Wednesday, August 30, 2006

Heterosexualidad: perversión que detectada a tiempo (esto es, antes de la pubertad) es fácil de curar
(Primera parte)


Pastillas anticonceptivas, dispositivos intrauterinos, píldoras del día siguiente, condones, vasectomía, inseminación artificial, bebés de probeta, cybersexo, “ligue” a través de internet... ¿Cómo será la vida sexual en el futuro?

Los avances científicos y tecnológicos seguirán modificando nuestra forma de vivir y por tanto nuestra sexualidad y los conceptos alrededor de ella (hay quienes van más lejos y reflexionan no sólo en la forma en que la ciencia y la tecnología modifican nuestro estilo de vida sino que filosofan acerca de los cambios que producen los conocimientos científicos en lo que somos; ¿cómo transforman la ciencia y la tecnología nuestra naturaleza –si es que hay una naturaleza humana-?).

¿Cómo serán las familias del futuro?, ¿tendrán algún parecido con las nuestras?, ¿cómo será vista la homosexualidad?, ¿las parejas homosexuales podrán hacerse cargo de la crianza y educación de los niños?, ¿qué conductas sexuales se considerarán aceptables o sanas y cuáles pervertidas? En Una guerra separada Joe Haldeman especula sobre estas y otras cuestiones.

Es en la novela La guerra interminable donde Haldeman nos cuenta los conflictos que tienen que enfrentar William Mandella y Marygay Potter (quienes son amantes), dos individuos “nacidos a finales del siglo XX que fueron reclutados para una guerra interestelar que duró más de un millar de años. Debido a los efectos de la relatividad, vivieron todo el conflicto”. Taurinos (entidades con piel anaranjada y arrugada, y tórax “como de hormiga”) y humanos se encuentran enfrascados en esta batalla. Cuando Mandella y Marygay regresan a la Tierra se encuentran con un mundo completamente diferente al que dejaron, al no poder adaptarse vuelven a enlistarse, es cuando son separados (reciben misiones distintas). Al final de la novela, y contra todo pronóstico, vuelven a encontrarse.

No he leído La guerra interminable, de todo esto me he enterado al leer Una guerra separada, novela corta que aparece en Horizontes Lejanos, una antología coordinada por Robert Siverberg.
Una guerra separada fue escrita para llenar un vacío, para narrar lo que faltaba en La guerra interminable: la historia de lo sucedido a Marygay durante el tiempo que pasa lejos de su amado, y es de eso de lo que nos ocupamos a continuación.


Los soldados William Mandella y Marygay Potter resultaron heridos. Marygay cuenta: “El componente más caro y más difícil de reemplazar de un traje de batalla es el soldado que hay dentro de él, de modo que si resulta herido de suficiente gravedad como para ser retirado de la lucha el traje intenta salvar lo que queda. En el caso de William, cortó automáticamente su destrozada pierna y cauterizó el muñón. En mi caso fue el brazo derecho, justo por encima del codo. Dicen que para nosotras las mujeres perder un brazo es más soportable que una pierna. ¿Cómo han llegado a esta conclusión?”

Por ello son enviados a Cielo: “Cielo es como una Tierra intocada por la industria y las avaricias humanas, bosques prístinos y campos y montañas..., pero es también un monumento a la industria humana, y a la avaricia”.

No todos los soldados heridos son dirigidos a Cielo: “no eres enviado ahí si no creen que pueden repararte”.

Todo en Cielo contribuía a que aquellos dos soldados se sintieran extraños: “Éramos las únicas dos personas del siglo XX, y sólo había un puñado del siglo XXI. Muy pocos de ellos, fuera de servicio, hablaban un idioma que yo comprendiera, aunque a todos los soldados se les enseñaba el inglés ‘premoderno’ como una especie de lingua franca temporal. Algunos de ellos afirmaban que su idioma nativo era el inglés, pero lo hablaban extremadamente rápido y parecían haber perdido algunas vocales por el camino.”

Si eres homofóbico Cielo te resultará un lugar poco agradable.

“La religión en la Tierra es una curiosidad, algo casi tan raro como el heterosexo. El Cielo no es Dios tampoco, y hombres y mujeres enamorados o que practican el sexo con alguien que no es de su propio género están cometiendo una perversión anacrónica”.

En Cielo los soldados encuentran lo necesario para recuperarse tanto física como emocionalmente; así, una vez que se recuperan William y Marygay (sus extremidades son regeneradas) se dedican a explorar la naturaleza del lugar: cimas de montañas, junglas, islas desiertas, etc. Posteriormente visitan las ciudades.

¿Qué actividades pueden realizarse en las ciudades? Comer, beber, drogarse, viajar, practicar y contemplar sexo.

Marygay nos cuenta:

Encontré los espectáculos sexuales más interesantes que William; él se sentía repelido por los de hombre-hombre. No me parecía que lo que ellos hacían fuera tan diferente de lo que hacíamos nosotros, y no tan extraño como los viajes sexuales, conectándote a una máquina que te ofrecía la imagen de tu compañero ideal y luego te limpiaba automáticamente.

Fue a un espectáculo lesbiano conmigo, y aquella noche hizo el amor con una energía inusual. Pensé que había allí algo más que excitación; que estaba intentando demostrar algo. Bromeamos al respecto: “Yo Tarzán, tú Jane”, “Yo Tarzán, tú Heathcliff”. ¿Quién en este mundo sabría de qué nos estábamos riendo?

La prostitución tenía un nuevo sesgo, con drogas empáticas que unían a servidor y cliente en un profundo vínculo emocional que era real mientras duraba, supongo que para mantenerse en competencia con la fantasía electrónica. Nos dijimos que no nos sentíamos inclinados a probarlo, aunque yo no dejaba de experimentar una cierta curiosidad, y probablemente lo hubiera intentado de haber estado sola. No creo que William lo hiciera, puesto que las drogas no funcionan entre hombres y mujeres, o eso nos dijo uno de ellos, riendo con los ojos embarazadamente muy abiertos. Por la idea misma.

Tuvimos seis meses de tranquila comunión y loca y desesperada diversión, y todavía nos quedaban montones de dinero cuando bruscamente terminó.

Marygay y William son separados. “William iba a ir a Sade-138, a un colapsar de distancia de la Gran Nube Magallánica (...) Él era el mayor, comandante de la Fuerza de Choque Yod-4”. Por su parte Marygay fue nombrada capitán. A bordo de la nave Bolívar, ella y su tropa viajarían a Aleph-10, en el grupo de Orión. Los taurinos tienen ahí la más antigua base conocida.

Examinaron sus posibilidades. No deseaban separarse... Nada pudieron hacer para evitarlo.

“Cuando me acompañó a la cámara de aislamiento tres horas antes de la partida, nos mostramos casi deferentes el uno con el otro, quizá de la forma en que uno actúa en presencia de los muertos queridos. Ningún poeta que igualó nunca la partida con la muerte cerró la puerta con un portazo como aquél.”

Una vez que los amantes son separados, Marygay se prepara para la misión. Sobre sexualidad y sobre el nuevo concepto de familia conversa con su Oficial de Orientación Temporal:

-Supongo que ahora estamos más regimentados en la Tierra; control de la cuna a la tumba, pero también seguridad. El crimen y la anarquía que caracterizaron tu Tierra son historia antigua. La mayoría vive vidas felices y realizadas.

-Homosexuales. No familias.

-Oh, tenemos familias, padres, pero no al azar. Para mantener la población estable, se da vida a una persona cuando otra muere. La nueva es entregada a una pareja que ha crecido junta y que se sabe que tienen talento para actuar como padres; reciben, como máximo, cuatro niños que criar.

-“Se da vida”... ¿bebés probeta?

-Incubadoras. Ningún trauma del nacimiento. Ninguna incertidumbre auténtica acerca del futuro. Descubrirás que tu tropa es un puñado de gente realmente sana.

¿Puede ser discriminado un heterosexual en un mundo donde todos los habitantes son homosexuales? ¿Cómo será recibida por su tropa?, ¿tendrá Marygay problemas por su orientación sexual?

Saturday, August 19, 2006

Un planeta de maricas


Con prólogo de Ray Bradbury, la editorial Plaza & Janés, dentro de su serie Mundos Imaginarios, publica La fuente del unicornio, una antología con 13 cuentos de Theodore Sturgeon. De El mundo bien perdido nos ocupamos a continuación.

“...las naves terrestres habían recorrido el cosmos en todas direcciones con pocos obstáculos. A todos esos obstáculos se les encontró una explicación menos a Dirbanu, un planeta transgaláctico que se envolvía en impenetrables campos de energía cada vez que se acercaba una nave terrestre. Había otros mundos que podían hacer eso, pero en cada caso las tripulaciones sabían por qué lo hacían...”

Dirbanu y la Tierra tenían mucho en común. Sin embargo, cuando los habitantes de Dirbanu pudieron echar un vistazo más de cerca, hicieron una mueca de desprecio.

Los habitantes de Dirbanu nada querían saber de los habitantes de la Tierra. Por ello es que Dirbanu “pasó en nuestra mente grupal por los habituales estados de existencia: la Curiosidad, el Misterio, el Desafío, el Enemigo, el Enemigo, el Enemigo, el Misterio, la Curiosidad, y finalmente Aquello-de-lo-que-no-hay-que-ocuparse-porque-está-demasiado-lejos, o el Olvidado.”

Por eso es que los Tortolitos fueron capturados.

“Todo el mundo los conocía como tortolitos, aunque por supuesto no eran pájaros sino seres humanos. Bueno, digamos que humanoides. Bípedos sin plumas.” Los tortolitos tenían un aspecto “muy humano si no fuera por la posición de los párpados que cerraban hacia arriba y no hacia abajo como los de los terrestres”.

Los tortolitos estaban llenos de magia.

Mira los tortolitos y fíjate en lo que ocurre: “Es la sensación de cuando tenías doce años, estabas empapado de verano y besabas a una chica por primera vez y se te cortaba la respiración de una manera que, estabas seguro, no se repetiría nunca. Y claro que no se repetiría, a menos que mirases a los tortolitos. Entonces te quedabas embelesado durante cuatro silenciosos segundos, y de repente se te partía el corazón y unas lágrimas de incredulidad te hacían arder los ojos, y el primer movimiento que hacías era de puntillas, y tu palabra un susurro.”

Los tortolitos venían de Dirbanu.

Pero ese no fue el problema, durante varios días habían disfrutado de su estancia en la Tierra, y los habitantes de la Tierra habían disfrutado de la magia de los tortolitos.

El problema fue el mensaje proveniente de Dirbanu...

El mensaje confirmaba que los tortolitos procedían del impenetrable planeta e informaba que eran fugitivos, que tomarían a mal que la Tierra se considerase refugio de los criminales, pero que por otra parte se sentirían muy contentos si la Tierra los devolvía.

La humanidad veía la oportunidad de un intercambio cultural con aquellos que poseían una tecnología superior, los humanos comenzaron a imaginar los beneficios de entablar relaciones con “el poderoso Dirbanu ante el que éramos capaces de arrodillarnos en actitud suplicante (con bombas estrictamente defensivas escondidas en los bolsillos) con la cabeza gacha (ocultando el cuchillo entre los dientes) y pedir migas del banquete (para calcular dónde estaban las cocinas)”.

Este episodio se convirtió en una prueba más de que la “intolerancia de la Tierra puede vencer cualquier cosa, incluso la magia... Sobre todo la magia”.

Así pues, la Ácaro Estelar 439 partió a Dirbanu llevando de regreso a los criminales.

Rootes y Grunty son los encargados de llevar a los tortolitos de regreso a su planeta. Pero la misión no podrá cumplirse... Mientras Rootes duerme, Grunty deja escapar a los tortolitos. Una vez que Rootes se da cuenta, le reclama.

-¿No me estarás queriendo decir que los dejaste escapar? Te voy a quemar... ¿Qué crees que te harán? ¿Qué crees que me harán a mí?

La explicación no tarda en aparecer. Grunty, gracias a los dibujos que realizan los delincuentes, hace un descubrimiento y se lo comunica a Rootes.

-¿Quieres decir que hemos estado transportando todo el tiempo una pareja de malditos mariquitas? ¡Si lo hubiera sabido los habría matado!... ¿Así que te deshiciste de ellos para que yo no tuviera que matarlos y arruinar todo? –Se rascó la cabeza-. Bueno, que me lleve el diablo. Después de todo, tienes ahí arriba una máquina de pensar. Si algo no soporto es a un invertido.

Los “afeminados” han muerto, al menos eso es lo que Grunty y Rootes hacen creer a los habitantes de Dirbanu. Y los problemas terminan, los de Dirbanu ni siquiera reclaman los cadáveres: “No queremos los cuerpos. Pueden comerlos”. ¿Qué tipo de relación podrá haber entre ambos planetas? “Que la Tierra no se meta con Dirbanu y Dirbanu no se meterá con la Tierra. No es una sugerencia. Entra en vigor inmediatamente.”

Pero ¿por qué Grunty dejó escapar a los “chicos perfumados”? Vayamos un poco atrás...

Grunty se altera cuando descubre que los tortolitos pueden escuchar sus pensamientos. Sí, los tortolitos pertenecen a una raza con poderes telepáticos. Pero los tortolitos no pueden transmitir pensamientos, tan sólo recibirlos.

Grunty es presa del pánico y la furia: “Nadie debía saber lo que él era, lo que pensaba. Si alguien lo sabía, sería un desastre insoportable. Significaría el fin de los viajes con Rootes...”

Pensó en matarlos.

Para Grunty la Tierra era un lugar asqueroso: “Dada una cultura de sibaritas, con una infinita libertad de elección de estímulos mecánicos, lo que se consigue es un pueblo de inflexible y rígida formalidad, un pueblo con pocos pero masivos tabúes, un pueblo de mentalidad impresionable, estrecha, remilgada que acata las normas, incluso las normas de sus calculadas depravaciones, y protege sus preciadas y especializadas mojigaterías. En un grupo así hay palabras que uno quizá no usa, gestos y entonaciones a los que hay que renunciar para que no le despedacen a uno. Las normas son complejas y absolutas, y en un sitio así el corazón no puede cantar, para que la libre y cálida felicidad no nos traicione.”

Solamente en la soledad del espacio es donde Grunty puede ser él mismo, sentirse en libertad. Y para alguien poco acostumbrado a expresar o compartir sus pensamientos y sentimientos, los telépatas resultan una amenaza.
Los tortolitos saben de los planes de Grunty, saben que su vida está en peligro.

Los dibujos son la salvación.

Los tortolitos muestran a Grunty sus dibujos, en ellos aparecen Grunty, Rootes y una mujer. En otro aparecían los mismos tres personajes pero desnudos. En el siguiente aparecen los tortolitos “y junto a ellos había una tercera figura, más o menos parecida, pero pequeña, rechoncha y con brazos grotescamente cortos”. En el último aparecen las tres figuras desnudas. Grunty se da cuenta, baja la pistola, ríe y estrecha las manos de los tortolitos.

Cuando todo el episodio termina, es decir, una vez que ha permitido que escapen los amantes, Grunty vuelve a disfrutar de su privacidad.

Grunty se dirige a la cama de Rootes, lo observa con ternura y atención.

¿Por qué tenemos que amar donde cae el relámpago y no donde nosotros elegimos? –se pregunta- Pero me alegro de que seas tú, pequeño príncipe. Me alegro de que seas tú.

“Alargó la enorme mano y, con la suavidad de una pluma, acarició los labios dormidos.”

El homofóbico Rootes (¿gay de clóset?) cree haber encontrado la razón por la que Dirbanu no desea relaciones con la Tierra:

“Sus hembras no se parecen a los machos. Comparadas con ellas, nuestras mujeres son prácticamente idénticas a nosotros. Así que llega el embajador y encuentra lo que aparenta ser un planeta lleno de maricas. Sabe que no es cierto, pero no soporta el espectáculo. Así que regresa a Dirbanu, y Dirbanu le vuelve la espalda a la Tierra... Entonces estos sodomitas huyen a la Tierra, pensando que allí se sentirán a gusto. Y casi lo consiguieron. Dirbanu los reclama porque no quiere que gente como ésa represente a su planeta. No les echo la culpa. ¿Cómo te sentirías tú si el único terrestre en Dirbanu fuera un bujarrón? ¿No querrías sacarlo de allí rápidamente?”

Monday, August 07, 2006

¿Son los homosexuales las víctimas favoritas de los vampiros?


¿Qué mejor modo para conocer íntimamente a un vampiro que teniéndole como paciente cuando se es psiquiatra? Edward Lewis Weyland es un vampiro dedicado a la antropología, estaba a cargo del laboratorio de los sueños del Centro Cayslin para el Estudio del Hombre, y para poder regresar a su puesto debe asistir a una terapia con la doctora Landauer; es así como sus miedos, sus odios, sus frustraciones y su vida sexual quedan al descubierto. ¿Fascinante? Sí, pero también terrible.

Este curioso encuentro lo describe Suzy McKee Charnas en El tapiz del unicornio, obra que aparece en el número 6 de Horror, de la serie Gran Súper Terror de Martínez Roca.

Edward le habla a su psiquiatra sobre su forma de cazar:

-Muy bien, ya que insiste... Durante el verano en la ciudad hay un gran número de posibilidades. Quienes son demasiado pobres para tener aire acondicionado duermen en las terrazas y en las escaleras de incendio. Claro que muchas veces me he encontrado con que su sangre se ha vuelto amarga debido a las drogas o el licor. Puede decirse lo mismo de las prostitutas. Los bares están llenos de gente accesible pero también de humo y ruidos, y también allí la sangre está contaminada. Debo escoger cuidadosamente mis terrenos de caza. Suelo acudir a exposiciones en galerías de arte o museos, o a los grandes almacenes a última hora..., lugares donde es fácil acercarse a las mujeres.

-¿Sólo mujeres?

-Normalmente el cazar mujeres ocupa mucho tiempo y puede ser caro. La mejor caza se encuentra en la parte de Central Park que llaman la Rambla, donde los homosexuales buscan encuentros con otros de su clase. También suelo pasar por allí de noche.

La doctora le interrumpe pues ha terminado la consulta, el vampiro le pide tiempo para detallar su respuesta:

-Sólo un instante más –dijo él con voz fría-. Usted me lo ha preguntado; deje que termine de responder. En la Rambla encuentro alguien que no apesta a drogas o a licor, que parece saludable y que no insiste en “hacerlo” allí mismo, entre los arbustos. Invito a ese hombre a mi hotel. Me juzga seguro: más viejo y más débil que él, no parece probable que resulte ser un maníaco peligroso. Por eso acude a mi habitación. Me alimento con su sangre.

En la siguiente sesión se reanuda el tema:

-Cuando entabla relación con alguien en la Rambla, ¿se trata de un encuentro pagado?

-Normalmente, sí.

-¿Qué siente al tener que pagar?

Esperaba odio, irritación. Él se encogió levemente de hombros.

-¿Por qué no? Otros trabajan para ganarse el sustento. De hecho, yo también trabajo, y muy duramente. ¿Por qué no debería utilizar mis ingresos para conseguir lo que necesito como alimento?

Más adelante le pregunta sobre la forma en que suele atacar:

-Hay un sitio en el cuello..., aquí, donde la presión puede interrumpir el flujo de sangre al cerebro y causar la inconsciencia. Acercarse lo bastante para administrar tal presión no resulta difícil.

-¿Hace eso antes o después de la actividad sexual, sea ésta del tipo que sea?

-Antes, si es posible –le dijo él con voz áspera-, y sustituyendo a dicha actividad.

-Suele escoger como presas a los hombres con preferencia a las mujeres?

-Ciertamente. Tomo lo más fácil. Los hombres siempre han resultado más accesibles que las mujeres, porque éstas han sido encerradas entre muros cual si fueran tesoros, o han quedado tan destrozadas físicamente por los partos repetidos que no eran una presa demasiado sana para mí. Todo esto ha empezado a cambiar recientemente, pero los homosexuales siguen siendo la presa más sencilla. –Mientras ella seguía recobrándose de la sorpresa que le había causado tan imprevisible como extraño esbozo de la historia femenina, él siguió hablando en voz baja y suave-: Cuan cuidadosamente controla usted su expresión, doctora Landauer... Ni una sola señal de disgusto o desaprobación.

Se dio cuenta de que en realidad sí desaprobaba su conducta. Habría preferido que no mantuviera ningún tipo de relación sexual con hombres. Oh, al diablo.

-Y, sin duda, me ve usted como alguien que escoge a sus víctimas entre quienes ya lo son –añadió él-. Así es el mundo. Un lobo siempre mata a las reses más débiles, las que se encuentran separadas del rebaño. Los homosexuales no gozan de igual protección que otros miembros del rebaño humano y, al mismo tiempo, se les anima para que se delaten como tales, dándose a conocer y estando siempre disponibles. Por otra parte, a diferencia del lobo, yo puedo alimentarme sin matar y estas víctimas en particular no representan para mí ningún tipo de amenaza que pueda impulsarme a ello. Siendo exiliados de la sociedad, aunque comprendan cuál es el auténtico propósito de mi presencia entre ellos, no pueden acusarme de modo efectivo.

¡Dios, de qué forma tan limpia, tan completa e implacable ponía distancia entre él mismo y la comunidad homosexual!

-¿Y qué siente usted hacia sus propósitos, Edward..., lo que esperan sexualmente de usted?

-Exactamente lo mismo que siento ante las expectativas sexuales de las mujeres que decido perseguir: no me interesan. Además, cuando mi hambre se despierta la excitación sexual me resulta imposible. Mi falta de respuesta física no parece sorprender a nadie. Se diría que en un hombre de cabellos grises la impotencia es algo que debe esperarse, y eso conviene admirablemente a mis intenciones.


El vampiro habla de su vida sexual en otra sesión:

-¿Bajo qué circunstancias se encuentra usted sexualmente excitado?

-Normalmente al despertar del sueño –dijo con indiferencia Weyland.

-¿Y qué hace al respecto?

-Lo mismo que los demás. No estoy lisiado y tengo manos.

-¿Tiene fantasías en ese momento?

-No. Las mujeres y, en cuanto a eso, también los hombres, me atraen muy poco, ya sea en la fantasía o en la realidad.

-Ah... ¿Qué hay de las hembras de vampiro? –dijo ella, intentando no sonar demasiado estúpida.

-No conozco a ninguna.

Por supuesto: la contestación más sencilla del libro.

-Supongo que no deben ser necesarias para la reproducción dado que la gente muerta por la mordedura de un vampiro se convierte también en vampiro.

-Tonterías –dijo él con el ceño fruncido-. No soy una enfermedad contagiosa.

Weyland explica que desconoce cómo se reproducen los vampiros, y que su equipo sexual es sólo una forma de mimetismo biológico; también explica que no siente deseos por tener sexo con los seres humanos, al igual que un ser humano normal no siente deseos de aparearse con una de las reses que come. El vampiro descrito por Suzy McKee odia a los seres humanos por depender de ellos para sobrevivir:

Los humanos son mi alimento. Saco la vida de sus venas. A veces les mato. Soy superior a ellos, más grande. Y, sin embargo, debo pasar el tiempo pensando en sus costumbres y en sus impulsos, haciendo planes para evitar los peligros que representan..., les odio.

Una noche la doctora tiene un sueño erótico con el vampiro, esto le lleva a reflexionar. Cuando alguien se dirige sexualmente hacia Weyland, eso representa una señal de que su técnica de caza ha logrado poner dentro de su radio de acción una posible víctima y puede que eso despierte su apetito de sangre. No quiero eso. Yo no soy comida. Soy una persona.

La psiquiatra pasa por momentos difíciles: su vida personal (familiar) está en crisis y sus proyectos profesionales van bastante mal; y en esas circunstancias trata de ayudar al vampiro que ha llegado a su diván... En realidad ambos se beneficiarán con sus encuentros.