Monday, July 31, 2006

Viviendo en el cuerpo equivocado: Transexualidad en la ciencia ficción


El tema ya no podía evitarse, así que su madre -después de encender un cigarrillo- comenzó con las preguntas:

-Nena, ¿te gustan las mujeres?
Patricia estuvo a punto de soltar la carcajada y responder afirmativamente. Se contuvo.
-¿Por qué dices eso mami?
-Tu actitud, cariño, no es la de una muchacha normal... ni papi ni yo queríamos tocar el tema pues... tu accidente, la amnesia, el choque nuestro al darnos cuenta de que estabas viva... mi amor, ahora podemos hablar. Hay comentarios muy desagradables.


Después del accidente Patricia ya no volvería a ser la misma de antes, algo sumamente extraño había sucedido. ¡Error! Ya no se trataba de Patricia...

Gran alboroto se arma en el hospital cuando se percatan de que puede abrir los ojos y moverse. Dos personas a las que no conoce se le echan encima. Abrazos. Lágrimas de felicidad.

“Te queremos, ¡pronto estarás en casa, querida!”
“¿Querida? –pensó él-. ¿Qué manicomio es éste? A pesar de todo, el cansancio era mucho y volvió a dormirse”


Al principio de El Cuerpo, cuento del escritor y periodista Héctor Chavarría (premio Puebla 1985), nos encontramos con que el escritor y científico Antonio Villarreal, a sus 96 años, está agonizando en el hospital. Villarreal había sido “...un hombre en toda la extensión de la palabra, una conjunción de mente y cuerpo dedicada a la hombría, al deporte rudo y a la creación...”

Antonio Villarreal “Deseaba vivir, lo deseaba con toda la fuerza de su mente poderosa, joven y pujante lo deseó con tanta fuerza que las gráficas del electroencefalograma saltaron desatadas”. A pesar de ello “Antonio Villarreal había muerto. Una de las glorias del país se había extinguido. Triste pero esperado.”

Para la siguiente parte, Chavarría nos tiene una sorpresa, a pesar de todo “Abrió los ojos”. Sí, Villarreal, de alguna manera, había logrado ser rescatado de la muerte.

“Sentía el cuerpo y veía, ya no estaba en la cárcel opresiva del silencio total anterior. Su mente funcionaba como siempre y sus ojos registraban detalles y se sorprendió de tener buena vista... de hecho excelente, cuando antes necesitaba gruesos lentes especiales. Ni siquiera con ellos tenía tan aguda visión.”

Fue cuando se armó el alboroto. Antonio se lleva una enorme y desagradable sorpresa...

“...y levantó las manos para mirárselas. Sus manos eran uno de sus orgullos: Capaces de realizar una delicada cirugía o ensamblar minúsculos componentes electrónicos... también capaces –en sus buenos tiempos- de romper cuatro gruesas tablas con un tajo. Las miró, con esa extrañeza y aguda vista de que ahora gozaba. No eran sus manos. Sacudió la cabeza y se tocó el pecho... de hecho palpó rudamente un par de enhiestos senos y sintió que el mundo se iba al revés. Con un movimiento convulso llevó las manos a su entrepierna y de su garganta escapó una voz que no era la suya. La enfermera entró y también gritó. Después fue una pesadilla de batas blancas que lograron dominarle. Sintió vagamente la inyección y se sumió en las sombras.”

Antonio Villareal termina aceptando que ahora es Patricia, “una señorita de más o menos 19 años, bien formada, llena de salud, de familia rica. Era una muchacha que había sufrido un accidente de carretera que la había dejado descerebrada... con un cuerpo que sanó gracias a su juventud pero con una mente inútil. Una mente que, de alguna manera había realizado una transferencia con la suya. Era de locos, científicamente imposible. Por lo poco que sabía no parecía haber razón para que la mente de Patricia quedara inutilizada y los médicos habían diagnosticado utilizando el inmenso golfo inexplorado del ‘disturbio psíquico’. Él lo sabía muy bien como médico. Bien, él había ocupado la mente de ella. Por consiguiente Patricia estaba muerta... debía estarlo porque no había recuerdos de ella, dominaba la mente de él. Pero si admitía que la transferencia había sido posible –y lo era- entonces no había manera de saber dónde diablos había quedado la mente de Patricia. ¿Se había trasladado al cuerpo de Antonio Villarreal?”

Patricia era estudiante de medicina, y por coincidencia estudiaba en la misma Facultad en la que Antonio había sido maestro. Antonio se encontró con las amigas de Patricia, trató de ser lo más natural posible. De cualquier forma Antonio comenzó a adaptarse a las nuevas circunstancias:

“Se excusó para ir al baño y estuvo a punto de meterse al de hombres. Sentarse en el retrete era un fastidio pero no podía hacer otra cosa pues las puertas permitían ver parte de las piernas y había ahí otras mujeres. Maldijo con vehemencia encontrarse en los primeros días de la menstruación de Patricia, haciéndose un lío con el Kotex.”

En el relato aparece una reflexión en torno al machismo dominante en la sociedad:

“Era claro que si deseaba sobrevivir sin ir a parar al manicomio tendría que volverse mujer. Sin embargo, siendo un hombre furiosamente libre no podía adaptarse al restringido mundo que la sociedad tenía deparado para una muchacha. Eso le enfurecía y no podía dejar de comentarlo. Como hombre, antiguo dominador, sentía una especial vergüenza por las restricciones que él –no precisamente él, pero sí su sexo- imponían a las mujeres. La furia cuando le trataban como objeto era ilimitada, especialmente cuando insultaban su intelecto con aquello de ‘una mujer no puede entender esto’ o ‘éstas son cosas de hombres’. Patricia-Antonio deseaba y pensaba entonces ‘patearles los huevos’ sabiendo lo que aquello dolía.”

Antonio se encuentra con que su deseo sexual lo comienza a torturar, primero recurre a la masturbación, desgraciadamente no queda satisfecho, por ello decide tener un encuentro con una compañera de Facultad:

“Desgraciadamente Laura no era una lesbiana que deseara adoptar el papel de mujer que ‘Paty’ deseaba sino todo lo contrario. Era una conquistadora, una lesbiana activa. De cualquier manera, los preliminares fueron excitantes para ‘Paty’ y el cunnilingus delicioso, pero la imposibilidad de penetrar a su compañera convirtió todo el asunto en un fracaso. Laura tuvo orgasmo tras orgasmo pero ‘Paty’ tuvo que conformarse con una excitación creciente sin satisfacción.”

Antonio decide dejar la carrera de medicina –ya la había cursado, ¿para qué hacerlo nuevamente?- e ingresa a la Academia de Arte.

Ya en la Academia, Antonio se sorprende a sí mismo observando qué tan guapos son sus compañeros. Acudimos al despertar de Patricia. “Súbitamente sorprendió a Patricia soñando con sexo. El cuerpo entonces respondía como lo que era, femenino. Antonio experimentaba la sensación de relajación en la vagina, la humedad producida por las glándulas de Bartholin. Entonces era mujer. Quizá fuera resignación, pero ya no se oponía con tanta fuerza a tales deseos.”

A fin de cuentas, Patricia se manifiesta en su totalidad y termina pidiéndole a Antonio lo que -hasta ahora- éste había evitado: “¡Quiero ir con muchachos!”

Antonio es convencido y se ve obligado a tener su “primera vez”. Posteriormente Patricia encuentra un compañero fijo y...

-Amor –dijo Patricia a su marido- estoy embarazada.
“¿Qué?, gritó Antonio.
-¡Mi vida! –dijo el marido.


A lo largo de todo su trabajo Chavarría logra sorprendernos, y el final no es la excepción (y no es lo anterior).

Federico Schaffler era el director, editor y distribuidor responsable de la revista Umbrales, literatura fantástica de México. El Cuerpo apareció en el número 20 de dicha publicación.

Wednesday, July 26, 2006

Lovecraft y la sexualidad


Howard Phillips Lovecraft es el creador del llamado “horror cósmico”, una conjunción de ciencia ficción, mitología y horror.

Según el mismo Lovecraft: “Todas mis narraciones, aun cuando no guarden relación entre sí, se basan en la tradición o leyenda según la cual este mundo estuvo habitado en épocas anteriores por otra raza que, como consecuencia de las prácticas de magia negra, perdió su dominio y fue expulsada, pero vive en algún lugar del exterior dispuesta en todo momento a volver a adueñarse de la Tierra.”

La Editorial Valdemar publicó la biografía que sobre H. P. Lovecraft escribiera L. Sprague de Camp.


Según leemos, la madre de Howard se sintió decepcionada por haber traído al mundo a un varón, por ello es que se empeñó en tratarle como a una niña; sobre “los intentos de su madre por feminizarle”, Sprague de Camp escribe en el primer capítulo:

Susie Lovecraft había deseado ardientemente tener una niña; había empezado un arca de vestidos para cuando esto sucediera. De ahí que favoreciese persistentemente las características de su hijo que consideraba femeninas. Le vestía con ropas estilo Lord Fauntleroy, y trataba deliberadamente de feminizarle. De pequeñito, Lovecraft insistió durante algún tiempo: “Soy niña”. Susie le hizo llevar bucles hasta los seis años, aunque él empezó a quejarse de ellos a la edad de tres. Durante algún tiempo, Susie le apaciguó mostrándole retratos del siglo XVIII del Spectator, que representaban a hombres maduros con cabello largo y calzón corto, como él. Aquí se inició su inveterado entusiasmo por el barroco, aunque no se reconcilió con los bucles. Por último, al cumplir los seis años, Susie tuvo que ceder a sus quejas. Llorando amargamente, le cortó el pelo. A partir de entonces, cosa extraña, evitó todo contacto físico con el chico, y decía a la gente que era feo. Mucho tiempo después, Lovecraft confesó a su esposa que la actitud de su madre hacia él había sido “devastadora”.

¿En qué sentido había resultado devastadora? ¿Era Lovecraft homosexual?, ¿era bisexual?

En el capítulo Amante Vergonzoso podemos leer las especulaciones que se han hecho sobre la vida sexual de Lovecraft. Cuenta Sprague de Camp:

La cuestión de la sexualidad de Lovecraft ha despertado mucho interés. Algunos escritores le han calificado de “asexual”. Otros han supuesto que pudo ser homosexual, al menos en sentido latente. Han citado su indiferencia hacia las relaciones heterosexuales, la ausencia de mujeres en sus relatos, cuyos personajes principales son mayormente un solitario narrador masculino y un amigo íntimo, y sus muchas amistades con hombres más jóvenes, algunos de los cuales o bien eran abiertamente homosexuales o bien tenían tendencias en ese sentido. Sin embargo, el término “homosexualidad latente” es vago y resbaladizo. Además la acusación de “tendencias homosexuales latentes” se ha vuelto tan brumosa que se ha atribuido a casi todo personaje notable cuya vida amorosa se aparta de lo normal... Prácticamente hablando, no estuvo sometido a influencias sexuales hasta que conoció a Sonia.

Antes de transcribir lo que pensaba el autor de El horror de Dunwich sobre el homoerotismo, veamos en qué momento de su vida lo descubrió.

“De hecho –aunque naturalmente siempre he sabido que la pederastia era una desagradable costumbre de muchas naciones antiguas-, jamás había oído hablar de homosexualidad como instinto real hasta cumplidos los treinta años... Cuando los chicos hablaban o se comportaban de manera sucia, podía haberles enseñado más de lo que ellos querían decirme a mí, aunque (tal era el estado de la formal medicina victoriana) mis conocimientos se limitaban enteramente al sexo normal. Fui de edad madura y hombre casado, antes de oír hablar por vez primera de la existencia de una homosexualidad instintiva...”

Sobre la atracción sexual entre personas del mismo sexo escribió:

“Por lo que se refiere al homosexualismo, la primera y fatal objeción contra él es que es naturalmente... repugnante a la abrumadora mayoría de la humanidad... Por ejemplo, yo odio tanto el adulterio físicamente normal (que es una traición ruin y despreciable) como la pederastia; pero mientras puedo gozar (físicamente) o ser tentado hacia el adulterio, decididamente no puedo pensar en el estado anormal sin que me produzca náuseas.”

Sprague de Camp afirma que Lovecraft no era un homosexual de clóset y que lo que escribió se correspondía realmente con lo que pensaba:

Que esta era la sincera opinión de Lovecraft lo confirma la carta que escribió a Robert Barlow el último año de su vida. Como varios de los jóvenes protégés de Lovecraft, Barlow era homosexual activo. Lovecraft parece que no llegó a enterarse nunca de la desviación de su joven amigo. En la carta en cuestión, Lovecraft criticaba un relato que Barlow había escrito sobre un artista que cobra gran afecto hacia un púgil. Lovecraft encontraba esto inverosímil:

“No existe el más mínimo motivo por el que un artista sano y maduro pueda desear ver o hablar con un pugilista barato y mediocre. Y si alguna trágica enfermedad o malformación confiriese al artista un interés anormal, se pasaría naturalmente la vida luchando por extirpar la enfermedad... no exhibiéndola o alentándola como podría hacer un sujeto de grado inferior.”

Por lo que sabemos, la homosexualidad en Lovecraft, como la sífilis hereditaria, parece ser tan improbable que, aunque no completamente refutable, sí puede ignorarse sin más. Lo notable es el hecho de que, considerando su singular educación y los intentos de su madre por feminizarle, no se convirtiese en abierto homosexual...

Pero a Lovecraft no sólo le resultaba enferma o repugnante esta forma de vivir la sexualidad, la sexualidad misma le resultaba desagradable:

Cuando Cook publicó un relato inofensivo sobre la modelo de un artista que posaba desnuda, Lovecraft escribió una carta larga y acalorada, atacando a Cook por este “horrible ejemplo de decadencia del pensamiento y de la moral... el erotismo pertenece a un orden inferior de los instintos y es una cualidad más animal que notablemente humana... En cuanto a las inhibiciones puritanas, las admiro cada día más. Son intentos de hacer de la vida una obra de arte.”

Aunque Lovecraft mantuvo su propia vida sexual dentro de unos límites estrechos y rígidos, descartó muy pronto toda idea de imponer su moral a los demás:

“Meditando sobre el origen de mis opiniones, me preguntaba a mí mismo hace poco si no serán demasiado apresuradas mis ideas antieróticas; debido a un mero prejuicio subjetivo, más que a una observación exacta o impersonal...”

Como puede verse, la homofobia está presente en los escritos de ambos autores.

Monday, July 24, 2006

AMOR Y SEXO EN LA VIDA DE WITTGENSTEIN
(Segunda parte)


Locura, homosexualidad, tragedia y suicidio en los Wittgenstein

Rudolf Haller afirma que Ludwig Wittgenstein fue “Un hombre fundamentalmente religioso y con una especial sensibilidad sobre el pecado. No ocultó su homosexualidad, que tomaba como algo completamente natural. Vivió entre la tentación de la locura y la del suicidio (tres de sus hermanos se quitaron la vida)”. ¿Cómo se suicidaron los hermanos de Ludwig? Veamos.

Ludwig Wittgenstein fue el octavo y último hijo de Karl Wittgenstein y Leopoldine Kalmus. El apellido Wittgenstein fue adoptado por Moses Maier, el bisabuelo paterno de Ludwig.

Karl Wittgenstein era un exitoso hombre de negocios, se dedicaba a la industria del hierro y el acero. Tenía la intención de que sus hijos mayores también se dedicaran al negocio, por ello es que no los envió a la escuela (recibieron en casa su educación).

Los tres hermanos varones más grandes se suicidaron: Kurt, Hans y Rudolf.

Kurt, quien fue el único que no se reveló a los deseos de su padre y durante una época fue director de la compañía, al final de la Primera Guerra Mundial se pegó un tiro debido a que las tropas que estaban a su mando se negaron a obedecer órdenes.

Hans deseaba dedicarse a la música. Ray Monk cuenta: “Era un prodigio musical de talentos mozartianos: un genio. Siendo todavía un niño ya dominaba el piano y el violin, y a la edad de cuatro años comenzó a componer sus primeras obras. Para él, la música no era algo interesante, sino una pasión voraz; tenía que estar en el centro, no en la periferia de su vida. Enfrentado a la insistencia de su padre para que se labrara un futuro en la industria, hizo lo que su padre había hecho antes que él y se escapó a América. Su intención era ganarse la vida como músico. Qué le sucedió exactamente, nadie lo sabe. En 1903 se informó a la familia de que un año antes había desaparecido de una embarcación en Chesapeake Bay, y que no se le había vuelto a ver desde entonces. La conclusión obvia fue que se había suicidado”.

Este hecho hizo que Karl educara de forma distinta a sus otros cuatro hijos: los envió a la escuela y permitió que eligieran lo que deseaban ser. A pesar de ello, al niño Ludwig se le presentó un problema: en lugar de seguir sus propios deseos, gustaba de complacer a los demás. Esta actitud le llevó –a los ocho años- a plantearse el que tal vez fue su primer problema filosófico: “¿Por qué debería uno decir la verdad si puede serle beneficioso decir una mentira?” Esta actitud complaciente es posiblemente la explicación al por qué Ludwig consideraba que había sido un niño infeliz, mientras que sus familiares consideraban que había sido un chico feliz. Sobre esto, Monk escribe: “No mostró precocidad musical, talento literario o artístico, y, de hecho, no comenzó a hablar hasta que no tuvo cuatro años. Careciendo de la rebeldía y determinación de los otros miembros varones de su familia, desde temprana edad se dedicó al tipo de habilidades prácticas e intereses técnicos que su padre había intentado infructuosamente inculcar en sus hermanos mayores”. Ludwig se dedicó a la ingeniería para obtener la aprobación de su padre, entró a la filosofía sólo hasta que Bertrand Rusell le animó (de hecho, Rusell –al animarle a dedicarse a la filosofía- le salvó la vida a Ludwig, quien había contemplado la idea de suicidarse).

Rudolf, al igual que Hans, se rebela y se va a vivir a Berlín “a donde había ido a hacer carrera en el teatro”.

¿Cómo y por qué se suicidó Rudolf? Encontramos las respuestas en las siguientes líneas de Ray Monk: “Su suicidio, llevado a cabo en 1904, apareció en un periódico local. Una tarde de mayo, según la noticia, Rudolf había entrado en un pub de Berlín y pedido dos bebidas. Tras estar sentado solo durante un rato, ordenó un trago para el pianista y le pidió que tocara su canción favorita, ‘Estoy perdido’. Mientras el músico tocaba, Rudi tomó cianuro y se desplomó. En una carta de despedida a su familia, decía que se había matado porque un amigo suyo había muerto. En otra carta de despedida decía porque tenía ‘dudas acerca de su pervertida inclinación’. Algún tiempo antes de su muerte se había acercado al Comité Científico-Humanitario (que hacía campaña en pro de la emancipación de los homosexuales) buscando ayuda, pero, dice el anuario de la organización, ‘nuestra influencia no llega lo suficientemente lejos como para apartarle del sino de la autodestrucción’”.

“¡Qué cosa tan terrible! ¿Qué filosofía ayudará alguna vez a superar un hecho de este tipo?” exclamó Ludwig cuando recibió la noticia. Paul, quien se había convertido en un exitoso concertista de piano, durante su participación en la Primera Guerra Mundial, perdió el brazo derecho. “Pero, con extraordinaria determinación, se adiestró en tocar sólo con la mano izquierda, y consiguió tal pericia que pudo continuar su carrera como concertista. Para él, en 1931, Ravel escribió su famoso Concierto para la mano izquierda.”

En La Revista encontramos lo siguiente: "La guerra será también la causa indirecta de otra de las obras más espectaculares de Ravel. El pianista austriaco Paul Wittgenstein -hermano de Ludwig, el filósofo- había perdido el brazo derecho en la contienda y, para poder continuar con su actividad artística, solicitó a varios compositores obras pianísticas que se pudieran tocar con una sola mano. A Ravel le apasionó tanto el reto que dobló la apuesta y escribió simultáneamente el Concierto para la mano izquierda, en el que la presencia del piano es tan poderosa como si se tocara con las dos manos, y el Concierto en sol escrito para su propio consumo..."

Referencias

Monk, Ray. “Ludwig Wittgenstein. El deber de un genio”. Editorial Anagrama. Barcelona. 2002.

Nota: Quienes deseen saber más acerca de Ludwig Wittgenstein pueden leer Algo sobre positivismo lógico (primera, segunda y tercera parte), El misticismo y la santidad en Ludwig Wittgenstein (primera, segunda y tercera parte), Terapia filosófica (primera y segunda parte), Wittgenstein y el psicoanálisis, De la teofanía que salvó su vida y De lo que no se puede hablar hay que callar.

Wednesday, July 19, 2006

La mejor de nuestras vidas


Para Ray Bradbury literatura y vida son sinónimos. Ha escrito que “Uno tiene que mantenerse borracho de escritura para que la realidad no lo destruya. Porque escribir facilita las recetas adecuadas de verdad, vida y realidad, que permiten comer, beber y digerir sin hiperventilarse y caer en la cama como un pez muerto”.

Y aunque ha llegado a afirmar que la ciencia ficción era tan sólo la tercera parte de su trabajo como escritor, sus Crónicas marcianas están entre las obras más entrañables del genero.

¿Y qué es la ciencia ficción para el autor de Fahrenheit 451?

“La historia entera de la humanidad consiste en solucionar problemas; la ciencia ficción devora ideas, las dirige y nos dice cómo sobrevivir. Una cosa acompaña a la otra. Sin la fantasía no hay realidad. Sin estudios sobre pérdidas no hay ganancias. Sin imaginación no hay voluntad. Sin sueños imposibles no hay posibles soluciones... toda ciencia ficción es un intento de resolver problemas mientras se finge mirar para otro lado. En otro lugar he descrito este proceso literario como el enfrentamiento de Perseo con la Medusa. Con los ojos en la imagen de Medusa reflejada en su escudo de bronce, mientras finge desviar la mirada, Perseo lanza el brazo por sobre el hombro y decapita al monstruo. Así la ciencia ficción simula futuros a fin de curar perros enfermos en los caminos de hoy. El tropo lo es todo. La metáfora es el remedio... Al parecer, pues, somos todos niños de ciencia ficción que soñamos nuevas formas de supervivencia...”

Investigando sobre aquellas obras de ciencia ficción en las que se abordara la homosexualidad, encontré la siguiente historia de Bradbury, merece mencionarse aunque no pertenezca al género mencionado.

¿Cuánto tiempo dura la felicidad? ¿Cuánto tiempo dura el amor? ¿Cuántas veces podemos amar? De todo ello y de la preocupación por el futuro trata La mejor parte de la sabiduría, historia que aparece en Mucho después de medianoche, antología –publicada por Editorial Minotauro- que contiene 22 cuentos de Bradbury.


La habitación era como un hogar grande y caluroso, iluminada por un fuego invisible, cómoda...
Despacio, el lugar se llenaba, se vaciaba y volvía a llenarse de música. Una sola lámpara de limón alumbraba en un rincón lejano, iluminando paredes pintadas de un veraniego color amarillo...
Entrando en la habitación sin hacer ruido, uno podría no advertir a los dos hombres, tan quietos estaban.
Uno recostado en el sofá blanco puro, con los ojos cerrados. El segundo acostado de manera que el regazo del otro le servía de almohada. También tenía los ojos cerrados, escuchando. La lluvia tocaba las ventanas...

Un anciano visita a su nieto, un joven de nombre Tom.

-Yo... –dijo el abuelo- he estado ante esa puerta durante cinco minutos...
-¿Cinco minutos? –gritaron los dos jóvenes, muy alarmados.
-...pensando si debía llamar. Oí la música, ves, y finalmente me dije, maldita sea, si hay una muchacha con él, puede arrojarla por la ventana a la lluvia o mostrar sus encantos al viejo. ¡Al diablo!, dije, y golpeé, y –tiró al suelo la maleta vieja y golpeada- no hay ninguna joven aquí, por lo que veo... oh, por Dios, la has asfixiado en el armario, ¡eh!
-No hay ninguna joven, abuelo. –Tom dio una vuelta en círculo, extendiendo las manos para mostrar.
-Pero... –El abuelo miró el suelo pulido, los tapetes blancos, las flores brillantes, los atentos retratos de las paredes.- Entonces ¿te ha prestado la casa?

La manera en que la casa está decorada llama la atención del abuelo:

Pero el viejo, atónito, no hablaba, mirando uno a uno los cuadros de la pared.
-Un gran cuadro, ése.
-Lo hizo Frank.
-Aquella es una magnífica lámpara.
-La hizo Frank.
-¿La alfombra que hay en el suelo...?
-Frank.
-Jesús –susurró el viejo-, es un maníaco del trabajo, ¿verdad?
En silencio anduvo arrastrando los pies por la habitación como quien visita una galería.
-Parece que sí –dijo-, el sitio está absolutamente repleto de talento artístico...

El anciano observa un retrato de Tom y es entonces que capta que no sólo eran amigos aquellos dos, Bradbury escribe:

-Frank Davis. ¿Ese eres tú, muchacho? ¿Tú hiciste este cuadro?
-Sí, señor –dijo Frank en la puerta.
-¿Hace cuánto tiempo?
-Hace tres años, creo. Sí, tres años.
El viejo asintió despacio, como si esa información completara el gran rompecabezas, un desconcierto continuo.

Es la muerte la responsable de aquella visita:

-Ah, Tom, Tom, ¡qué agradable verte! –dijo el abuelo-. Dublín te ha echado de menos estos cuatro años. Pero, diablos, me estoy muriendo. No, no me preguntes cómo ni por qué. El médico, maldito sea, tiene la información, y me la descerrajó entre ceja y ceja. Así que me dije, en vez de que los parientes suelten el dinero para venir a despedirse del viejo caballo, ¿por qué no haces tú mismo la gira de despedida y estrechas manos y empinas copas?...

Y en la madrugada la vida perturba al anciano:

A eso de las dos de la mañana, el viejo se despertó de repente.
Miró alrededor en la oscuridad, preguntándose donde estaba, y entonces vio las pinturas, las sillas tapizadas y la lámpara y las alfombras que Frank había hecho, y se incorporó. Cerró los puños. Entonces se levantó, se vistió y se tambaleó hacia la puerta como si temiera no poder llegar antes de que ocurriese algo terrible.
Al cerrarse la puerta Tom abrió los ojos de golpe.
En algún sitio, en la oscuridad, alguien llamaba y gritaba, desafiando los elementos, alguien gritaba blasfemias a voz en cuello, diciendo Dios y Jesús y Jesús y Dios, y finalmente hubo unos golpes, unos golpes frenéticos como si alguien estuviera pegando a una pared o a una persona.
Después de un rato largo el abuelo volvió a la habitación, empapado hasta los huesos.
Tambaleándose, mascullando, farfullando, el viejo se quitó la ropa húmeda delante del fuego sin fuego, luego tiró un periódico en los carbones, que ardieron brevemente mostrando un rostro que se relajaba pasando de la furia al aturdimiento. El viejo encontró y se puso la bata desechada de Tom. Tom mantuvo los ojos apretados mientras el viejo alargaba las manos hacia la menguante llama, chorreadas de sangre.
-Maldición, maldición, maldición. ¡Eso! –Se sirvió whisky y lo bebió de un trago. Parpadeando miró a Tom y las pinturas de la pared y de nuevo a Tom y las flores de los jarrones y entonces bebió de nuevo. Después de un rato largo, Tom fingió despertarse.
-Pasa de las dos. Necesitas descansar abuelo.
-Descansaré cuando haya terminado de beber. ¡Y de pensar!
-¿Pensar en qué, abuelo?

Y esa madrugada el joven y su abuelo deciden hablar de aquello que les inquieta:

-Abuelo –dijo Tom, por fin, casi como un niño que se acerca a buscar el castigo o el perdón por un pecado todavía no identificado-, ¿te preocupo?
-No. –Entonces el viejo agregó:- Pero ¿qué hará la vida contigo, cómo te tratará, bien o mal... de noche, tarde, me siento en la cama pensando en eso.
El viejo se sentó. El joven lo miraba con ojos muy abiertos y entonces, como si le leyera los pensamientos, dijo: -Abuelo, soy feliz.
-¿De veras lo eres, muchacho?
-Nunca en mi vida había sido tan feliz.
-¿Sí? –A través del aire oscuro de la habitación, el viejo miró aquella cara joven.- Ya lo veo. Pero ¿continuarás siendo feliz para siempre, Tom?
-¿Acaso alguien continúa siendo feliz para siempre, abuelo? Nada dura tanto, ¿verdad?
-¡Cállate! ¡Tu abuela y yo, eso sí que duró!
-No. No fue siempre lo mismo, ¿verdad? Los primeros años fueron una cosa, los últimos años otra.
El viejo se puso una mano sobre la boca y luego se masajeó la cara, cerrando los ojos.
-Dios, sí, tienes razón. Hay dos, no, tres, no, cuatro vidas, para cada uno de nosotros. Ninguna de ellas dura, es cierto. Pero pensar en ellas, sí. Y de las cuatro o cinco o una docena de vidas que vives, una es especial. Recuerdo que una vez...
La voz del viejo se entrecortó.
-¿Una vez, abuelo? –dijo el joven.

A continuación el abuelo narra una de sus vidas, la mejor, la que recuerda con mayor emoción, ¡y no es con la abuela!
Una vez que narra todo aquello:

El viejo se quedó callado. Después de un rato, agregó:
-La parte mejor de la sabiduría, dicen, es la que se calla. No diré más. Ni siquiera sé por qué he dicho todo esto.
Tom estaba acostado en la oscuridad. –Yo lo sé.
-¿De veras, muchacho? –preguntó el viejo-. Bueno, dímelo. Algún día.
-Algún día –dijo Tom-. Algún día te lo diré.
Escucharon como la lluvia tocaba las ventanas.
-¿Eres feliz, Tom?
-Ya me lo preguntaste antes.
-Te lo pregunto de nuevo. ¿Eres feliz?
-Sí.
Silencio.
-¿Es verano en la orilla, Tom? ¿Son los siete días mágicos? ¿Estás borracho?
Tom no respondió durante un largo rato, y entonces lo único que llegó a decir fue “abuelo” y asintió una vez con la cabeza.
El viejo estaba sentado en la silla. Podría haber dicho, eso pasará. Podría haber dicho, no durará. Podría haber dicho muchas cosas. Pero lo que dijo fue: -¿Tom?
-¿Señor?
-¡Cristo! –gritó el viejo de repente-. ¡Cristo, Dios Todopoderoso! ¡Maldita sea! -Entonces el viejo calló y su respiración se calmó.- Eso. Es una noche de locos. Tenía que soltar un último grito. No tenía más remedio, muchacho.
Y por fin durmieron, mientras la lluvia caía rápidamente.

Monday, July 17, 2006

La sodomización como una forma de tortura en la ciencia ficción mexicana


Gerardo no recordaba haber ejercido de manera consciente la venganza o la violencia (...)Tampoco, en todos aquellos años había tenido una experiencia homosexual –consideraba que todo cuanto hiciera con una mujer en la cama era válido, incluyendo el coito anal, pero jamás había sentido deseos por un hombre-, sin embargo, descubrió que la venganza era un atractivo que podía vencer barreras de una manera inesperada. Así pues...

Felipe acarició la pierna de Gerardo y le buscó la bragueta. Gerardo se negó fingiendo pena pero se dejó conducir a la habitación de Felipe. Una vez ahí, Felipe se desnudó, tenía un cuerpo esbelto de efebo y se volteó para que sus nalgas fueran visibles.

-Déjame tocarte, no te va a pasar nada –dijo.

Se acercó y tomó a Gerardo por los hombros. Lo acarició y bajó las manos, él se las apartó.

-No seas tímido, sólo quiero tocarte, que vengas conmigo a la cama...

Felipe ya mostraba su enorme grado de excitación, con una erección completa.

-Con una condición –dijo Gerardo mientras sacaba de sus bolsillos dos rollos de cuerda- quiero amarrarte a la cama.

Gerardo, luego de amarrar y amordazar a Felipe, usó su pene como un arma para sodomizarlo durante varias horas causándole todo el dolor del que fue capaz. Felipe esperaba que eyaculara y terminara el tormento, pero eso no ocurrió. Cuando Gerardo consideró que había sido suficiente y lo desmontó, ya amanecía. Desató a Felipe y le acarició la mejilla húmeda por las lágrimas.

Pero aquella violencia no era gratuita, Felipe era el responsable del enojo de Gerardo. Felipe era como una mujercita chismosa que fiscalizaba los actos de cuantos se encontraban a su alrededor, había logrado averiguar ciertas cosas que, de saberse, comprometerían al chico de sus sueños; cometió el error de amenazarlo. Así es como despertó la rabia de Gerardo Estrada.

Gerardo hervía de furia. Muchas veces en su vida adulta se había encontrado con personas que trataron de usar el chantaje con él y el hecho de que tal cosa pasara ahora le enfurecía fuera de toda proporción.

Felipe había actuado desesperada y torpemente, cierto es que deseaba a Gerardo, pero soñaba con algo más que un simple acostón. Felipe era un adolescente enamorado. De una manera muy particular, pero no por ello menos intensa. Amaba, o creía amar, a Gerardo Estrada.

Amenazándolo sólo podría llevarlo a su cama –de hecho, lo hace- pero jamás podría llegar a ser correspondido.

Gerardo trataría de olvidar todo, después de aquella experiencia y una vez cumplidos los 18 años, decidió dejar Mérida y partir a la Ciudad de México a estudiar medicina. No sabía que Felipe se convertiría en uno de sus más peligrosos enemigos.

La serie Narrativa Milenium, de la desaparecida Editorial Posada, pretendía publicar obras de los llamados géneros alternativos, la única novela de ciencia ficción que se publicó fue Adamas, del periodista Héctor Chavarría.

¿Le gustaría volver a vivir? –leemos en la contraportada- Y, de paso, cambiar su historia y la de los demás... Gerardo Estrada tuvo la oportunidad de volver a ser niño... con los conocimientos y experiencia de un adulto. Llegó en el momento preciso, al lugar que había elegido, para hacer realidad un sueño. Por supuesto, se desató el caos. Una crónica policial a través de épocas diferentes para recrear la lucha de un hombre y una inteligencia artificial, por evitar que el mundo cambie a causa de un sueño digno de los dioses.

Gerardo Estrada logra hacer un viaje al pasado, pero no se trata del tradicional viaje en el tiempo al que nos tiene acostumbrados la ciencia ficción, se trata de una transferencia mental al pasado, es decir, la mente del Gerardo adulto se traslada al cerebro del Gerardo niño.

Chavarría menciona al respecto: “Creo que la idea de transferencia mental a través del tiempo es original, si alguien se adelantó me agradaría leerlo, para ver dónde la regué.”

Volver a vivir y reparar nuestros errores. ¿Quién no lo ha pensado? Si Gerardo había regresado era para evitar la muerte de Rosalinda, su primer amor.

Una vez que llega a la adolescencia, Gerardo cambia completamente, es decir, vive su juventud de una manera diferente a la primera vez. Cuando acepta dinero en efectivo a cambio de sexo un mundo nuevo se le revela. Para el Gerardo original aquello –con su timidez- habría sido impensable. Pero era “otro”. Deseaba vivir, experimentar, hacer lo que no había hecho antes. El dolor inicial de aquellos primeros años había desaparecido para dejarle una sensación de amo del mundo.

Klaus Loren y Armandina Zárate son quienes crean los módulos neuro-temporales, es decir, el procedimiento para hacer el viaje en el tiempo. Con este conocimiento la Corporación Estrada tuvo la oportunidad de cambiar la historia. Loren y Armandina también viajan al pasado. Gerardo Estrada, Klaus Loren y Armandina Zárate acuerdan una cita para el 30 de mayo de 1971. Gerardo no sólo atraía a Felipe, Loren también pensaba en él: Lo deseaba, siempre había sido así. Quería conocerlo joven, no como aquella existencia del que ahora era su futuro condicional. Estaba seguro que siendo ambos jóvenes él tendría la oportunidad de conquistarlo.

Loren decide llegar en 1970, entonces busca (y logra tener) encuentros esporádicos: La ciudad de México, a pesar de la mojigatería de aquellos años, era perfecta para las aventuras, de manera especial si se poseía la experiencia. Había lugares donde uno encontraba gente: cafés, un par de bares, cines, la propia Avenida de los Insurgentes hacia la cual pensaba dirigirse aquella noche... En el cine había encontrado a varios hombres interesados en acercársele, pero ninguno le había agradado: unos eran feos, otros se veían vulgares o viejos o estaban algo bebidos. No, Klaus, no quiso nada con ellos...

¿Y a quién conoce Loren? ¡A Felipe!A partir de ese momento, Loren comienza a frecuentar de modo habitual a una persona, un individuo conocido como Ipe, apócope de Felipe, quien era “una reina” famosa por su “belleza” proporcionada por el tratamiento de longevidad.

Ipe –debido a la humillación del que fuera su amor platónico y a que Loren está interesado en Gerardo- se convierte en un enemigo de la Corporación Estrada, luchó –entre otras cosas- por la patente de la vacuna antisida. En cuestiones menores había ganado, pero los premios gordos los había perdido... Ipe había pasado a la clandestinidad y desde ella se había dedicado a sabotear los proyectos de Estrada.

Ipe hará todo lo posible por arruinar los planes y objetivos de la Corporación Estrada, el Factótum Gerardo Avila tiene como tarea desentrañar el caso Estrada y para ello cuenta con Watson, una inteligencia artificial. Suspenso, sexo, venganza, bares gay, drogas y violencia son algunos de los elementos que integran esta novela.

Monday, July 10, 2006

De cuando besas a tu amante muerto



En el número 3 de la desaparecida versión mexicana de la revista Asimov, ciencia ficción apareció un cuento de Ian McDowell. Sobre la historia de McDowell, José Luis Domínguez (editor de la revista) en su editorial comentaba:

“De EL FANTASMA DE UNA ANTIGUA AMANTE, hemos escuchado que no se trata de un cuento clásico de CF, sin embargo creemos oportuno aclarar que nuestra revista no pretende publicar sólo lo que hoy se llama Ciencia Ficción Dura, y que desde luego las fronteras entre un subgénero y otro dentro de la CF son muy tenues, además de que... mejor dejémonos de rollos y disfruten de las excelentes pinceladas poético-literarias de Ian Mac Dowell.”

El profesor Ian MacDowell, para obtener su maestría en literatura inglesa, acepta la ayudantía del curso de redacción, al mismo tiempo se inscribe en la clase de la doctora Suzanne Radcliffe. En la clase de redacción y como trabajo final, Ian pide a sus alumnos el siguiente ejercicio:

“Piensen en algo que los hirió o avergonzó, algo que aún sienten inconcluso. Escriban acerca de lo sucedido, usando un lenguaje llano que se concentre en los aspectos externos. Luego hablen acerca de lo que sintieron en ese momento, y luego de cómo se sienten ahora. ¿Se sienten igual? Si no es así, ¿por qué creen que es distinto?...”

Megan Cambell no era alumna de Ian, pero asistía con cierta frecuencia al curso, impartido en el séptimo piso de ese edificio. Megan escribe lo siguiente:

Una vez hice algo muy malo. Quizá no tan malo. Lo que sé es que herí a alguien que amaba. Creo que eso está mal. Pienso que herir a alguien es la única clase de mal que existe.
Ella y yo éramos compañeras de cuarto. Era hermosa y muy lista...

Megan se refiere a una joven ya titulada que dirigía una revista de arte y literatura, esta joven le publica a Megan algunos trabajos. Se hicieron amigas. Megan la lleva a pasar con ella y su familia la Navidad. Cuando los padres de Megan se retiran a dormir...

Yo sabía desde antes que me gustaban las mujeres. Traté con hombres, pero nunca me funcionó. Ella no lo sabía. Casi nadie lo sabía. Pero yo sí.

Habían decoraciones de Navidad, con acebo y muérdago. Ella dijo:

-Mira eso. Tu hermano no llegará hasta mañana. No hay nadie a quien besar.
La besé.

Al principio ella respondió a mi beso, pero entonces me atreví a hacerlo con la lengua, y eso la asustó. Me empujó, y el tazón de ponche se volcó, y ella salió corriendo de la casa y se metió a su coche. Yo corrí detrás de ella.

Ella arrancaba su coche. Corrí por las llaves de papá, que estaban en la mesa de la cocina, y fui por ella.

La alcancé en las afueras de Greensboro, y la seguí.

Manejó al campus y se detuvo frente a la biblioteca. Claro que estaba cerrada y a oscuras, pero durante ese semestre trabajó en la sala de libros valiosos, y tenía la llave. Entró antes de que yo pudiera salir del coche, pero dejó la puerta abierta tras ella.

La encontré en la mesa de recepción llamando por teléfono a su papá. Creo que llamó desde ahí porque no tenía monedas, y sabía que éste era el único teléfono que podía usar.

-¡No te me acerques! –me gritó. Dijo a su papá que iría a casa, y colgó-. No te me acerques, o llamaré al rector. Le diré a tus papás –entonces corrió, dejándome sola en la biblioteca.

Quería suicidarme.
Después de eso, nunca la volví a ver.

¿Cómo me siento ahora por eso? No sé. Ahora las cosas son extrañas; no parecen cambiar mucho. Pero ya no quiero suicidarme. No se me ocurre nada más.



Ian queda impactado por el escrito y se lo comenta a la profesora Radcliffe. Radcliffe queda aún más impactada. La doctora pide que le cuente todo lo que sabe acerca de Megan, y para ello se dirigen a un bar.

Después de escuchar a Ian, Radcliffe comenta:

“Megan Cambell saltó del séptimo piso de la biblioteca en la víspera de Navidad de 1965. Parece que su fantasma estuvo en tu curso... yo soy la muchacha que Megan besó en la boca. La que la rechazó... Durante mucho tiempo no quise admitir que soy bisexual. Por lo menos no hasta que comencé a estudiar el doctorado... Tienes que entenderlo: a pesar de la dizque revolución sexual de los sesenta, la época era muy anti-gay. Nadie se atrevía a hablar de los derechos o la identidad de los homosexuales. Además, 1965 todavía era parte de los años cincuenta...”

Esta charla ocurre, precisamente, en una víspera de Navidad (la de 1985), así que Radcliffe decide ir a la biblioteca y encontrarse con Megan.

Posteriormente Radcliffe le comenta a su alumno el encuentro: “...En las baladas antiguas, besas a tu amante muerto, y ahí termina todo; en cuanto tocas esos labios fríos como la arcilla, tu también mueres. Tal vez yo esperaba que pasara eso, y quizá no habría importado. Pero sus labios no eran fríos y yo no estoy muerta... Sentí un sabor de... no sé... polvo, hojas muertas, un vacío frío y seco. Luego nada. Al abrir los ojos, me abrazaba sola en un salón vacío...”

Thursday, July 06, 2006

Anthony Kenny en el cuarto capítulo de “El legado de Wittgenstein” (publicado por Siglo Veintiuno editores) analiza los diferentes conceptos de filosofía que tenía el autor del Tractatus Logico-Philosophicus. Escribe Kenny:

“Varios países tienen establecimientos para inventar las más terribles armas de guerra bacteriana. Si uno conoce gente que trabaja en estos establecimientos, naturalmente se asombra y les pregunta: ‘¿Por qué trabajas en ese tipo de tarea –inventar nuevas enfermedades para los seres humanos?’ Ellos siempre dan la respuesta: ‘Necesitamos saber qué es lo que puedan estar planeando nuestros enemigos. A menos que intentemos y logremos inventar cosas para uso en contra de otros, no sabremos qué cosas terribles ellos van a hacernos. Realmente nosotros no intentamos lanzar estas enfermedades a todos los demás, sólo queremos saber cómo tratarlas en caso de que otros usen esas armas en contra nuestra.’ De acuerdo con esta versión de la visión de la filosofía de Wittgenstein, parece como si los filósofos fuesen gente como la que trabaja en un departamento de guerra bacteriana. Quizá sea justificable trabajar en estos extraños cultivos que van a producir las más extraordinarias enfermedades intelectuales, pero sólo es justificable en tanto que ya hay otra gente produciendo estas cosas horribles y uno tiene que producirlas para saber cómo manejarlas.”

Kenny afirma que no le agrada la comparación entre la filosofía y la guerra bacteriana, pero dicha comparación es interesante. Es atractivo imaginar que los filósofos crean conceptos que pueden resultar peligrosos si se llegan a hacer públicos (recuerdo que el filósofo José Marquina decía que los libros de Paul Feyerabend podían ser peligrosos en caso de caer en las manos de los charlatanes).

La doctora Susan Blackmore ha sido una de las principales exponentes de la memética (en mi cuento Marcos 16:15 transcribo algunos de los conceptos que maneja la doctora). Un meme –en resumidas cuentas- es información que puede transmitirse por medio de la imitación, por ejemplo canciones, hábitos, modales, etc. ¿Qué son los memeplexes? Blackmore, en “La maquina de los memes”, escribe: “Memeplexes: Grupos de memes que se replican conjuntamente. Complejos de memes coadaptados. La esencia de cualquier memeplex consiste en facilitar que los memes que contienen se repliquen mejor como parte de un grupo que individualmente.” Más adelante escribe sobre los virus de la mente: “La transmisión de los memes se realiza longitudinalmente por vía generacional aunque también puede hacerse horizontalmente, como los virus de una epidemia... Dawkins acuñó el término ‘virus de la mente’ para aplicarlo a ciertos memeplexes, como son las religiones y los cultos, que se propagan a través de segmentos de población enormes, en los que los individuos emplean todo tipo de estrategias de copia cuyas consecuencias pueden tener efectos desastrosos para la población infectada.” Blackmore escribe sobre la lucha de memes y los trucos que emplean para transmitirse.

Somos fabricantes de memes, algunos de ellos tienen gran éxito (como las medicinas alternativas), y algunos de esos exitosos memes pueden resultar peligrosos. Pero un meme resultará o no peligroso dependiendo del paradigma desde el que estemos observándolo.

Los escritores de ciencia ficción son fabricantes de ideas inquietantes, subversivas; son creadores de conceptos que resultan perturbadores para las “buenas conciencias”; son fabricantes de memes que son calificados como peligrosos por los guardianes de la moral. Desde el punto de vista de los conservadores, los escritores de ficción científica son responsables de algunas enfermedades intelectuales...



Los peligros de la ciencia ficción


La leña arde y los jóvenes reunidos se dejan deslumbrar por los espectros que recorren aquel lugar. La Villa Diodati, en Ginebra, Suiza, es visitada por espíritus que no han podido encontrar el descanso eterno, fantasmas que resultan al mismo tiempo terroríficos y atrayentes. La lluvia no cesa y aquellas visitas del más allá tocan las fibras más sensibles de aquellos que han sido atrapados en la cabaña por el mal tiempo.

Un juego. Un reto. Crear una nueva historia, ¿quién de entre ellos será capaz de crear el relato más aterrador?

Las pesadillas del doctor Víctor se convirtieron en realidad una lluviosa madrugada del mes de Noviembre, el salón en el que se encontraba trabajando apenas era iluminado por una vela cuya vida llegaría a su fin en cualquier momento. La entelequia, la energía vital le sería arrebatada a la naturaleza, pero no para mal, al contrario, los deseos de aquel científico eran brindar felicidad y gozo al ser humano. Pero a aquel hombre, cuyo terrible aspecto no iba de acuerdo con la apariencia que cualquier filósofo de la naturaleza debería tener, el destino no le tenía reservada la felicidad.

Dos fueron las obras que comenzaron a gestarse en aquellas reuniones en la Villa Diodati: Frankenstein o el Moderno Prometeo (1818), de Mary Wollstonecraft Shelly; y El vampiro, de William Polidori.

¿Quién, al escuchar el nombre de Frankenstein, no piensa de inmediato en el monstruo con tornillos en el cuello y una enorme cicatriz en la frente? Pero no fue el relato de Mary Shelly el responsable de esa imagen clásica, en su novela podemos encontrar apenas una descripción bastante breve acerca de la apariencia del hijo del doctor Frankenstein. El responsable de esa imagen fue el maquillista Jack Pierce, quien trabajara en la primera versión cinematográfica del Moderno Prometeo.

La mayor parte de los escritores de ciencia ficción afirma que el género comenzó con Frankenstein.
Y es que –como la misma autora deja claro- es la ciencia y no la magia lo que permite al Dr. Víctor retar a la muerte.

Shelly aseguraba que los acontecimientos que narraba estaban basados en los trabajos del investigador Erasmus Darwin, abuelo del autor de El origen de las especies.

Isaac Asimov comenta: “otros creen que Frankenstein debe considerarse más honestamente como una leyenda gótica en la tradición de El castillo de Otranto de Horace Walpole (1765). Ejemplos posteriores de lo que muchas veces se ha tomado como los primeros relatos de ciencia-ficción son las notables obras de Poe y Hawthorne, a las que se podría etiquetar como tales. Parece, pues, que deberíamos comenzar a hablar de verdadera ciencia-ficción a partir de Cinco semanas en globo de Jules Verne (1863). Verne escribió ciencia-ficción sin aderezos góticos, y fue la primera persona que se dedicó a ello casi exclusivamente, y como resultado obtuvo gran popularidad y riqueza. De hecho, 1863 parece una buena fecha para el comienzo.”

Sin embargo, más adelante presenta otra idea: la ciencia ficción –como un fenómeno masivo- comenzó con el primer número de Amazing Stories.

En 1923 la revista Science and Invention, dirigida por Hugo Gernsback, publica un número especial dedicado íntegramente a la ciencia ficción. Amazing Stories nace en abril de 1926, su editor era el mismo Gernsback, quien acuñó el término scientifiction. Gernsback también fue el responsable de Science Wonder Stories.

La palabra pulp se refiere al material con el que estaban elaboradas estas revistas: pasta de papel. Lejos está la verdadera literatura de publicarse en semejante material, ¿o no?

“La ciencia ficción es sólo algo con lo que se entretienen los adolescentes, pero ya se les pasará...”

¡¡No!! La ciencia ficción es mucho más que un simple entretenimiento pasajero. La ciencia ficción es capaz de perturbar nuestra paz, es capaz de conmovernos o trastornarnos, es capaz de hacernos reflexionar, cuestionar, soñar, proponer, quebrantar las normas, abrir nuestra mente a otras posibilidades...

Bruce Sterling escribió: “Somos Payasos Sabios que podemos saltar, dar cabriolas, hacer profecías y rascarnos en público. Podemos jugar con las Grandes Ideas porque el extravagante colorido de nuestros orígenes de revista barata nos hacen parecer inofensivos”.

Por su parte, Arthur C. Clarke dice que la ciencia ficción es la “única genuina droga que proporciona expansión a la conciencia”. En otra parte ha anotado que “Al trazar el mapa de los futuros posibles o imposibles, el escritor de ciencia ficción puede prestar un gran servicio a su comunidad. Estimula en sus lectores la flexibilidad mental”.

¿Qué sucede cuando los autores de ciencia ficción tocan temas tabúes?, ¿qué sucede cuando los escritores de ciencia ficción presentan obras en las que se cuestionan los “valores” de una sociedad?, ¿cómo reacciona el público cuando el “entretenimiento inofensivo” cuestiona el orden establecido?

¡Pero qué poco observadores son quienes creen que la ciencia ficción es un juego tonto! La literatura fantástica siempre ha impulsado la crítica, ha ensanchado nuestra visión, ha roto cadenas... Y es que más allá de la trama, de los viajes en el tiempo o de las múltiples formas en las que podría darse el encuentro con seres extraterrestres, mediante la ciencia ficción podemos explorarnos a nosotros mismos, examinar nuestros prejuicios, desmenuzar nuestros sueños, poner bajo el microscopio nuestros temores, colocar en la mesa de disección las sociedades que hemos construido.

En 1967 Harlan Ellison vaticinaba una revolución en la ciencia ficción; según cuenta, Visiones Peligrosas ocasionó las más distintas respuestas. Por un lado están quienes disfrutaron la lectura, por otro quienes tan sólo vieron un material ofensivo e irrespetuoso: “¡Que la maldición caiga sobre usted! La ciencia ficción tendría que ser algo hermoso”. Muchas exasperadas mamás, jefes de boy-scouts, profesores y clérigos, exigían “saber por qué los preciosos fluidos corporales de sus chicos habían sido polucionados con esa inmundicia de volumen”.

Religión, drogas, bancos de órganos y homoerotismo son algunos de los ingredientes que pueden encontrarse en Visiones peligrosas, antología –en tres volúmenes- coordinada por Ellison.

¿Cuáles son las más temibles formas de vida? ¿Aquellas que no comprenden que el amor y la libertad van de la mano? ¿Aquellas para las que sólo es posible amar siguiendo reglamentos? ¿Las que imponen su particular forma de entender el amor?


En Eutopía –relato que aparece en el segundo volumen de esta antología- Poul Anderson nos cuenta que un hombre llamado Iason Philippou ha despertado la ira de Ottar Thorkelsson, Legislador de Norlandia.

Un visitante de la Madre Patria, Europa, vino a Ernvik. Ottar Thorkelsson lo recibió con los brazos abiertos. En correspondencia, él hizo algo que sólo su muerte puede limpiar. Philippou no enfrenta a Ottar, decide huir, y para ello roba un auto.

Iason sabe que no está participando en un juego, su vida realmente está en peligro. Si Sócrates, sintiendo el frío de la cicuta, había sido capaz de dar sabios consejos a los jóvenes de Atenas, Iason Philippou podía ser capaz de examinar sus posibilidades. Porque aún no estaba muerto.

Así, el miedo no lo vencería, no dejaría de luchar por su vida porque tenía una razón para vivir. Amaba Eutopía, su país. También amaba a Niki, y Nikki aguardaba su regreso.

Iason logra cruzar la frontera, no habla del delito por el que es perseguido, oculta su identidad y aprovecha las leyes que rigen las relaciones entre los distintos pueblos.

Iason Philippou tiene la tarea de investigar las formas en que varían entre sí las sociedades de las distintas Tierras. Así, a lo largo del relato aparecen comentarios acerca de las “irracionales” costumbres de cada pueblo, sus tabúes, sus “ridículas” formas de vivir, sus creencias religiosas, etc. Pero las tradiciones y modas del pueblo al que pertenece Philippou son también criticables para los ojos de los otros pueblos. Al final reflexiona acerca de si es posible aprender algo de los pueblos supuestamente más atrasados.

Una vez que Iason logra llegar a Eutopía, está listo para olvidar a Leif Ottarson, aquel por el que había tenido que huir. Sólo había sido tentado en su soledad por un ligero parecido con su amor. Ahora estaba en casa. Y Nikki lo estaba aguardando. Nikki Demostheneou, el más hermoso y encantador de los muchachos.

Anderson comenta en su epílogo que las peores y más peligrosas formas de vida “son aquellas que no pueden tolerar nada que sea distinto a ellas”.

Tuesday, July 04, 2006

Joterías newtonianas


Isaac Newton (¿hace falta decirlo?) es el autor del libro más importante en la historia de la física: Philosophiae Naturalis Principia Mathematica; por si fuera poco, es también el creador del cálculo diferencial e integral (la teoría de fluxiones). La leyenda de la manzana, una de las leyendas científicas más conocida, fue inventada por él mismo. Menos conocidos son sus trabajos alquímicos y teológicos.


Esta entrada tiene como objetivo comentar no sobre sus trabajos científicos sino sobre su vida afectiva.

¿Qué encontró Frank E. Manuel en los cuadernos privados que escribiera Newton durante su infancia y juventud? “Es éste un registro de terror psíquico que no se explica sólo por la educación represiva de esos tiempos. Estas notas y ejercicios autoimpuestos son la crónica de la ansiedad, la soledad, la represión de deseos instintivos, la vergüenza, las fantasías de dar muerte a su padrastro, a su madre y así mismo, y el pánico del castigo por todo esto”. Los estudiosos de la vida del genio nos indican que fue un niño que no se relacionaba sin dificultades con otros de su edad, un solitario en Cambridge, un adulto mentalmente perturbado en su edad madura, un autoritario director de la Casa de Moneda y un dictatorial presidente de la Royal Society.

John Maynard Keynes afirma: “Newton padecía de un tipo muy conocido de lo que hoy vulgarmente llamamos neurosis aguda –de acuerdo con los testimonios- en grado extremo. Sus más profundos instintos estaban ocultos y eran esotéricos, semánticos –con un abismal retraimiento del mundo, un paralizador miedo a exponer sus pensamientos, sus creencias y descubrimientos en toda su desnudez a la inspección y a la crítica del mundo”.

La teología fue una de sus preocupaciones, y en su convicciones religiosas también es posible advertir su personalidad: Newton creía en un dios vigilante, un dios dispuesto a castigar nuestros pecados, nuestras faltas. El genio sentía que todas sus acciones eran observadas por el Todopoderoso. A los 19 años hizo una lista en la que confesaba sus pecados, en ésta leemos su temor a no estar amando de forma correcta a Dios. Tratar de comprender los designios divinos fue una de sus preocupaciones.

Newton no dejaba de pensar y trabajar en un problema una vez que éste le interesaba, dejaba de dormir y comer en cuanto un problema se convertía en su obsesión. Vivía en constante tensión emocional, ¿y cuánta ansiedad, inquietud o agitación puede soportar una mente –así sea la de un genio- antes de desmoronarse?


Hay quien ha expresado que 1693 fue el año negro de Newton. En septiembre de aquel año vio afectada su salud mental, acusó a algunos de sus conocidos de inventar cosas en su contra.

A su amigo John Locke le acusaba de implicarlo en ¡chismes con mujeres! Una acusación sorprendente pues Newton nunca dejó de ser virgen (al respecto Voltaire escribió: “...en el curso de una vida tan larga, no tuvo pasión ni debilidad; nunca se acercó a ninguna mujer; es lo que me ha sido confirmado por el médico y el cirujano en cuyos brazos ha muerto...”). Newton, entre otras cosas, le escribía a Locke: “cuando alguien me dijo que estaba usted enfermo y que no sobreviviría, respondí que mejor estaría muerto”.

Newton pudo recuperarse y él mismo reconoció haber perdido su “anterior consistencia mental”, a Locke le explicaba: “El invierno pasado, durmiéndome muy a menudo junto a mis fuegos, cogí la mala costumbre de dormirme en cualquier parte y a destiempo, lo cual, agravándose este verano, ha acabado de desorientarme, de tal modo que cuando os escribí no había dormido ni una hora cada noche desde hacía una quincena y durante cinco noches consecutivas ni un parpadeo. Recuerdo haberos escrito, pero no recuerdo lo que dije de vuestro libro. Por favor, enviadme una transcripción de ese párrafo a fin de que pueda daros una explicación sobre el mismo, si puedo.”

Locke aceptaba sus aclaraciones: “He sido desde que le conocí, tan devota y sinceramente su amigo, y he creído esta amistad tan recíproca, que no hubiera creído lo que usted me dijo si hubiera venido de otra persona. Sin embargo, aunque no puedo dejar de sentirme extraordinariamente turbado por el hecho de que haya tenido tan equivocados e injustos pensamientos sobre mí, tras ver reparada la buena voluntad que siempre le he demostrado recibo su arrepentimiento como el mejor regalo que podía hacerme, ya que me da esperanzas de no haber perdido un amigo a quien tanto he valorado.”

Antes de pasar a las especulaciones que se han hecho para intentar explicar esta etapa de la vida de Newton, veamos lo que sucedía en su vida unos meses antes.

Para poder hacer un mejor juicio acerca de las siguientes líneas es necesario tener en mente que Newton era un solitario, una persona de difícil trato y que no tenía muchos amigos.

Isaac Newton recibió una carta fechada el 17 de noviembre de 1692:

Sir, no tengo esperanzas de volver a verle. A mi regreso a Cambridge contraje un grave catarro que ha afectado mis pulmones. Ayer tuve un repentino dolor, probablemente causado sobre el diafragma por la rotura de una úlcera, o una vómica, en la parte más baja del lóbulo izquierdo de mis pulmones (...) Doy gracias a Dios de que mi alma se encuentra muy tranquila, lo cual se debe principalmente a usted (...) Si tuviera menos fiebre, Sir, le diría muchas cosas. Si debo abandonar esta vida, desearía que mi hermano mayor, un hombre de extraordinaria integridad, me sucediera en su amistad.

Newton se sintió afectado al leer lo anterior, tanto que para contestar contrata los servicios de un correo especial. En su carta urgía a su amigo a que buscara ayuda médica “antes de que sea demasiado tarde. Si necesita dinero, yo se lo proporcionaré. Confío plenamente en la descripción que me hace de las cualidades de su hermano y si mi amistad puede serle de alguna ayuda, se la ofreceré gustoso (...) Rezo por su recuperación.”

Richard S. Westfall afirma que el amigo de Newton había dramatizado un resfriado, y que ya se estaba recuperando cuando recibió la respuesta de Newton. Pero como la enfermedad persistía Newton le escribe:

Temo que el aire de Londres sea perjudicial para su enfermedad y, por ello, desearía que se trasladara aquí tan pronto como el tiempo le permita emprender un viaje. Creo que este clima le convendrá mejor. Mr Turretin me dice que está usted considerando la posibilidad de regresar a su país este año. Cualesquiera que sean sus intenciones, no veo como podría usted incorporarse de la cama sin salud. Deseo que venga usted aquí, con el fin de que mejore y ahorre gastos hasta su total recuperación. Cuando se encuentre bien, podrá decidir mejor si regresar a su casa o permanecer aquí.

Newton recibe la siguiente respuesta: “Iría allí si ése es su deseo y no sólo por motivos relacionados con mi salud o mis gastos; pero le agradecería que fuera más claro en su próxima carta”.

Newton le ofreció ayuda financiera, entre otras cosas le comenta: “la habitación contigua a la mía está libre; pero en lo que estaba pensando es en que, puesto que vuestras esperanzas de riqueza tal vez no alcancen para cumplir con vuestro designio de subsistencia en Londres, podemos arreglar las cosas de modo que vuestra subsistencia aquí os resulte más fácil”.

Su amigo le escribió en abril de 1693: “Sir, desearía vivir toda mi vida, o la mayor parte de ésta, en su compañía, si fuera posible, siempre y cuando esto no sea gravoso para usted, o una carga para su hacienda o su familia”.

En cartas posteriores le escribía a Newton que había hecho un nuevo amigo, amigo que le había ayudado a recuperar la salud al darle un medicamento o elíxir.

La última carta es del 18 de mayo, Newton se enteraba que la herencia de su amigo era realmente pequeña (su madre había fallecido hacía poco), y que su nuevo amigo le invitaba a comercializar el dichoso medicamento (que supuestamente curaba nueve de cada diez enfermedades). Pero para poder participar en el negocio debía obtener su título de médico y para ello necesitaría ayuda económica, algo que le insinuó a Newton.

Newton se preocupa tanto por el nuevo amiguito de su amigo (¿celos?) como de sus finanzas y entonces decide visitarlo.

No se sabe lo que ocurrió en las dos visitas (mayo y junio) que Newton le realizó a su amigo, lo que sí se sabe es que terminaron su relación.

Una “muy particular relación”, según Leibnitz.

¿Quién era el amigo de Newton? Nicolas Fatio de Duillier, quien -según Westfall- era un brillante matemático suizo".

Es posible que Newton y Fatio se conocieran en una reunión del 12 de junio de 1689 de la Royal Society (al poco tiempo nombraron a Fatio -que entonces tenía 25 años- parte de la institución), a decir del mismo Westfall: “la atracción entre ambos fue inmediata” (Westfall no se refiere –al menos no explícitamente- a atracción erótica). En esta reunión Huygens habló acerca de la luz y la gravedad.

Newton consideraba errónea la idea de los vórtices cartesianos para explicar los movimientos de los planetas. En sus Principia dedica la segunda parte a la refutación de este sistema (para ello se ocupa del movimiento de los cuerpos en medios resistentes y de construir una dinámica de fluidos). Fatio dejó de ser un cartesiano (afirmaba que tal sistema era una idea vacía) y se convirtió al newtonismo. Huygens había escrito su Tratado de la luz. Newton estaba interesado en ese libro, Fatio le comentó que “Estando escrito en francés, quizá prefiera usted leerlo aquí, conmigo” (“Dichoso Newton” comentó a esto Huygens). Todo nos hace pensar –escribe Westfall- que Newton pasó aquel mes (marzo de 1690) en Londres con Fatio, quizá leyendo el Tratado de Huygens.

Fatio se convirtió en un intermediario entre Newton y Huygens. Decíamos que Newton no sólo trabajó arduamente en filosofía natural y matemáticas; dedicó un esfuerzo igual a la alquimia y la teología. Fatio y Newton comenzaron a compartir intereses.

Newton, al ser un antitrinitario, difícilmente podía expresar abiertamente sus ideas teológicas (de hecho estas ideas parecen haberlo hecho aún más retraído), pero es seguro que las comentara con Fatio.Fatio presumía de entender perfectamente los Principia (el mismo Newton sabía que pocos podrían entender su obra), también afirmaba tener una explicación para la gravedad, Newton sonrió ante esa explicación, con cualquier otro no hubiera reaccionado así (la implacable ferocidad con la que discutía queda de manifiesto en las controversias que tuvo con Hooke, Leibnitz, y Flamsteed).

¿Quién es el padre del cálculo diferencial e integral: Isaac Newton o Wilhelm Gottfried Leibnitz?

Los historiadores nos permiten afirmar que Newton fue el primero en desarrollarlo (1665-1666), y Leibnitz (creándolo de forma completamente independiente) el primero en publicar al respecto (1684). Esos mismos historiadores también nos muestran la lamentable pelea entre ambos matemáticos (la controversia se prolongó hasta varios años después de la muerte de Leibnitz).

En 1691 Fatio dio su opinión al respecto (opinión que ya podemos adivinar):

“Creo poder asegurar –por todo lo que he visto hasta ahora, entre lo cual incluyo documentos escritos hace muchos años- que Mr. Newton es sin lugar a dudas el primer autor del cálculo diferencial, y que lo conocía tan bien o mejor que Mr. Leibniz, es más, que lo conocía antes de que este último tuviera la menor idea del mismo, una idea que parece se le ocurrió cuando Mr. Newton le escribió sobre el tema.”

Posteriormente escribió que el cálculo desarrollado por Leibnitz era una “mala copia llena de imperfecciones” del desarrollado por Newton.

¿Qué sucedió con Fatio una vez que terminó su relación con Newton? Westfall escribe: “La ruptura tuvo efectos devastadores para ambos. Newton consiguió superar su crisis, pero Fatio desapareció completamente de la escena filosófica. Durante cierto número de años, dio vueltas en torno a los círculos intelectuales sin realmente pertenecer a ellos. En 1699, reapareció brevemente en la escena con un tratado matemático, el cual –con una referencia a Leibniz, probablemente encaminada a recuperar el favor de Newton- avivaba las débiles llamas de la disputa sobre la prioridad del cálculo. A principios del siglo XVIII pasó a formar parte de los fanáticos profetas camicards de Francia, y desapareció por completo de la comunidad de filósofos naturales, entre los que su estrella parecía destinada a brillar. Más allá del papel que desempeñó en reavivar la polémica del cálculo, no volvió a tener parte en la vida de Newton”.

El tratado de Fatio se titulaba Una investigación geométrica dual sobre la línea de máxima pendiente.

En resumen: Newton y Fatio se conocen en junio de 1689, su amistad prospera, la relación termina en junio de 1693 y para septiembre de ese año la salud mental de Newton se ve afectada.

¿Qué trastornó a Newton? A los historiadores no les queda más que especular. Las propuestas son: la desesperación que le produjo el hecho de perder, durante un incendio, documentos importantes; exceso de trabajo; la ruptura con Fatio; su frustración al no avanzar en sus investigaciones alquímicas; envenenamiento por sus experimentos alquímicos.

En cuanto al posible envenenamiento por practicar la alquimia experimental se puede afirmar que los análisis espectroscópicos hechos al cabello de Newton han mostrado que contiene altas concentraciones de plomo y mercurio.

Dos de las especulaciones que se hacen acerca del rompimiento con Fatio son:

*Fatio era homosexual y malinterpretó la amistad de Newton, cuando éste último se percató de los verdaderos sentimientos de Fatio, decidió poner fin a su relación.
*Fatio y Newton eran homosexuales; rompieron porque a Newton le perturbaba su homosexualidad, para entender esto debemos recordar tanto su personalidad como la idea que tenía de Dios (como mencionábamos al principio, Newton creía en un Dios vigilante y dispuesto a castigar nuestros pecados o faltas).

Referencias

Westfall Richard. Isaac Newton: Una vida. Cambridge. Madrid. 2000.
Varios Autores. Newton. Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología. México. 1982.
Marquina José. JEOVA SANCTUS UNUS, Teólogo y alquimista. Departamento de Física. Facultad de Ciencias. UNAM.

Saturday, July 01, 2006

¿NATURALEZA HUMANA?


El día de hoy, en el suplemento cultural de El Universal, aparece una entrevista al biólogo Paul R. Ehrlich.

Ehrlich -leemos en el diario- es presidente del Centro de la Conservación Biológica en la Universidad de Stanford y especialista en biología evolutiva.

Kathya Millares platica con el científico acerca de su libro Naturalezas humanas. Genes, culturas y la perspectiva humana (FCE, 2006), "en este libro responde a interrogantes como: ¿Existe una naturaleza humana o varias naturalezas humanas?, ¿El hombre es violento por naturaleza?, ¿Qué comportamientos son determinados por los genes?, ¿Por qué el hombre no puede conciliar los avances tecnológicos con el cuidado del ambiente?"

Ehrlich afirma en la entrevista:

"Menciono que hay diferentes tipos de naturalezas en los seres humanos porque hay varias culturas. La cultura es el primer factor que transforma nuestro comportamiento (...) Hay cuatro razones por las cuales es posible concluir que los genes no determinan la conducta de los seres humanos. Primero, hay muchos experimentos que han demostrado que la cultura determina el idioma y el comportamiento. Segundo, hay muchos casos de gemelos idénticos que tienen los mismos genes, pero el comportamiento es muy diferente, las personalidades son diferentes. Tercero, en nuestros genes existe la instrucción de tener muchos hijos, pero en la actualidad hay quienes tienen más hijos que otros. No todos obedecen esta instrucción. Cuarto, la cultura es un factor dominante en la forma de actuar. En nuestro cerebro hay un billón de neuronas y las conexiones entre éstas guían nuestro comportamiento; es decir, no tenemos bastantes genes como para programar de qué manera debemos comportarnos. Si la genética fijara inamoviblemente el comportamiento, ¿cuál es la razón de tener un cerebro tan complejo y tan desarrollado? (...) Somos flexibles por naturaleza, es posible ser violento, pacífico, amable, no es necesario tener un gen específico para estos comportamientos. Es obvio que las personas cambian su comportamiento, el cual está establecido en mayor parte por el grupo de personas con quienes uno interactúa."