elementos de la sexualidad que cada vez han sido más excluidos o relegados al último término, al considerarlos no solamente no importantes en una relación, sino incluso peligrosos para la salud del sujeto. Esta concepción ha sido determinante en la construcción de la homofobia, como el rechazo y temor a las prácticas sexuales entre personas del mismo sexo, o las personas homosexuales mismas, manifestándose como la incapacidad para reconocerlas como una expresión humana diferente y un comportamiento precautorio para mantenerlas a distancia, que no permita reconocer el cuestionamiento a las propias prácticas, creencias, valoraciones.

“La homofobia como un producto social que busca mantener en la marginación a las personas homosexuales, se encuentra presente en todos los espacios: la familia, la escuela, el trabajo, los círculos de amistades, las instituciones de gobierno, los medios de comunicación, etcétera; está relacionada con el miedo a la diferencia y con la falta de aceptación de uno mismo, y de los demás; se expresa a través de la violencia, y sus manifestaciones son muy diversas, desde el rechazo, la burla, el insulto y la marginación, hasta el castigo, los golpes y el asesinato. Estos actos constituyen una advertencia social para quienes se atreven a expresar o vivir su homosexualidad.”

Martha Cuevas, también de El Closet de Sor Juana, se refirió a la homofobia en los siguientes términos:

“La homofobia se define como el temor irracional hacia la homosexualidad, los comportamientos homosexuales. Este temor incluye a cualquier expresión o idea que se relacione directa o indirectamente con la homosexualidad, ya que tiene una raíz irracional. En general las fobias, estos miedos irracionales, afectan de manera significativa a quienes las padecen, debido a que les limita en su desempeño general. Sin embargo, cuando las fobias están relacionadas con grupos de personas, quienes las padecen tienden a buscar resolver su problema a partir de comportamientos agresivos, que van desde el rechazo a la burla o el desprecio, hasta los golpes y el asesinato. Incluso en muchas ocasiones a través de estas actitudes impulsan sentimientos negativos de otros. Sus respuestas exageradas ante la homosexualidad buscan atemorizar también a otros y ganar adeptos para rechazar o agredir a las personas con prácticas homosexuales. Los comportamientos homofóbicos generalmente están fundados en valores que sustentan una moral y que pretenden imponerla al resto de la sociedad. Estos comportamientos son expresión clara de una ignorancia y fanatismo que impiden el reconocimiento de la pluralidad en la sociedad, colocándolos muy lejos del respeto a la diversidad.”

¿Está en la familia el origen de la homofobia? Sobre esto habló Rafael Cruz Báez, del Grupo Homosexual de Acción e Información (GHAI): “Seguramente es la familia la protectora de ciertos valores sociales, morales y humanos pero también es cierto que es ahí donde se genera el nacimiento de este odio contra los individuos que optan por expresar su sexualidad y su preferencia con otras personas en una forma diferente a lo que se considera normal y por lo mismo se generó ya una costumbre, y además se ve como algo normal, cotidiano y que incluso se cree es bueno fomentar. Este odio mal sano fomentado por moralistas e impulsores de buenas conciencias no sólo va limitando el crecimiento del individuo en el seno de la familia y sus relaciones afectivas cercanas, sino que también a otros ámbitos como lo son: el ámbito educativo, laboral y peor aún en el ámbito institucional u oficial y, finalmente, en muchos casos llegando a la violencia criminal.”

El Centro de Capacitación y Apoyo Sexológico Humanista (CECASH A.C.) es una asociación civil no lucrativa que promueve y apoya el ejercicio informado, libre, placentero, responsable y respetuoso de la sexualidad. El CECASH A.C. propone la siguiente definición de homofobia: “Mecanismo de control social y de castigo a quienes se atreven a romper los estereotipos de género en que lo masculino se considera superior y lo femenino inferior. La homofobia no castiga el deseo y el afecto homosexual, sino el cuestionamiento de la masculinidad socialmente aceptada.”

Esta definición la hacen debido a que existen hombres heterosexuales que tienen rasgos “afeminados” o que se travisten, estas personas también son agredidas, de ahí que concluyan que “lo que la homofobia castiga no es el deseo homoerótico, sino ‘romper’ los roles de género.”

Rechazo familiar, despidos injustificados, insultos, cárcel (durante parte del siglo pasado –en palabras de Rafael Cruz- se les encarceló sin justificación alguna más que la de ser homosexuales en el negativamente célebre Palacio de Lecumberri de la Ciudad de México en el que incluso, al ser encerrados en la crujía J, da nacimiento a la palabra joto) y asesinatos son algunas de las formas en que se ha expresado la homofobia en México. Pero ¿qué mejor forma de percibir lo anterior que recurriendo a estadísticas? La siguiente información se encuentra en el sitio en internet del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (CONAPRED):

¿Qué tan homófobos somos los mexicanos?

66 por ciento de los mexicanos no compartiría techo con una persona homosexual.

El porcentaje más alto de la lista que incluye a: personas con sida 57%; de otra religión 48%; de diferente ideología 44%; de otra raza 40%.

(Fuente: Encuesta Nacional de Cultura Política y Prácticas Ciudadanas 2001. Segob/IFE).

El 71 por ciento de los jóvenes no apoyaría los derechos homosexuales.

Porcentaje sólo superado por actos partidarios: 73%; y a favor del aborto: 79%. En cambio, una mayoría, 70%, si apoyaría los derechos de los enfermos de sida, o de los indígenas: 85%.

(Fuente: Encuesta Nacional de Juventud 2000. Instituto Mexicano de la Juventud/SEP)

66 por ciento del personal de salud de hospitales públicos manifestó estar de acuerdo en aplicar la prueba obligatoria del VIH a todos los homosexuales como una medida de control de la epidemia.

(Fuente: Instituto Nacional de Salud Pública 2004)

Las agresiones

Entre el 25 y 30 por ciento de las y los homosexuales recibió, por ese motivo, insultos y fue objeto de burlas y humillaciones durante su infancia y adolescencia.
8 por ciento sufrió violencia física

(Fuente: "La relación entre opresión y enfermedades entre lesbianas, bisexuales y homosexuales", Departamento de Salud de la Universidad Autónoma Metropolitana-Xochimilco, 2001)

Pero no sólo los homosexuales sufren la violencia homofóbica. De cada 10 niños y adolescentes a quienes se insulta peyorativamente como homosexuales, sólo uno tiene esa tendencia.

(Fuente: Grupo Interdisciplinario de Atención Integral. Elena Laguarda, educadora sexual. ayudati@hotmail.com)

¿Quiénes fueron los agresores?

Compañeros de escuela: 41%
Desconocidos: 42%
Vecinos: 28%
Hermanos: 21%


(Fuente: "La relación entre opresión y enfermedades entre lesbianas, bisexuales y homosexuales", Departamento de Salud de la Universidad Autónoma Metropolitana-Xochimilco, 2001)

La vergüenza

70 por ciento sintió que su homosexualidad hería o abochornaba a su familia.
64 por ciento tuvo que fingir ser heterosexual para ser aceptado.
29 por ciento se alejó de su familia por razones de su homosexualidad.
20 por ciento ha sido acosado por la policía por ser gay.


(Fuente: Discriminación Social y la Salud. El caso de los hombres latinos homosexuales y el riesgo de infección por VIH. Rafael Díaz y Jorge Ayala. The Policy Institute of the National Gay and Lesbian Task Force. 2001. www.ngltf.org)

La discriminación

13 por ciento ha sufrido discriminación en el trabajo, y 9 por ciento en la escuela.
30 por ciento ha sido sujeto de discriminación por parte de policías.
21 por ciento no lo han contratado en algún trabajo.
Al 11 por ciento le han negado el ingreso a una escuela.


(Fuente: "La relación entre opresión y enfermedades entre lesbianas, bisexuales y homosexuales", Departamento de Salud de la Universidad Autónoma Metropolitana-Xochimilco, 2001)

De las 490 quejas recibidas en once años por la Comisión Nacional de Derechos Humanos por motivo de maltrato y discriminación hacia personas que viven con VIH/sida en los hospitales y centros de salud públicos, el 60 por ciento correspondería a homosexuales, quienes en sus quejas relatan haber padecido también maltrato debido a su preferencia sexual.

(Fuente: Comisión Nacional de Derechos Humanos, 2001)

El éxodo

La Comisión Internacional para los Derechos Humanos de Lesbianas y Gays, con sede en San Francisco, recibió en cuatro años, de 1994-98, 116 peticiones de mexicanos gays que solicitaban asilo político aduciendo persecución por motivos de su preferencia sexual. De hecho, fue un hombre gay mexicano el primero en obtener asilo político en Estados Unidos, luego de que en 1994 ese país decidiera incluir la persecución por preferencias sexuales entre los motivos para otorgar asilo político.

El de gays y de lesbianas es uno de los grupos más numerosos de los 600 mexicanos que han solicitado asilo en Canadá de 1995 a 2000, y que han sido aceptados.

(Fuente: Proceso, 4 de enero de 1998; y Reforma, 12 de marzo de 2000, respectivamente)

La homofobia extrema: los crímenes de odio

De 1995 al 2003 se han contabilizado un total de 290 asesinatos de personas homosexuales por motivos de homofobia. 275 varones, y 15 mujeres.
Las entidades con mayor incidencia de casos son: D. F., 126; Estado de México, 62; Veracruz, 37; y Michoacán, 15.
El rango de edad con mayor frecuencia de las personas asesinadas oscila entre los 21 a los 30 años, con un acumulado de 61 casos.
Se registraron cuatro casos de adolescentes asesinados de 12, 13, 16 y 17 años.
En la forma como fueron ejecutados predomina la saña perpetrada con arma blanca (múltiples cuchilladas), con 90 casos.

Las víctimas de los crímenes han sido localizadas en su mayoría, dentro de sus Hogares, con un total de 118.
Finalmente, se presume que por cada caso reportado por los diarios, existen 3 casos más que nunca se denuncian, dando un total de 876 ejecuciones por homofobia en 9 años. Es decir 97 al año, y 8 ejecuciones al mes.


(Fuente: Informe Preliminar de la Comisión Ciudadana Contra Crímenes de Odio por Homofobia 2003. A partir de un seguimiento hemerográfico de 15 medios en 7 entidades de la república)


ENFRENTANDO EL DISCURSO HOMOFÓBICO

El discurso homofóbico obliga a los individuos a ocultar su orientación sexual, pero no se trata sólo de presiones externas, muchos individuos –siguiendo la lectura de Charles Taylor- terminan adoptando como propio este discurso. El problema ahora es: ¿cómo pueden luchar esos homosexuales por obtener derechos dentro de la sociedad si se consideran a sí mismos enfermos, depravados o pecadores?

Charles Taylor menciona que los individuos o grupos que reciben un falso reconocimiento tienen su propia imagen como uno de los más poderosos instrumentos mediante los que se les oprime. También menciona que cuando los obstáculos se suprimen, los individuos no son capaces de aprovechar las nuevas oportunidades. Por ello es que “Su primera tarea deberá consistir en liberarse de esta identidad impuesta y destructiva.”

Más adelante escribe: “La proyección sobre otro de una imagen inferior o humillante puede en realidad deformar y oprimir hasta el grado en que esa imagen sea internalizada.”

Sobre esto, el CECASH A.C. afirma que “el propósito de esta violencia (la homofobia) es que las personas homosexuales o lesbianas se vean a sí mismas como ‘malas’ y traten de cambiar sus deseos a costa de su propia dignidad y felicidad. Todas las personas que enfrentan sistemáticamente agresiones por su condición sexual resienten daños en su autoestima, en su auto imagen e incluso en su salud emocional. Algunas personas cuentan con mayores elementos para superar o mitigar estos daños. Para otras, la capacidad de superar las situaciones traumáticas y convertirlas en un factor de desarrollo personal, es menor. El factor que más daña es la introyección de la homofobia.”

El CECASH A.C. argumenta que un homosexual llegará a hacer propio el discurso homofóbico si desde niño escucha frases denigrantes hacia las personas con orientación sexual distinta a la heterosexual, más si dicho discurso va acompañado de golpes e insultos. Los cito nuevamente: “Cuando una persona homosexual asume que tiene esos ‘deseos que los demás rechazan’ es probable que busque, en primer lugar ocultarlos, y lego quitárselos. Como no hay ninguna posibilidad de que logre cambiar sus deseos, puede ‘castigarse’ e invertir tiempo y recursos buscando la aceptación de los demás a través de la auto denigración.”

Cuando un homosexual ha asumido que su orientación sexual es incorrecta o mala, puede llegar a tener conductas autodestructivas, ejemplo de ello es el no tener relaciones sexuales de forma responsable y, por tanto, arriesgando su salud. “Por esto, las personas homosexuales que han introyectado la homofobia requieren de apoyo psicológico y grupos de apoyo mutuo.” El CECASH A.C. ofrece este tipo de ayuda.

Asumir como propio el discurso homofóbico afecta la vida en sus diferentes esferas (laboral, familiar, escolar, etc.).

La mejor manera de enfrentar este discurso es analizándolo e informándonos; los argumentos en contra (es antinatural, es una enfermedad, es un pecado, etc.) no cuentan con respaldo o evidencia científica o filosófica. Aquí llegamos al asunto del término “orgullo homosexual”. El empleo de este término es una de las formas en que se puede desarticular el discurso anti-gay, pero no sólo se trata de desarticularlo o enfrentarlo “hacia afuera” (hacia la sociedad), se trata (primero) de rechazar como propio el discurso homofóbico. Si el discurso homofóbico (o discurso anti-gay o falso reconocimiento) señala que la homosexualidad es algo que debe ocultarse o algo que debe vivirse en la clandestinidad, en suma, algo que “la gente decente” debe repudiar; entonces la forma más inmediata de combatirlo (hacia uno mismo y hacia la sociedad) es mostrando orgullo.