Monday, September 18, 2006

Heterosexualidad: perversión que detectada a tiempo (esto es, antes de la pubertad) es fácil de curar
(Segunda parte)


¿Cómo recibirá la tropa a su comandante? El Oficial de Orientación Temporal escucha los temores de Marygay:

-¿Y qué descubrirán ellos en mí? ¿No se resentirán de recibir órdenes de un atavismo heterosexual? ¿Un dinosaurio?
-Conocen la historia; no te culparán por ser lo que eres. Si intentaras tener sexo con uno de los hombres, entonces sí podría haber problemas.


Ella explica que fue separada del único hombre al que quiere. ¿Por qué no los pusieron en la misma misión?, ¿por qué no la pusieron bajo las órdenes de William? El oficial le explica:

-Dejando a un lado el asunto heterosexual, él estaría más preocupado por tu seguridad que por la misión. La tropa se daría cuenta y se resentiría de ello.
-Vaya, ¿eso no ocurre nunca en tu nuevo mundo perfecto? ¿Nunca tenéis a un comandante que se enamore de alguien bajo su mando?
-Por supuesto que ocurre; hetero u homo, el amor llega a veces. Pero son separados y a veces castigados, o al menos reprendidos. –Desechó aquello con un gesto de la mano-. En teoría. Si no es muy evidente, ¿a quién le importa? Pero contigo y con William, sería una irritación constante para la gente a vuestras órdenes.
-La mayoría de ellos nunca han visto heterosexuales, supongo.
-Ninguno de ellos. Es algo detectado muy pronto y fácil de curar.
-Maravilloso. Quizá puedan curarme a mí.
-No. Me temo que tiene que hacerse antes de la pubertad. –Se echo a reír-. Lo siento. Te estabas burlando de mí.
-¿No crees que el hecho de que sea hetero va a dañar mis habilidades de mando?
-No; como he dicho, saben cómo solía ser la gente...

¿Por qué en la sociedad que imagina Haldeman la heterosexualidad es considerada una enfermedad? La cuestión nos lleva a preguntarnos acerca de las razones por las que en una sociedad ciertas conductas pueden ser consideradas psicopatológicas. ¿Qué condiciones llevan a la construcción de una cierta “naturalidad” en cuanto a la sexualidad? ¿Son “naturales” la monogamia y la heterosexualidad? ¿Por qué nuestra sociedad considera antinaturales las expresiones no heterosexuales? Regresemos a la historia de Haldeman...

Marygay realmente se siente incomoda: “Voy a encerrarme en una lata con otras 130 personas para quienes mi vida más personal y privada es algo tan exótico como el canibalismo. Algo tan raro que ni siquiera tienen un epíteto para ello. Estaba segura de que terminarían encontrando uno”.

La tropa recibe la primera etapa del entrenamiento antes de abordar el Bolívar; la segunda etapa la reciben dentro de la nave, mientras se dirigen a la base del enemigo. Durante este período Marygay se da la oportunidad de experimentar cosas nuevas.

Risa Danyi y Sharn Taylor (ambas oficiales) “eran conscupicentes por naturaleza y curiosas acerca de mi heterosexualidad, y mientras que ambas eran estúpidamente adictas a los estimulantes yo no probaba ninguno. Cuando estuve la primera vez en el ejército, teníamos que obedecer a una ‘orden del día’ rotativa respecto a dormir con quién, así que dormí con todos los soldados masculinos de la compañía más de una vez, y aunque dormir juntos no significaba que tuvieras que practicar el sexo, era poco deportivo negarse (...) Incluso a bordo de la nave, cuando nos librábamos de la orden del día de dormir, hubo muchos cambios de literas. Yo estuve principalmente con William, pero ninguno de los dos era exclusivo (lo cual hubiera sido considerado extraño, en nuestra generación). Nadie era fértil, así que no había ninguna posibilidad de un embarazo accidental”.

Un día Marygay recibe una propuesta:

-No has dicho nada al respecto, así que supongo que nunca has amado a una mujer. –Carraspeó, nerviosa-. Quiero decir practicar el sexo. Sé que amaste a tu madre.
-No. –No supe cómo explicarlo-. No era tan común; quiero decir que sabía que había chicas y mujeres que estaban juntas. De ese modo.
-Bien. –Me dio una palmada en el codo-. Lo sabes.
-Oh, sí. Quiero decir, sí, lo comprendo. Gracias, pero yo...
-Sólo quería decir, ya sabes, somos del mismo rango. Es incluso legal. –Rió nerviosamente; si todas las regulaciones fueran rotas tan entusiásticamente, seríamos una masa indisciplinada, no un ejército.
No estuve segura de qué decir. Hasta que ella realmente preguntó, no había pensado en la posibilidad excepto como una abstracción.
-Todavía lloro a William –dije. Asintió y me dio otra palmada, y dejó el asunto.
Pero por supuesto eso no fue todo. Podía visualizarlas a ella y a Sharn, por ejemplo, practicando el sexo; lo había visto en los escenarios y en los cubos muy a menudo. Pero no podía ponerme en su lugar. No de la forma en que podía visualizarme a mí misma estando con uno de los hombres, en especial Sid, Isidro Zhulpa. Era tranquilo, introspectivo, sombríamente hermoso. Pero demasiado bien equilibrado como para contemplar una perversión sexual que me implicara.


Más adelante lamenta no haber recurrido a la “realidad virtual” mientras estuvo en Cielo:

“...había tenido el impulso de intentar un viaje, enchufándome a una simulación de sexo lesbiano, el único tipo que estaba disponible para las mujeres”

Entrenar técnicas de combate era la principal actividad dentro de la nave... Las cosas con Cat Verdear se dieron de forma natural. Ni siquiera se habían percatado del momento en que la sociabilidad se había transformado en sexo.

“... éramos una pareja natural en la práctica de combate cuerpo a cuerpo, siendo más o menos de la misma edad física y condición. Eso creaba una especie de intimidad, y el hecho de que oficiales y personal especializado tuvieran una ducha separada de los demás hombres y mujeres nos proporcionaba otro aliciente. Aurelio y Karl ocupaban un lado, y Cat y yo ocupábamos el otro. Nos enjabonábamos la espalda la una a la otra, y finalmente la parte delantera”.

No sólo se trataba de sexo, también compartían sentimientos. “Todavía amaba a William, pero de no mediar un milagro nunca volvería a verle. Lo que sentía por Cat era algo más que sólo amistad, y según sus estándares y los de todos los demás no había nada extraño en ello. Y no había ninguna forma en la que pudiera tener un futuro con Sid o cualquiera de los otros hombres.”

Pero las cosas no son tan sencillas para Marygay, busca ayuda para superar los conflictos que le causa el giro que tiene su vida sexual. Acude con su nueva pareja al psicólogo de la Fuerza de Choque, a la consejera sexual femenina y al consejero sexual masculino.

“Eso dio como resultado un adminículo mecánico que nos hizo reír pero que usamos ocasionalmente, que hacía que el sexo fuera un poco más como con un hombre. Cat simpatizó con mi necesidad de aferrarme a mi pasado, y dijo que no le importaba que yo recordara a William cuando estaba con ella. Pensaba que, aunque perverso, era romántico”.

De cualquier forma, Marygay no pierde interés sexual por los hombres: “Si un hombre y una mujer se cruzaban conmigo, siempre me sentía más interesada hacia el hombre. Así que amaba a una mujer, pero como lesbiana no era un gran éxito”.

Una vez que llegan a Aleph-10 descubren que la humanidad ha dado otro paso en su evolución, para bien o para mal, ya no hay enemigo que enfrentar... y no porque los taurinos hayan sido derrotados... humanos y taurinos deciden fundirse. Al resultado de esa unión ¿puede seguírsele llamando humano?

Al final Haldemann menciona que Marygay y William se reencuentran y tienen un hijo (como escribí al principio, eso ya estaba escrito en La Guerra Interminable). Pero, y esto lo aclara el propio autor, se equivoca quien crea que se trata de un final feliz: “Marygay y William vuelven a estar juntos –el libro termina con el anuncio del nacimiento de su primer hijo-, pero están juntos en un planeta prisión, preservados como curiosidades genéticas en un universo donde la raza humana ha abandonado su humanidad en una monstruosa relación con su antiguo enemigo”.

En la novela Paz interminable cuenta lo que Marygay y William deciden hacer al respecto, “O mueren intentándolo”. (¡Sopas!)

Monday, September 11, 2006

Viajes en el tiempo, presos políticos, homosexualidad y trastornos mentales


Estación Hawksbill es una novela de ficción científica escrita por Robert Silverberg. Esta obra ha sido publicada por Plaza & Janés dentro de su colección Mundos Imaginarios. Frederik Pohl escribe el prólogo.

Silververg escribe acerca de una cárcel para presos políticos, precisamente la Estación Hawksbill. Pero no es una cárcel cualquiera, los presos políticos son enviados ¡al pasado!

Sí, el viaje en el tiempo se vuelve una realidad –gracias a los trabajos del físico Edmond Hawksbill- y el gobierno decide mandar a la Tierra primitiva a los delincuentes, a los subversivos. Silververg narra cómo algunos van perdiendo la razón, debido sobre todo al aburrimiento. Nada hay qué hacer en el pasado de la Tierra (finales del período cámbrico).

Uno de los personajes se queja: “Buscaban una era en la que no pudiéramos dañar su medio ambiente. Eso significaba que tenían que mandarnos a un tiempo anterior a la evolución de los mamíferos, no fuera que por accidente agarráramos al antepasado de toda la humanidad y le retorciéramos el pescuezo. Y ya que estaban, decidieron escondernos en un pasado tan remoto que estaríamos a una enorme distancia de toda vida terrestre, siguiendo la teoría de que si matábamos a una cría de dinosaurio, podíamos afectar todo el curso del futuro. Su mundo... Es evidente que creen que no hay riesgos. Los hechos parecen darles la razón. La Estación Hawksbill lleva aquí veinticinco años y no da la sensación de que hayamos alterado la historia futura de manera perceptible. Todo sigue igual, a pesar de nuestra presencia en este sitio. Por supuesto, tienen la precaución de no mandar mujeres.”

¿Y por qué existen dos estaciones, una para hombres y otra para mujeres? De ser una cárcel mixta, se estarían creando tribus de seres humanos en esa época y cambiaría la historia de la vida en la Tierra. “Se habrían creado más paradojas de las que uno puede imaginar”.

Barret era el rey sin corona de la Estación Hawksbill, es decir, el líder. En dicha estación aparece un personaje llamado Altman.

-Cambiemos de tema –dijo Barret-. ¿Qué tal está Altman? ¿Sigue con los temblores?
-Está construyendo una mujer –dijo Quesada.
-Es lo que me dijo Charley Norton. ¿Qué usa? Un trapo, un hueso...
-Le di algunos productos químicos sobrantes para que se entretuviera. Elegidos, sobre todo, por el color. Tiene algunos feos compuestos verdes de cobre y un poco de alcohol etílico y algo de sulfato de zinc y seis o siete cosas más, y juntó un poco de tierra y lo mezcló con muchos mariscos muertos y está esculpiendo todo eso, dándole una forma según él femenina y esperando que le caiga un relámpago y le infunda vida.
-En otras palabras –dijo Barret-, se ha vuelto loco.
-Creo que no te equivocas. Pero por lo menos ya no molesta a sus amigos. Por lo que recuerdo, no creías que la fase homosexual de Altman fuera a durar mucho.
-No, pero tampoco creía que fuera a pasarse para el otro lado, Doc. Si un hombre necesita sexo y encuentra aquí a alguien dispuesto a complacerlo, no me parece mal, siempre que no ofendan a nadie abiertamente. Pero cuando Altman se pone a fabricar una mujer con tierra y carne podrida de braquiópodos, no hay duda de que lo hemos perdido para siempre. Qué pena.

Los ojos oscuros de Quesada miraron hacia el suelo.

-Jim, a todos nos espera ese destino, tarde o temprano.
-Yo todavía no me he quebrado. Tú tampoco.
-Danos tiempo. Tú llevas aquí sólo once años.
-Altman lleva sólo ocho –dijo Barret. Valdosto aún menos.
-Algunos caparazones se rompen con más rapidez que otros –dijo Quesada-.

La vida en la Estación está a punto de cambiar por completo. Y los cambios comienzan con la llegada de un nuevo prisionero: Lew Hahn. Hahn no es un reo más. Hay un misterio a su alrededor y de eso se percatan rápidamente los demás. Al ser prisioneros políticos, aquellas personas tienen un perfecto conocimiento de economía, política, sociología, etcétera; pero Lew Hahn parece desconocer cualquiera de esas materias (y trata de ocultar su falta de conocimientos al respecto). ¿Por qué está ahí?, ¿por qué fue enviado a la Estación? Las especulaciones comienzan:

“Supongamos que ese chico no es un político. Supongamos que ahora mandan aquí un tipo diferente de prisioneros. Por ejemplo, a los que matan con hachas. Un chico callado que con toda tranquilidad sacó un láser y descuartizó a dieciséis personas un domingo por la mañana. Por supuesto, no le interesa la política...”

“Doc Quesada y yo vamos ahora a visitar a los enfermos. ¿Te interesaría acompañarnos?” Le comenta Barrett a Lew Hahn, éste último acepta. ¿En que consisten esas visitas? “En ver a los casos peores. En ayudar y consolar sobre todo las causas perdidas...” En realidad Quesada no era médico, pero “en una época había sido técnico de primeros auxilios, y con eso bastaba”.

Una vez que comienzan a hacer el recorrido...

Encontraron a Ned Altman junto a su choza, en cuclillas y dando forma con las manos a una figura tosca y torcida que, por los bultos exagerados donde tendrían que estar los pechos y las caderas, parecía la imagen de una mujer. Al verlos se levantó de un salto. Altman era un hombre pequeño y pulcro, de pelo muy rubio y ojos celestes. A diferencia de todos los demás habitantes de la Estación, él había sido funcionario del régimen en una época, hacía quince años, hasta que entendió la falsedad del capitalismo sindicalista e ingresó en una de las facciones clandestinas. Con su privilegiada perspectiva de las operaciones gubernamentales, la intervención de Altman había tenido un valor incalculable para la clandestinidad, y el gobierno había trabajado mucho para encontrarlo y enviarlo a ese sitio. Ocho años en la Estación Hawksbill lo habían afectado.

Altman señaló su golem de barro y dijo:

-Hoy esperaba que con la lluvia cayesen rayos. Eso sería la solución. El soplo de vida. Pero me parece que en esta época del año, aunque llueva, hay pocos relámpagos.-Pronto tendremos tormentas eléctricas –dijo Barret.
Altman asintió con entusiasmo.
-Y entonces caerá un rayo y cobrará vida y echará a andar. En ese momento necesitaré tu ayuda, doctor. Necesitaré que le des algunas inyecciones y la estilices un poco.
Quesada esbozó una sonrisa forzada.
-Con mucho gusto, Ned. Pero ya sabes las condiciones.
-Claro. Cuando yo termine, es tuya. ¿Acaso crees que me gusta el maldito monopolio? Hay que ser justos. La compartiré. Habrá una lista de espera. Pero no quiero que nadie se olvide de que la hice yo. Cada vez que la necesite, será mía. –Por primera vez, Altman advirtió la presencia de Hahn-. Tú ¿quién eres?
-Un nuevo prisionero –explicó Barreto-. Lew Hahn. Llegó esta tarde.
-Me llamo Ned Altman –dijo Altman con una elegante reverencia-. Ex funcionario del gobierno. Qué joven eres, ¿verdad? Ese color en las mejillas. ¿Qué orientación sexual tienes, Lew? ¿Hetero?
Hahn hizo una mueca.
-Sí, lo siento.
-Está bien. Puedes relajarte. No te tocaré. Ya superé esa etapa y tengo un proyecto en marcha. Sólo quiero que sepas, si eres hetero, que te pondré en la lista. Eres joven y probablemente tengas más necesidades que algunos de nosotros. Aunque seas nuevo no me olvidaré de ti, Lew.
-Eres muy amable –dijo Hahn.
Altman se arrodilló. Pasó las manos con delicadeza por las curvas de aquella tosca figura, deteniéndose en los afilados pechos cónicos, dándoles forma, tratando de alisarlos. Era como si estuviera acariciando la vibrante carne de una mujer verdadera.
Quesada tosió
-Ned, me parece que tendrías que descansar un poco. Quizá mañana caigan rayos.
-Ojalá.
-Vamos, entonces. Levántate.

Altman no se resistió. El médico lo llevó dentro de la choza y lo acostó. Barreto y Hahn se quedaron afuera y examinaron la obra de aquel hombre. Hahn señaló el centro de la figura.

-Parece que no le puso algo esencial, ¿verdad? –comentó-. Si piensa hacer el amor con esta chica cuando termine de crearla, tendría que...
-Ayer estaba ahí –dijo Barrett-. Debe haber empezado otra vez a cambiar de orientación sexual.
Quesada salió de la choza de Altman con una expresión sombría. Los tres echaron a andar por el sendero rocoso.

Las cosas se complican cuando descubren lo que Lew ha estado escribiendo acerca de la Estación. ¿Cuál es el contenido de esos papeles? “Una descripción de la Estación, y un perfil de la mayoría de los hombres que ha conocido... Los perfiles son muy detallados y no muy halagadores...” Pero ¿qué tan preocupante era aquello?, ¿podía tratarse sólo de un pasatiempo en un lugar y una época en la que sobra el tiempo libre? Pues Lew “Había escrito un análisis detallado de las condiciones en la Estación Hawksbill, y era un trabajo impresionante. En unas cinco mil palabras bien organizadas, Hahn había expuesto todo lo que Barrett sabía que andaba mal. La objetividad de aquel hombre era despiadada. Describía a los hombres como revolucionarios avejentados en quienes el viejo fervor se había vuelto rancio; enumeraba a los evidentemente psicóticos y a los que estaban al borde de serlo, y en otra categoría ponía a los que aún resistían...”

¿Qué era todo aquello? ¿Podían resolver el misterio las últimas palabras del escrito? “Por lo tanto, recomiendo el rápido cese de la colonia penal de la Estación Hawksbill y, hasta donde sea posible, la rehabilitación terapéutica de sus presos”

“Era evidente que Hahn fingía preparar un informe para el gobierno de Arriba... Pero un muro de mil millones de años de espesor le impedía presentar ese informe...” Sólo era posible viajar al pasado, por ello es que Barrett ponía en duda la salud mental de Hahn... pero apenas había llegado... ¿estaban empezando a mandar enfermos mentales a la Estación?...

La tensión aumenta cuando descubren a Lew merodeando el Martillo, es decir, la puerta por la que se llegaba a la Estación (el efecto de ser enviado por el tiempo se parecía mucho al golpe de un gigantesco Martillo clavándote en las paredes del continuo: de ahí las metáforas para las partes funcionales de la máquina). ¿Trataría de destruirlo?, ¿realmente estaba loco? Estación Hawksbill no sólo es una novela interesante, realmente el suspenso y la tensión aumentan cada capítulo (aunque el final no me parece el mejor). Al principio creí que se trataba de un final feliz... aunque, pensándolo bien, no se trata de un final feliz.