Tuesday, November 13, 2007

Dios: ¿Sólo una idea para aminorar el sufrimiento?

Hace unos días asistí a una reunión de interesados en la ciencia ficción, el tema principal fue la novela Contacto de Carl Sagan (aquí expongo las razones por las que digo que en la novela de Sagan el contacto con los extraterrestres es una experiencia mística). Eduardo Honey llevó una novela de Robert J. Sawyer: El cálculo de Dios. Los comentarios de Eduardo lograron interesarme en la novela, así que el día de ayer comencé a leerla.

En el mundo que plantea Robert J. Sawyer la humanidad contacta con seres extraterrestres que tienen pruebas de la existencia de Dios. Pero como apenas comencé a leerla no puedo comentarla (eso sí, se ve bastante interesante), la traigo a colación por el tema de la reunión a la que asistí y por el tema de la anterior entrada.

Un extraterrestre llega a un museo que -entre otras cosas- “se ocupa de preservar el registro natural de incontables épocas”; el visitante desea entrevistarse con un paleontólogo y así se lo hace saber al guardia de seguridad (quien, por el aspecto de la criatura, cree estar siendo objeto de alguna broma). Hay una graciosa confusión:

-Perdóneme. Me gustaría ver a un paleontólogo.
-¿Qué tipo de paleontólogo? –dijo, con seriedad, siguiendo la broma.
El torso esférico del alienígena se sacudió una vez.
-Uno amable, supongo.
-Quiero decir, ¿invertebrados o vertebrados?
-¿Los paleontólogos no son todos humanos? –preguntó el alienígena. Hablaba de forma extraña, pero ya llegaremos a eso-. ¿No son todos, por tanto, vertebrados?
Juro por Dios que todo esto está grabado.
-Por supuesto, todos son humanos –dijo Raghubir-. Pero algunos se especializan en fósiles vertebrados y otros en invertebrados.


Tom D. Jericó es el paleontólogo con el que el extraterrestre se entrevista. Al poco tiempo la conversación gira en torno a Dios. El paleontólogo explica que para los científicos de la Tierra, la religión es un asunto de fe, y por tanto algo personal. El extraterrestre replica: “Que vivimos en un universo creado es evidente para cualquiera con la suficiente inteligencia e información.”

A Tom D. Jericó le diagnosticarán cáncer terminal, ¿recurrirá a Dios para tratar de aminorar su sufrimiento? En la anterior entrada comenté la forma en que Sagan enfrentó su enfermedad.

Una vez que el paleontólogo se enfrenta a la enfermedad y a la muerte, reflexiona lo siguiente:


Dicen que Carl Sagan mantuvo su ateísmo hasta el final. Incluso mientras agonizaba, no se arrepintió, no admitió la posibilidad de que hubiese un Dios personal al que le importaba de una forma u otra si vivía o moría.
Y sin embargo...
Y sin embargo, había leído su novela Contacto. También había visto la película, ya que estamos, pero la película rebajaba el mensaje de la novela. El libro no era ambiguo, decía que el universo había sido diseñado, creado según especificaciones por una vasta inteligencia. La novela concluía con las palabras: “Hay una inteligencia que precede al universo.” Puede que Sagan no creyese en el Dios de la Biblia, pero al menos admitió la posibilidad de un creador.
¿O no? Carl no estaba más obligado a creer en lo que escribió en su única obra de ficción de lo que George Lucas está obligado a creer en la Fuerza.
Stephen Jay Gould también había luchado contra el cáncer; en julio de 1982 se le había diagnosticado mesotelioma abdominal. Tuvo suerte; ganó. Gould, como Richard Dawkins, defendía una visión puramente darwiniana de la naturaleza –incluso si ellos dos no podían ponerse de acuerdo en los detalles precisos- Pero si la religión había ayudado a Gould a superar su enfermedad, nunca lo dijo. Aún así, después de su recuperación, había escrito un nuevo libro, Ciencia y religión: un falso conflicto, que defendía que lo científico y lo espiritual eran dos terrenos separados, dos “magisterios disjuntos”, una muestra típica de la jerga gouldiana. Pero estaba claro que durante su lucha contra la gran C le habían preocupado muchas preguntas importantes.
Y ahora era mi turno.
Aparentemente Sagan había permanecido fiel hasta el final. Parecía que Gould quizá había vacilado, pero finalmente había regresado a su viejo yo, el racionalista perfecto.
¿Y yo?
Sagan no había tenido que lidiar con la visita de un alienígena cuya teoría de gran unificación señalaba la existencia de un creador.
Gould no había sufrido de formas de vida avanzadas de Beta Hydri y Delta Pavonis que creían en Dios.
Pero yo sí.


Jericó se preguntará si es más débil que Sagan o que Gould. Al menos físicamente no encontrará muchas diferencias: “Me había sorprendido lo alto que era Carl, pero Stephen era exactamente como el tipo bajito y rechoncho que habían dibujado en Los Simpson.”

El capítulo al que se refiere Jericó es aquel en el que encuentran el esqueleto de un ángel en un terreno en el que se está construyendo un centro comercial. Todo se trata de un fraude elaborado para hacerle publicidad a dicho centro. Casi todos creen la historia, menos Lisa, quien pide a Stephen Jay Gould que examine un fragmento del esqueleto. Al final, una vez que el fraude se descubre, Lisa le pregunta al paleontólogo la razón por la que sus análisis no lograron poner en evidencia el engaño; Jay Gould le confiesa no haber realizado los análisis.

Por su parte, Sagan fue dibujado en Padre de familia. “Al público lo que pida”, parecen pensar quienes transmiten la serie Cosmos; mediante burdas ediciones, convierten a Sagan en un ¡¡defensor del creacionismo!! Algo que sólo podría pasar en las caricaturas... ¿o no?

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